La efeméride que celebra LA PROVINCIA y su empresa editora, a la que felicitamos, es una excelente oportunidad para valorar lo que han sido estos cuarenta años para la sociedad española, para nuestra tierra canaria y, dentro de ella, para la ciudad más poblada del Archipiélago, su capital, Las Palmas de Gran Canaria.

Hablar de la Ciudad es hablar de su Puerto y viceversa. Son dos caras de la misma moneda. Y si Las Palmas de Gran Canaria ha experimentado, durante estos años, una de sus más importantes transformaciones, ha sido, entre otros motivos, porque su Puerto ha tirado, como si de una gran locomotora se tratara, del desarrollo económico de la Isla de Gran Canaria. Esto es el Puerto de La Luz: un gran corazón que bombea sangre a todo el organismo económico y social de las Islas Canarias.

Este año, que entra ya en su estación otoñal, está acogiendo el 40º Aniversario de muchos acontecimientos. El más importante, en mi opinión, la aprobación de nuestra Constitución como pilar del ordenamiento jurídico democrático y, a partir de ahí, la construcción de una nueva organización jurídica y social que, sin duda, ha tenido reflejo en el desarrollo y en la transformación de los puertos españoles y, dentro de ellos, los pertenecientes a la provincia de Las Palmas.

“La Luz ha tirado durante estos años, como si de una locomotora se tratara, de Gran Canaria”

Nuevas leyes de puertos y otras sectoriales han introducido cambios en toda la actividad portuaria: los agentes económicos y sociales, los administradores de los puertos, la legislación laboral, la seguridad del transporte marítimo y la defensa del medio ambiente, por citar algunos cambios. Mención aparte merece nuestra incorporación a la Unión Europea con todo lo que ello ha significado. Desaparecieron los Puertos Francos y fueron sustituidos por un nuevo modelo económico y fiscal que requirió la adaptación y la evolución de nuestro modelo económico y de sus agentes económicos y sociales.

El comercio internacional, el transporte marítimo y la logística también han cambiado y de qué manera. La globalización de la economía ha roto esquemas y formas tradicionales de entender el comercio en el mundo y por añadir algún ingrediente más, la eclosión de China y otras economías emergentes también han jugado un papel determinante.

Y frente a todos estos cambios, ¿cómo han respondido nuestros puertos? Los hechos hablan por sí mismos y no nos engañan. Todos los ratios, indicadores, magnitudes y estadísticas son positivos y muestran crecimientos. Todos excepto uno: la pesca y la industria conservera. Por razones políticas ajenas a nuestra capacidad y voluntad, los puertos de Las Palmas han perdido gran parte de ese histórico y tradicional sector al que desde aquí rindo homenaje pues no podemos olvidar que durante décadas dio empleo y riqueza a miles de canarios y por esa razón nuestros puertos llevan su ADN. No renuncio, en esta etapa presidencial, a trabajar por su recuperación porque nuestros puertos cuentan con empresas, trabajadores e infraestructuras preparadas para acoger descargas, para almacenar pesca fresca y congelada y, como no, pertrechar, aprovisionar, mantener y reparar los barcos que lleguen a nuestros puertos.

Hoy nuestros puertos y, de manera singular el de La Luz, presentan una oferta variada de actividades y servicios. El crecimiento en el transporte tradicional de mercancías ha estado acompañado del crecimiento de otros sectores: reparación naval, suministro de combustibles, cruceros, tráfico de contenedores y transporte regular de pasajeros, entre otros. La construcción del Puerto de Arinaga, nuevas obras en Arrecife y Puerto del Rosario, y nuevos diques y suelo en el puerto de la capital grancanaria, han acogido actividades tradicionales y novedosas que hacen de nuestros puertos, sin discusión alguna, los líderes del Atlántico Medio.

La historia de nuestros puertos demuestra nuestro carácter emprendedor, nuestra capacidad de adaptación y superación de los malos momentos así como una permanente y sana ambición. Y así seguiremos, fortaleciendo y trabajando para tener una comunidad portuaria eficiente y competitiva, dispuesta asumir los desafíos del futuro.