Santa Lucía de Tirajana se constituyó como municipio en 1815. Sus más de dos siglos de historia están llenos de años de avances, de dramas, de éxitos colectivos y de conflictos sociales, como ha ocurrido en el resto de Canarias. Pero sin duda los últimos 40 años han supuesto la mayor transformación social, económica y política que ha vivido nuestra ciudad en estos doscientos años.

En las primeras elecciones democráticas en abril de 1979 la victoria de la candidatura liderada por Carmelo Ramírez rompía el paisaje político de los municipios canarios que se repartían la Unión de Centro Democrática y, con menor presencia, el PSOE. Una fuerza política, que nacía del movimiento vecinal y los colectivos sociales, asumía la responsabilidad de gestionar el Ayuntamiento.

Los retos eran muy grandes: había que transformar una institución, que venía de una dictadura, que consideraba súbditos a la ciudadanía, en una herramienta democrática al servicio de las demandas sociales: calles , aceras, viviendas, alcantarillado, escuelas, centros de salud, instalaciones deportivas…

“Nuestros principios se han materializado en proyectos para la defensa de la igualdad de género, la participación activa de las mujeres y la solidaridad”

Muchas veces me preguntan cómo hemos logrado convertir a Santa Lucía en un referente en servicios públicos y sociales, teniendo en cuenta que hace apenas medio siglo formábamos parte del llamado triángulo de la miseria. Siempre respondo que los grandes retos colectivos son más fáciles de lograr cuando hay un proyecto común y un grupo humano que tiene claro la defensa de lo público y del interés general, frente a intereses privados. Y eso es lo que tenemos en nuestra ciudad, un proyecto colectivo que ha ido evolucionando respondiendo a las demandas de nuestra gente.

En abril de 1982 constituimos el primer Consejo Ciudadano de todo el Estado donde las organizaciones vecinales y sociales pueden conocer y debatir los presupuestos municipales y otros asuntos de interés de nuestra ciudad. También promovimos las asambleas de barrios (este año volvimos a celebrar 16 asambleas en nuestros barrios y pueblos). Cuando se gobierna escuchando a la gente el presupuesto público se destina a las necesidades de la gente: educación, salud, deportes, agua, alumbrado, mantenimiento… Cuando creemos en nuestros derechos, y consideramos que se están ninguneando desde instituciones superiores, entonces nos hemos movilizado junto a nuestra gente, vecinos y vecinas, y lo hemos hecho por el agua, por la construcción de centros educativos, por el centro de salud, por los derechos de nuestros aparceros y aparceras…

Y afortunadamente esta defensa de lo público y del interés general no se quedó dentro de los límites de Santa Lucía, junto a Agüimes e Ingenio constituimos la Mancomunidad del Sureste, y afrontamos de forma conjunta la gestión de los residuos, la desalación del agua y el compromiso con el desarrollo sostenible. Paradójicamente este compromiso ha sido reconocido a nivel internacional mientras que desde Canarias y el Estado se ha intentado bloquear con leyes y proyectos contrarios al desarrollo sostenible.

Nuestros principios se han materializado en proyectos por la defensa de la igualdad de género, la participación activa de las mujeres, la lucha contra la pobreza, la defensa de la justicia, la solidaridad local y la cooperación internacional. Con nuestro desarrollo social, económico y cultural contribuimos al crecimiento económico y social de Gran Canaria y de nuestro archipiélago.

La historia de Santa Lucía la ha hecho su gente con mucho trabajo, organización y sueños. A veces incluso con utopías, esas utopías que, parafraseando a Eduardo Galeano, están en el horizonte y nos sirven para caminar. Hemos progresado porque hemos sabido mirar juntos al horizonte y en el horizonte siempre ha estado el interés general y la defensa de lo público.