Las últimas cuatro décadas han servido para que Las Palmas de Gran Canaria se consolide como una capital moderna, integradora y abierta al mundo, que apuesta por un modelo de crecimiento que tiene en cuenta a todas las personas que viven en una ciudad que hoy es sinónimo de luz, de futuro, en contraste con aquel blanco y negro que aún predominaba en 1978 y que luchábamos por desterrar definitivamente.

Eso ha sido en gran medida gracias a una democracia que se asentó en España precisamente el mismo año en que nacía Editorial Prensa Ibérica, con la Constitución Española de 1978, un texto que sobre todo garantizó unos derechos fundamentales y libertades públicas, entre ellos el derecho a la información, que han permitido que el desarrollo de este país y también de nuestra ciudad se cimente sobre una sólida base que ha permitido cambios muy positivos que han mejorado espectacularmente nuestra vida.

La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria es otra muy distinta de la que nos encontrábamos a finales de los años setenta. Entonces, la vida laboral, educativa y administrativa, e incluso el ocio, se concentraba casi exclusivamente en la Ciudad Baja. Los barrios de Ciudad Alta y otras zonas alejadas del centro eran simples barrios dormitorio, muchos de ellos construidos de forma desordenada y apresurada para acomodar a los miles de ciudadanos que venían a trabajar a la ciudad desde otros municipios. Esa situación provocaba graves problemas urbanísticos, y la aparición de fenómenos como el chabolismo.

“Las Palmas de Gran Canaria es otra muy distinta de la que nos encontrábamos a finales de los años setenta. Hemos dado pasos agigantados en la modernización de las infraestructuras básicas, hemos logrado un tejido urbano mucho más coherente y vuelve el turismo a la capital”

En estos 40 años, la ciudad ha dado pasos agigantados en la modernización de sus infraestructuras básicas. Se finalizó y hoy no podemos concebir la ciudad sin ella, la Avenida Marítima con sus tramos VII y VIII; afrontamos la ampliación del Puerto de la Luz y de Las Palmas, uno de los grandes motores económicos de la ciudad y un referente hoy en día en todo el Atlántico Medio. Se construyó la circunvalación, así como nuevos hospitales. Se ha ganado también en infraestructuras urbanas y servicios que antes eran escasos, como parques, zonas ajardinadas, zonas peatonales, canchas o parques deportivos. Los déficits por el suministro de agua, que también era un problema a finales de los 70 en muchos barrios de la ciudad, ahora son sólo un recuerdo en blanco y negro.

En las últimas cuatro décadas, esta ciudad ha logrado consolidar un tejido urbano mucho más coherente. Se ha erradicado el chabolismo del municipio y se están dando pasos decididos en la restauración de los barrios en los que las personas vivían en muchos casos hacinadas en pequeñas viviendas, como es el caso de El Polvorín, Tamaraceite, Las Rehoyas y Escaleritas.

Y desde luego el turismo, que a finales de los años 70 comenzaba a menguar en la capital por irse al Sur, se ha vuelto a recuperar con la entrada del nuevo siglo, con una cara bien distinta al turismo de sol y playa de entonces, ya que hemos apostado decididamente por un modelo distinto, en el que los cruceros, el turismo de negocios y urbano, el deportivo están generando un importante nivel de negocio, que contribuye al crecimiento económico y el empleo en nuestra ciudad.