Los cuarenta años que cumple el Grupo Prensa Ibérica forman un apasionante periodo que nos ha permitido asistir a profundas transformaciones sociales. Cambios de hábitos de vida y tecnológicos que nos han traído, atravesando de un siglo a otro, hasta un mundo totalmente diferente del que conocimos en 1978. Y aunque no todo es mejor, si es verdad que casi todo es más justo.

Los años en que nació este gran grupo de prensa regional fueron los de la transición a la democracia. Un milagro que floreció por las calles y plazas de una España que perdía la mordaza y abría los ojos a una nueva libertad de pensamiento. Todo el país abrazó con entusiasmo la causa de la reconciliación nacional después de cuarenta años de una atroz dictadura, especialmente dura, cruel y represora incluso en sus periodos más ‘blandos’.

Los políticos de aquella generación fueron capaces de establecer los pilares de un nuevo estado democrático en el texto de una Constitución que nació precisamente ese mismo año 78. Y en el caso de Canarias, los pasos de la autonomía, difíciles en un Archipiélago como el nuestro, se establecieron sobre las bases de un equilibrio de poderes que, por primera vez en la historia primaba la representación de las olvidadas islas menores. Un equilibrio que trajo una constructiva coexistencia y una solidaridad que permitió a los menos favorecidos salir del subdesarrollo y atraso secular en el que vivían las cinco islas mal llamadas ‘menores’. A pesar de ese éxito, que se prolongó durante cuatro décadas, ese sistema de equilibrios a favor de los más débiles ha sido demolido.

En esos 40 años el mayor de los cambios es sin duda el de la comunicación que ha transformado el planeta en un sistema interconectado. La prensa ha tenido que reinventarse -en ello está- para sobrevivir al mundo digital y a la revolución de las redes sociales y de internet. La vida de los canarios -y de todos los españoles- también se ha transformado. Aquella región, en cierta forma aislada y pobre, se ha convertido en una comunidad plenamente integrada en un mundo global. Las secuelas de la pobreza no son fáciles de superar. Aún quedan en nuestra tierra graves amenazas de pobreza y exclusión. Y quedan islas que aún no han terminado de definir un modelo viable y sostenible de desarrollo. Pero hay un enorme abismo entre aquella Canarias que arrastraba aún las secuelas del analfabetismo y el subdesarrollo y ésta que disfrutamos hoy.

A pesar de los nubarrones políticos, que siempre amenazan con tormentas apocalípticas, espero que los canarios y los españoles vivamos otros cuarenta años de convivencia solidaria y de progreso para todos. Y que sigamos contando con una prensa libre y crítica, que es el mejor patrimonio de una democracia.