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Ana Curra, cantante y compositora: "Estamos viviendo un momento político absolutamente aterrador"

La cantante y música madrileña, reina del punk patrio y referente de la Movida, brinda su primer concierto en solitario en Canarias con una única fecha en Telde este sábado 11 de abril

Ana Curra.

Ana Curra. / Cristina del Barco

Nora Navarro

Nora Navarro

En esta gira repasa casi al completo el repertorio de El Acto, piedra angular de los míticos Parálisis Permanente y cuyo álbum cumple este año su 44º aniversario, junto a sus hits en solitario. ¿Este es un ejercicio de memoria, de nostalgia o, por el contrario, de la vigencia de un discurso?

No diría que de nostalgia, porque no me considero una persona nostálgica, sino de vivir en «el ahora y el momento» siempre, pero evidentemente hay un repertorio que ya es clásico, porque yo ya llevo más de 40 años en la música. Entonces, como cualquier artista cuando se sube a un escenario para hacer un repaso de todo su repertorio, siempre escojo canciones con las que me siento absolutamente en concordancia. En este caso es un repertorio lleno de grandes canciones, al que le sumo siempre una parte de cosas nuevas, porque para una artista es necesario incorporar canciones de nueva factura. Este concierto en Gran Canaria tendrá exactamente el mismo repertorio que el de la puesta de largo que hicimos en el Teatro Eslava de Madrid, que combina una primera parte de canciones del inicio de mi carrera en solitario, con Volviendo a las andadas [1987], junto a un grupo de canciones recientes. Luego hay una segunda parte donde se hace todo un repaso de El Acto, pero reactualizado, con las sonoridades del disco que acabamos de lanzar con las colaboraciones de 13 músicos de nuevas generaciones.

Precisamente, Ana Curra y los 13 Apóstoles presentan: La Última Cena de Parálisis Permanente revisita con esos 13 músicos contemporáneos el legado de un disco de culto que se adelantó a su tiempo. En esta nueva vida que le confiere en directo, ¿lo redescubre como un álbum atemporal?

Yo creo que es un disco que, por la urgencia que contiene y por los temas que destila en torno al deseo, el sexo, las drogas o la búsqueda de la libertad, no ha perdido vigencia, porque son temas que siguen estando ahí a través de las generaciones. Y todo esto, unido a un sonido que en su época fue vanguardia, lo convierte en un disco atemporal. Pero yo no he querido repetir ahora la jugada porque para eso ya existe el disco original, sino que he querido darle una vuelta de tuerca y traer todo esto al presente con un directo potente, que es donde el sonido se hace mucho más actual y mucho más fiero.

¿Cuál fue su criterio a la hora de seleccionar esas colaboraciones de integrantes de bandas como como Biznaga, Bala o VVV [Trippin’you]?

El primero de los criterios que seguí fue conectar con las nuevas generaciones, pero no con cualquiera de las nuevas generaciones, sino con esos artistas o músicos para los que Parálisis Permanente ha sido, de alguna manera, una influencia para sus carreras. A partir de esas dos premisas elegí a una serie de artistas y bandas que fundamentalmente se mueven en este cajón de sastre que es el post-punk. Y lo denomino «cajón de sastre» porque hay diferentes tendencias musicales en ese camino experimental que es el post-punk, que surgió como un movimiento o búsqueda de otros sonidos y espacios de expresión, también con cierto sentido del compromiso, desde la noción de una vida muy incierta.

Además de este proyecto discográfico autoeditado, Warner ha reeditado en vinilo Volviendo a las andadas (1987), su primer LP en solitario. ¿Cómo ha sido el reencuentro con esas canciones?

Este un disco que me daba mucha pena que estuviese descatalogado y, como yo no tenía buenas relaciones con Warner porque no me pagan royalties de Parálisis, seguía como perdido en el pasado. Creo que ha sido al volver de mi gira por Latinoamérica cuando vieron desde el sello que seguía teniendo muchísimo éxito, porque yo siempre llevo canciones de este disco a mis conciertos allí, porque la gente me las pide, así que, de pronto, me propusieron reeditarlo aquí en España. Me ha parecido un acierto, lo hemos hecho y yo estoy encantada, porque también me parece un disco absolutamente vigente. En concreto, hay una canción, Pájaros de mal agüero, que no puede ser más apropiada para el momento tan oscuro que estamos viviendo ahora en el mundo.

Si la música se oscureció en la década de los 80 con el germen del post-punk y tras el grito de libertad de la Movida, ¿en qué sentidos identifica hoy un imaginario similar a raíz del presente musical y político que atravesamos?

Yo identifico que, sobre todo, después de la pandemia ha eclosionado una serie de grupos que han acogido otra vez ese discurso del post-punk y la influencia de sus sonidos. En ese sentido, sí veo analogías con lo que vivimos nosotros en los 80, en el sentido de que la profesión de músico era muy incierta, porque el mundo también lo era, y como músico te cuestionabas si seguir o no adelante y por qué. Hoy se habla mucho de precariedad, porque la hay y mucha, pero nosotros en los 80 no teníamos ni un duro. Fíjate: mi primer teclado se lo compré a una orquesta de pueblo de segunda mano de un fascista. Y luego, siempre iba ahorrando como podía. En los 90 sí hubo una clase media bastante lograda, con unos servicios bastante dignos a todos los niveles, que es algo que se ha ido deteriorando. Entonces, hoy noto similitudes como aquella época en aspectos que no han cambiado, como la situación precaria del músico. En cambio, en el plano político global, con lo que está ocurriendo con los genocidios, los exterminios y el auge de los fascismos, estamos claramente muchísimo peor.

«Aquí no hay bombas, aquí no hay tiros, hay gilipollas mirándose el ombligo». Así canta en su canción Activista de la idiotez, que lanzó hace unos meses y también entraña una crítica al narcisismo de las redes sociales.

La canción trata de hacer una denuncia de la gilipollez que nos inunda cuando hay atrocidades tan graves y serias ocurriendo en el mundo ante esta nueva oleada de dictadores fascistas. Nunca habíamos vivido un exterminio en directo de un pueblo entero como sucede en Gaza, aunque ahora tengamos los ojos puestos en Irán, claro, mientras a su vez continúa la guerra en Ucrania. Me parece alucinante que todo esto esté sucediendo mientras se vulneran continuamente todo los derechos internacionales. Estamos viviendo un momento absolutamente aterrador y las personas que tenemos perspectiva histórica, porque hemos sufrido la dictadura franquista o su transición a la democracia, somos conscientes de lo grave que es que, de pronto, 45 años después, estemos en esta situación.

¿Le preocupa que esos discursos del odio estén permeando en las nuevas generaciones?

¡Claro! Todas estas juventudes que de repente alaban a Franco están sometidas a una confusión tremenda. Aquí las redes sociales juegan muy en contra, porque se pueden difundir informaciones absolutamente falsas, no ya sesgadas o manipuladas, sino directamente falsas. Entonces, los jóvenes de 16 o 17 años que no tienen formación ni perspectiva histórica pueden creerse la legitimidad de los discursos del odio y el fascismo, cuando solo sirven para destruir y matar. En ese sentido, también vivimos una distopía absoluta y muy preocupante.

Después de cantar Quiero ser santa, uno de los mayores hits de su carrera musical, en el Teatro Eslava de Madrid, declaró: «Los que llegamos hasta aquí tenemos un alma guerrera. He venido a robarle al día los mayores momentos de felicidad que pueda». ¿Esta reflexión encarna el espíritu de toda su trayectoria?

Efectivamente, no me acordaba de haberlo dicho y claramente son palabras mías (Risas). Sí, llega un momento en que, al final, yo he venido aquí a robarle al día todo lo que pueda, eso sí, posicionándome siempre, sin ambigüedades. Yo creo que, por un lado, lo que el ser humano busca precisamente son esas ráfagas de felicidad, que podemos encontrar cada uno en las cosas que nos gustan. En mi caso sucede, concretamente, en la música o cuando me subo a un escenario, que es mi momento de catarsis y en el que me realizo como persona. Y por otro lado, yo me aferro a todos estos momentos sin olvidarme de lo que está ocurriendo a mi alrededor. Por tanto, cada uno tiene que buscar ese alivio espiritual y esos resquicios de felicidad donde pueda para continuar estando en el mundo, desde la conciencia y el compromiso con sus valores.

Volviendo al grito subversivo de Quiero ser santa, una de las diferencias respecto a sus inicios es que ahora proliferan muchas más bandas formadas o capitaneadas por mujeres. ¿Cómo vive este horizonte?

Me parece precioso. Y me parece alucinante la evolución de las chicas al mando en la música y en todos los campos. Por supuesto, queda mucho por hacer, pero en la música es una gloria verlo porque además hay gente haciéndolo muy bien. Las chicas, cuando se ponen, tienen una fuerza de voluntad y una determinación brutales, aparte de que tienen todo ese bagaje, que nos viene de atrás, de tener que ser mucho más obstinadas para conseguir lo mismo que un hombre. Las mujeres somos creadoras y creativas por naturaleza, así que es maravilloso lo que está sucediendo y es una señal inequívoca de que las mujeres ya estábamos y lo estábamos en todos los campos para quedarnos, sin olvidarnos de que hay que seguir luchando el sitio porque, igual que todos los derechos, se pierden si no se defienden.

Con todo, ¿cómo vive su primer concierto en solitario en Canarias, donde debuta además con un batería natural de Arguineguín?

Me hace una ilusión tremenda y estoy muy feliz. Yo estuve hace cuatro años cuando presenté mi libro en Gran Canaria y Tenerife, pero este es mi primer concierto como Ana Curra en Canarias y, además, con mi querido batería, con el que llevo tocando ya 15 años, en su isla. Estamos muy ilusionados y les esperamos este sábado en Telde. n

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