Cuarenta años en la historia de una sociedad, casi medio siglo, es tiempo suficiente para hacer balance de los cambios producidos en ella. Si he de dar un ejemplo, sólo uno, sobre qué han supuesto estos cuarenta años para Canarias, debo decir que nuestras relaciones con Europa han presidido este periodo. Entre 1978 y 1981 en Canarias se estudió el modelo de nuestras relaciones europeas mucho más que en ninguna otra región española. ¿Y qué ocurrió? Algo por desgracia frecuente aquí. Tuvimos informes de todo tipo, con los pros y contras de cada uno de ellos. Al final, por razones espurias, elegimos un modelo tan inviable que tras muchos debates, incluida una crisis de gobierno, tuvimos que cambiarlo, perdiendo así casi una década. En 1987 promoví la creación de un grupo de presión con otras regiones que, andando el tiempo, formamos el grupo de las Regiones Ultraperiféricas de la UE. Desde su inclusión en los Tratados de la Unión, nuestro status europeo está bien encauzado.

El 14 de abril de 1978 se creó la Junta Preautonómica de Canarias, en una tormentosa reunión celebrada en las Cañadas del Teide. Las heridas y consecuencias de aquella cita llamada a ser histórica, devino en un largo debate de años entre los llamados “autonomistas” y “cabildistas”. El 30 de mayo, día de Canarias de 1984 publiqué en estas mismas páginas mis reflexiones sobre “Un año de esperanzada autonomía”, en el que me alineaba con los autonomistas. Con la perspectiva de los años, debo decir que me equivoqué como otros muchos. Hoy creo que partiendo de los existentes Cabildos Insulares tendríamos que haber creado el Cabildo General de Canarias, en el que estuvieran representadas las instituciones insulares. Nos habríamos ahorrado energía, burocracia y un enjambre administrativo despilfarrador de recursos.

Entre los cambios más importantes experimentados citaré los derivados de una multimillonaria inversión de fondos europeos, que han permitido contar hoy con una excelente red de infraestructuras, especialmente en carreteras, puertos y aeropuertos, además de las ayudas para el mantenimiento de nuestro sistema productivo, especialmente el agrícola. Además, y no es cuestión menor, hemos mantenido un diferencial fiscal con respecto a la Península.

En lo negativo, la lista es larga. Telegráficamente diré que seguimos siendo una de las regiones menos desarrollada de España; el desempleo sigue siendo muy alto; la desigualdad social y los índices de pobreza, agravados durante los años de la crisis, siguen siendo altos; el fracaso escolar sigue causando graves problemas de diversa índole. Un problema mayor es que padecemos una maraña administrativa que dificulta y ahuyenta la inversión privada. Es necesario derogar leyes y desenredar esta maraña regulatoria que padecemos.

Tenemos corruptelas y corrupciones varias sin paliativos, sobre la que no debo ni quiero extenderme en una ocasión como esta. Pero como las meigas, haberlas haylas.