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Enredado en los reduccionismos

Las grandes propuestas económicas del futuro presidente de EE UU colisionan entre sí y abren grandes incógnitas sobre su aplicación en los términos simples planteados

Enredado en los reduccionismos

Enredado en los reduccionismos

Los mercados probablemente no se acaban de creer que la media docena de grandes enunciados económicos proclamados por Trump durante la campaña electoral de EE UU sean realizables en su totalidad.

Z Obra pública

Una de las principales propuestas de Trump es el gran plan de obra pública por 500.000 millones de dólares en cinco años que "dará trabajo", dijo, "a muchísimas personas". Además, y como negacionista del cambio climático, pretende relanzar la explotación de energías fósiles en detrimento de las fuentes limpias. Trump quiere conciliar esta ofensiva con la expulsión de 11 millones de extranjeros irregulares. Y ello en un país que redujo su tasa de paro al nivel del pleno empleo técnico: 5% de la población activa. Deportar 11 millones de personas supone prescindir del equivalente a casi todo el empleo creado (12 millones) desde 2011. Aunque puede haber paro oculto a causa del factor desánimo, no es probable que la totalidad de los 15,3 millones de personas en que aumentó la población inactiva desde 2008 integren la reserva de parados tácitos reactivables.

Z Rebaja fiscal

El futuro presidente ha comprometido rebajas fiscales por un importe de 4,4 a 5,9 billones de dólares en cinco años junto con una mayor inversión pública y un incremento de los gastos en Defensa: pasará del 3% al 6% del PIB, lo que entraña un aumento de otros 500.000 millones. A cambio, compromete un ajuste en otras partidas de apenas 800.000 millones. Más gasto e inversión con menos impuestos se tradujo en anteriores mandatos republicanos -Reagan y los Bush- en más déficit y más deuda públicos.

Z Proteccionismo

El discurso populista de Trump se fundamenta en tres reduccionismos contrarios a la evidencia: que las economías desarrolladas y demográficamente envejecidas pueden prescindir de la inmigración, que es posible gastar más con menos impuestos y que el proteccionismo genera prosperidad. Trump va a elevar los aranceles, ahora de media en el 3%. En el caso de las importaciones mexicanas quiere subirlos al 35% y al 45% en el caso de las chinas. Y aplicará impuestos disuasorios a las compañías que trasladen producción al exterior.

Z Inflación

Las ganancias de competitividad que Trump persigue forzar por la vía unilateral de gravar las importaciones se puede ir por el sumidero de la inflación. Todas sus propuestas son inflacionarias. La suma de expulsión masiva de mano de obra inmigrante y barata, las políticas de estímulo fiscal con más gasto e inversión, las rebajas fiscales, el aumento previsible del ya elevado déficit público y el súbito y contundente encarecimiento de las importaciones en hasta 42 puntos en algunos casos conforman una explosiva atmósfera inflacionaria. La inflación resta competitividad y obligará a la política de nacionalismo económico a intensificar las barreras aduaneras. Con datos de septiembre, la inflación general está en el 1,1% pero la subyacente (sin contar el efecto del petróleo barato y los alimentos no elaborados) ya está en el 2,3%, tres décimas por encima del objetivo del banco central. Una inflación elevada empobrecería a la ciudadanía, restaría poder adquisitivo y erosionaría el valor del dólar.

Z Política monetaria

Trump se ha contradicho varias veces sobre qué política monetaria desea. En otros asuntos (caso del salario mínimo interprofesional) ha modificado su posición hasta catorce veces. Se sabe que es enemigo de la independencia del banco emisor (uno de los grandes consensos internacionales en los últimos decenios) y que no desea a la actual presidenta de la Fed, Janet Yellen, cuyo mandato termina en 2018. Trump la acusó de mantener los tipos muy bajos con fines políticos para favorecer a la Administración demócrata de Barack Obama. Trump le atribuyó crear una "economía falsa" y proclamó el agotamiento de los estímulos monetarios, que pretende sustituir por los fiscales. Pero, a la vez, y en manifiesta contradicción, aboga por aplazar la subida de tipos. Los tipos bajos abaratarían el endeudamiento que causará su política de estímulo fiscal con aumento de gasto y rebaja tributaria.

Z Una economía poderosa

Otra de sus paradojas es que mientras promete "Hacer América grande de nuevo", reniega de un dólar apreciado. "Suena bien decir 'tenemos un dólar fuerte'. Pero ahí se acaba", dijo en mayo. Pero ambas posiciones son antitéticas. El tipo de cambio de la moneda refleja el poderío de la economía que la sustenta. Un renacer y expansión económicos como los que promete revalorizaría la moneda. Y las políticas proteccionistas, en tanto que disuaden las importaciones y en la medida en que reduzcan los déficits comerciales, propenden a apreciar las divisas.

Z Moneda de reserva y China

Debilitar la moneda tiene márgenes de tolerancia porque el dólar sigue siendo hoy la primera moneda de reserva del mundo y esta condición es de extraordinario interés para EE UU. Ese estatus hace sostenible el fastuoso endeudamiento fiscal y externo de EE UU. Por lo tanto, Trump tendrá que ser cuidadoso en no socavar la credibilidad de la Reserva Federal (Fed), el banco central de EE UU, si pretende hacer sostenible la deuda. Otra opción es repudiarla o reestructurarla. Este atajo lo insinuó el 6 de mayo. Pero sólo la hipótesis tensionaría los tipos y las primas de riesgo. Así que tres días después rectificó: EEUU, dijo, nunca dejará de pagar su deuda ni la renegociará. Esto limita sus posibilidades de iniciar una "guerra comercial" contra China, principal financiador de los descubiertos de Washington.

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