Sin perder un ápice de orgullo y el carácter amable de su condición rural que durante siglos le ha valido la consideración como capital del campo de Gran Canaria por su gran aportación a la agricultura y a la ganadería de la isla. Así ha evolucionado la Villa de Moya en las últimas cuatro décadas y esos siguen siendo los pilares del futuro del municipio norteño, asentados en el respeto a una naturaleza especialmente valiosa y el desarrollo sostenible. Si bien la despoblación de las zonas de medianías y altos de Moya debido a la evolución de la economía isleña y el consiguiente éxodo a las ciudades y núcleos turísticos en busca de empleo en el sector servicios, sobre todo de jóvenes, supone uno de los retos más importantes a los que se ha enfrentado la Villa en este tiempo, el Ayuntamiento moyense viene trabajando y dinamizando el municipio para menguar esos efectos adversos. Y tras largos periodos de huida, los jóvenes moyenses están volviendo a creer en las posibilidades de la Villa de Moya, creando cerca del 90% de las nuevas empresas que están revitalizando la economía local. En sectores diversos que van desde comercios textiles, de hostelería o de alimentación, que conviven con la mítica tienda de aceite y vinagre Casa Juana, hasta modernos alojamientos turísticos en casas rurales; pero con la condición común de aprovechar las bondades naturales, paisajísticas y la fertilidad única de las tierras moyenses, donde los productos no sólo son de proximidad sino también de una calidad y sabor extraordinario. Muestra de ello es el gran momento de reconocimiento y prestigio que viven los quesos de Moya, tanto a nivel nacional como internacional, asentándose en el mercado sin renunciar a una producción completamente artesanal que se ha ido transmitiendo de generación en generación.

En estos cuarenta años la Villa de Moya también se ha mantenido como la fuente de inspiración artística que fue para el ilustre poeta Tomás Morales, cuya casa en el casco fue convertida en museo en 1976; y sigue siendo cuna de muchos artistas de diferentes disciplinas, como la música o la pintura, quienes han visto en la construcción de la Casa de la Cultura o la fundación de las Escuelas Artísticas Municipales y el Centro de Arte e Interpretación del Paisaje, espacios idóneos para la formación y la exposición. En este ámbito de la formación y la educación, cuatro décadas ha cumplido recientemente el colegio Agustín Hernández Díaz, referente para infinidad de adultos, niños y niñas del municipio,

En el plano urbanístico, Moya también ha experimentado una transformación más que notable dentro de la gran dispersión de los núcleos de población que forman el término municipal. Se han creado nuevos espacios de ocio al aire libre; parques como el de Pico Lomito; instalaciones deportivas como canchas o el Polideportivo Municipal; centros educativos; poco a poco se han ido conectando y mejorando las comunicaciones de los barrios con corredores peatonales que seguirán aumentando en los próximos años; el Ayuntamiento sigue ampliando la red de saneamiento para cubrir todas las viviendas y dotarlas de infraestructuras modernas conectadas a las diferentes depuradoras de aguas residuales que también se han construido; y se han creado entornos amables para la habitabilidad, convivencia y el disfrute de los vecinos.

Uno de los proyectos más visibles ha sido el ejecutado en El Roque, en la costa, gracias a la declaración como Área de Regeneración y Renovación Urbana (ARRU) que ha permitido la renovación de la imagen de este enclave de gran interés turístico y que antaño fueron viviendas destinadas a los trabajadores de las inmensas plantaciones de plataneras que cubrían toda la franja costera moyense. Además de su peculiaridad en cuanto a autoconstrucción, constituye una referencia en el tratamiento del paisaje.