La distancia nos permite analizar el paisaje en su conjunto, aunque nos aleja de la emoción de los detalles. Desde esta época del nuevo siglo, los años de la transición política española parecen enormemente lejanos. Los estudios que se realizan hoy plantean errores que se cometieron en aquel tiempo en el que moría una larga y oscura etapa ante el nacimiento de una joven y amenazada democracia. Por supuesto, ninguna obra es perfecta, pero es indudable que España abrió las ventanas para dejar entrar un vendaval de emociones y de libertad que nunca habíamos sentido.

Todo se inició hace cuarenta años, los mismos que cumple la Editorial Prensa Canaria. No es una coincidencia. La historia de la prensa que nació entonces es paralela a la consolidación de las libertades. Los medios informativos han sido protagonistas imprescindibles en ese proceso. No hay una democracia sólida sin una prensa libre, abierta y crítica.

El ejercicio de los derechos democráticos se ha convertido hoy en algo cotidiano para los ciudadanos, como debe ser. Pero para quienes vivimos aquellos años sombríos, es imposible olvidar los sacrificios y las luchas de entonces. Hubo un tiempo de miedos, de represión, de postergación de la mujer. Un tiempo de persecución hacia quienes pensaban y sentían diferente. Un tiempo de silencios para la discrepancia. Y todo eso fue superado con dignidad y perseverancia con la influencia de los medios de comunicación, que jugaron un papel fundamental en la consolidación de la democracia.

“Si comparamos la libertad y el desarrollo de hoy con los de aquellos años, nos daremos cuenta de que el esfuerzo ha valido la pena”

Soy consciente de las cosas que aún debemos resolver. Como Diputado del Común, conozco situaciones trágicas de personas que carecen de vivienda, que luchan por encontrar un trabajo para mantener una vida digna, que se debaten en esa zona de pobreza y exclusión presente aún en nuestra sociedad. Pero si comparamos la libertad y el desarrollo de hoy con los de aquellos años, nos daremos cuenta de que el esfuerzo ha merecido la pena. Cuarenta años de derechos y democracia han sido también de crecimiento y justicia social. Hoy somos más libres y también disfrutamos de una vida con mejores servicios públicos.

Esos logros deben animarnos a no desfallecer. Construir un mundo mejor lleva tiempo y esfuerzo, pero es posible. En cuatro décadas hemos creado un sistema de asistencia social para los más desfavorecidos, unos servicios de salud públicos universales y gratuitos, y una educación que ha formado a nuevos y mejores ciudadanos. Seguimos luchando contra la desigualdad y la injusticia social, porque hay luchas que nunca se acaban. Pero avanzamos. Vivimos en una sociedad abierta con una prensa libre, donde las opiniones florecen y las ideas se difunden, que es el único abono en el que puede crecer el árbol de la libertad. Han sido cuarenta años para la esperanza.