Alo largo de los últimos 40 años se han producido profundos cambios en el mundo educativo. No es de extrañar teniendo en cuenta cómo ha evolucionado todo. Puestos a destacar luces y sombras, me voy a centrar en tres aspectos. En primer lugar, en el ámbito del profesorado, curiosamente, hace 40 años, concretamente el 20 de septiembre, se creaba oficialmente la Sociedad Canaria Isaac Newton de Profesores de Matemáticas (la Newton en lo que sigue). Era la primera que se creaba en España con estas características y una señal más de que algo estaba en ebullición en aquellos momentos (¡y de qué manera!) en el mundo educativo. La democracia recién estrenada nos llenaba de esperanzas. Aparecieron también activos grupos de renovación pedagógica, escuelas de verano y otras fórmulas no gubernamentales que aspiraban a mejorar la enseñanza y el aprendizaje. Lo interesante de estas iniciativas es que algunas, como la Newton, han perdurado y propagado sus objetivos hasta el punto de haberse creado una Federación Nacional de Sociedades que realiza una meritoria labor en ese campo. Pero más aun, en 2003, en Puerto de la Cruz (Tenerife) se creó una Federación Iberoamericana (FISEM) que coordina e informa a unos 70 000 docentes a través de la revista electrónica UNION (que se creó también en Canarias) y de diversos congresos. Por tanto, en cuanto al profesorado “de a pie”, a pesar de las inclemencias educativas, estos años han sido muy positivos.

En segundo lugar, la descentralización del área educativa a las Comunidades produjo importantes avances en cuanto a agilidad administrativa y en la resolución de problemas, especialmente los ligados a las infraestructuras. Los gobiernos autónomos han procurado y creo que conseguido, que aquella torpe y lenta administración centralizada se haya transformado en otra más ágil y cercana a la sociedad a la que sirve. Los servicios han mejorado, sin duda, pero no se ha conseguido acordar un Pacto por la Educación que sea creíble. Lo más cercano en Canarias es la Ley 6/2014 Canaria de Educación no universitaria aprobada por todos los partidos menos uno y que va a poner a prueba la credibilidad del Parlamento y de los partidos políticos cuando, por ejemplo, en el año 2022 se tengan que consignar en los presupuestos el 5% de PIB pues así lo especifica el artículo 72 de la citada ley en el que se puede leer: … A estos efectos, el presupuesto educativo deberá situarse progresivamente, dentro de los ocho años siguientes a la entrada en vigor de la presente ley, como mínimo en el 5% del PIB. Sabremos entonces, por un lado, si la ley se cumple y, por otro, si ese conato de Pacto lo es o no.

Pero las Comunidades no tienen todas las competencias en materia educativa. Las leyes orgánicas que desarrollan la Constitución corresponde elaborarlas y aprobarlas al Parlamento de la nación. El camino seguido para hacerlo ha sido bastante tortuoso. Tras la aprobación de la Constitución, los primero síntomas de que, por fin, el gobierno de la nación afrontaba la tarea de adaptar las leyes educativas a los nuevos tiempos, no llegaron hasta 1983 cuando se aprobó la ley que venía a crear, entre otras cosas, los órganos de participación de la sociedad en el proceso educativo. Se trata de la LODE. El rechazo tan desmedido que se le dio a esta ley por una parte de la sociedad ya nos puso sobre la pista de que iba a ser muy complicado llegar a un Pacto de Estado por la Educación. Y así, desgraciadamente, ha sido. Los bandazos dados a través de las sucesivas leyes que, además, coinciden con las alternancias en el poder, lo han dejado claro. Los partidos (que son los que necesariamente tienen que llegar a ese Pacto), creo que no han estado a la altura que, al menos en este tema, se espera de ellos. Los informes internacionales que llegan con cierta frecuencia, ponen de manifiesto que algo no va bien. Pues bien, en lugar de sentarse a pensar en cómo superar esa situación, toda la fuerza se va en reprochar al adversario. El ministro Gabilondo hizo un intento serio para tratar de llegar a ese Pacto y ya sabemos cómo terminó: una frustración más.

Esperemos que ese anhelado Pacto llegue alguna vez y, aunque no será la solución definitiva a todos los problemas, seguro que conducirá a la superación de muchos.