Hacer una radiografía de los últimos 40 años de Canarias es analizar una realidad en continuo cambio, analizar una sociedad que se ha transformado en todos los ámbitos, que se ha hecho a sí misma a pesar de la ultraperificidad, las dificultades de un territorio discontinuo y el yugo de los dos mil kilómetros que separan a las Islas del Continente.

Pero también es analizar una sociedad que no ha parado, que ha sabido ver en sus debilidades fortalezas, que se ha superado. Ya no somos la Canarias de 1978, pero no cabe duda de que este fue un año decisivo en la Canarias que somos hoy.

Fue el año en el que comenzó a respirarse libertad, a palparse una democracia que ya dejaba la timidez y daba paso a los mimbres de la Carta Magna, pero también fue el año de la constitución del régimen preautonómico y de la primera Junta de Canarias presidida por Alfonso Soriano Benítez de Lugo y constituida por parlamentarios, representantes de los siete cabildos y de las corporaciones locales. Fue el nacimiento de la tierra que conocemos hoy. La que sentó las bases para dirigirnos a un territorio de ocho islas iguales.

“Hemos dado pasos de gigantes ajustando la velocidad para que todas la islas y los dos millones cien mil canarios tengan acceso a la misma Sanidad, Educación y Políticas Sociales, aunque queda mucho por hacer”

Aquel 1978 comenzó a cocerse el Estatuto de Autonomía que se aprobó en las Cortes Generales durante el mandato de Leopoldo Calvo Sotelo en 1982, actualizado en 1996, y que, confío, esté a días de formar parte de la historia de Canarias y dé el paso definitivo con su aprobación en el Congreso de los Diputados a un Estatuto de Autonomía que responda a la Canarias de hoy, 36 años después.

Una tierra con mayor capacidad de autogobierno, que protege nuestros fueros, nuestro Régimen Económico y Fiscal (REF), logrando por primera vez desvincularlo del sistema de financiación autonómica. Un Estatuto de Autonomía que blindará la diferencia de los canarios y canarias para hacernos iguales al resto de los ciudadanos del Estado.

Quizás no son suficientes las palabras si no se acompañan de imágenes que describan lo que fuimos y lo que somos. Esta tierra ha sufrido muchos cambios en los últimos 40 años. Ha vivido una conversión social y económica sin precedentes y, probablemente, como en ningún otro territorio.

Canarias ha sabido permanecer al margen de disputas ideológicas que podrían haber puesto en riesgo su sistema de protección social. Un sistema del bienestar que afronta un reto extraordinario, y no solo aquí, también en Europa: garantizar su sostenibilidad para todos hoy y en el futuro. Este empeño en su preservación ha marcado y define la aspiración de una sociedad que no está dispuesta a renunciar a que todos disfrutemos de iguales derechos.

En el camino, ha habido aciertos y errores porque crecer implica atinar y equivocarse y porque comenzar una senda sin que reconocieran nuestras singularidades, nuestras diferencias, ha provocado que el desarrollo, el bienestar, el progreso llegara, quizás, no llegara siempre a la velocidad que aspirábamos.

La Canarias de los años de la Dictadura y del inicio de la era democrática proyectaba en el sector turístico, como ocurrió en otros puntos de España, la salida a una economía basada en el sector primario, convirtiéndose en motor del cambio y testigo de la transformación social. Fue un aliado fácil para el desarrollo de nuestra tierra y le debemos los mimbres de lo que es Canarias hoy. Sería injusto decir lo contrario.

Hoy podemos decir que Canarias mira al turismo pero también a otros sectores ligados a la industria, a la tecnología, a la I+D, a las energías limpias. Somos una sociedad más preparada, mejor comunicada, con capacidades reconocidas dentro y fuera de las islas, no solo con mejores infraestructuras sino con más oportunidades. Entre todos hemos construido una tierra más próspera que, también ha padecido momentos duros, el más reciente, con los efectos de la crisis económica mundial que se inició en 2007.

Canarias siempre ha vivido antes los cambios, las crisis, pero también ha salido fortalecida, demostrando que ni la lejanía ni la fragmentación de nuestro territorio son suficientes para quedarnos atrás.

Hoy somos una tierra que mira a Europa, que lidera una nueva era y nuevos tiempos en el marco de las Regiones Ultraperiféricas, que mira cara a cara a sus Estados miembros y a la Unión Europea no para pedir, sino para despertar conciencias sobre las oportunidades que suponen estos nueve territorios alejados del continente. Somos eso: una oportunidad por nuestra situación geoestratégica, que nos sitúa como un espacio único bajo el paraguas de nuestra seguridad jurídica, nuestra conectividad con el mundo, nuestras infraestructuras aeroportuarias y por nuestra condición de punto de encuentro de Europa, África y América. Pero a todas esas ventajas que nos definen hay que añadir nuestras condiciones climatológicas; que disponemos de la menor fiscalidad de toda Europa, de mano de obra cada vez mejor cualificada, porque tenemos talento y porque hoy cualquier isla y no solo las capitalinas, como hace cuatro décadas, es idónea para acoger, por ejemplo, una superproducción cinematográfica, para rodar el nombre de Canarias fuera de nuestras fronteras, y para generar empleo, riqueza y economía en nuestra tierra.

Junto a esa estrategia de internacionalización de la economía canaria hemos puesto en marcha herramientas que nos están permitiendo construir aquí esa Canarias de una sola velocidad: el Fondo de Desarrollo de Canarias, una oportunidad única donde por primera vez el Gobierno de Canarias, los siete cabildos insulares y los 88 municipios trabajamos juntos con un solo propósito: generar oportunidades para los canarios y las canarias. Pero también están otras medidas que confluyen en ese mismo objetivo: la Ley de Islas Verdes, un impulso para el desarrollo socio económico de La Palma, El Hierro y la Gomera o la Ley del Suelo. Iniciativas que han ido de la mano de logros como la Agenda Canaria suscrita con el Gobierno de España o el incremento del descuento de residentes al 75% en los desplazamientos, primero en los trayectos insulares y después en los de Canarias con Península, que reconoce no nuestra condición singular sino un derecho básico como es el de la movilidad. Son logros que hemos conseguido entre todos y lo hemos hecho tendiendo puentes donde antes no había, con mucho diálogo, porque cuando la única obediencia es la ciudadanía somos capaces de dejar a un lado las diferencias.

A pesar de que somos una sociedad más compleja que el resto hemos sido capaces de conservar un poderoso vínculo con nuestra tierra que anima el esfuerzo sin precedente de los últimos años por incrementar nuestra capacidad de generación de energía limpia haciendo del sol y el viento la identidad de una nueva generación, la de los canarios que supieron preservar sus valores sin renunciar al progreso.

Hemos dado pasos de gigante en estos 40 años como sociedad, ajustando la velocidad para que todas las islas y los dos millones cien mil canarios que viven en nuestra tierra tengan acceso a la misma Sanidad, a la misma Educación, a las Políticas Sociales, aunque aún queda mucho por hacer.

Esa idea de la cohesión que, estoy convencido, ha sido compartida por mis antecesores en la presidencia del Gobierno de esta Comunidad Autónoma es el objetivo del que no debemos desviarnos. Un objetivo en el que todos hemos cumplido y somos parte importante: administraciones públicas, agentes sociales, económicos y también medios de comunicación que, como La Provincia y su grupo, Editorial Prensa Ibérica, han sido testigos y protagonistas en estos 40 años de transformación.

Esta y no otra es clave para avanzar como pueblo, para construir la Canarias que dejaremos a nuestros hijos y que ellos heredarán a los suyos.