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El eclipse solar de 1959 que puso a La Isleta en el candelero de la astronomía

Canarias fue el único espacio del territorio español en que se contempló el fenómeno en su totalidad

Vista del faro de La Isleta.

Vista del faro de La Isleta. / La Provincia

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Las Palmas de Gran Canaria

A punto de disfrutar del eclipse de sol el próximo 12 de agosto bien vale recordar cómo se vivió en Canarias el último eclipse total solar del siglo XX. El Archipiélago fue el único territorio español desde donde se contempló el fenómeno en toda su extensión. Ocurrió el 2 de octubre de 1959 y hasta el propio Cho Juáa se hizo eco del tenderete que se montó en suelo isleño.

El norte de Gran Canaria, Tenerife y el sur de Fuerteventura además de una zona del África occidental español -Sahara- fueron los lugares privilegiados para ver el eclipse solar que apenas duraría unos 5 minutos, aunque la oscuridad total solo sería de dos. Desde el 30 de agosto de 1905, los canarios no habían visto nada similar.

"Hasta el próximo siglo XXI no se volverá a ver otro eclipse desde nuestras islas", anunciaba el 28 de mayo de 1959 El Diario de Las Palmas, cabecera de Editorial Prensa Canaria. En la información, entre la celebración del Corpus en Escaleritas y las novedades del Cine Avellaneda y el Cuyás, se explicaba cómo se viviría.

Una "luz lívida y tristísima"

"Durante el fenómeno la temperatura del aire suele bajar, se aquieta el viento y todo queda envuelto en una luz lívida y tristísima. El poeta José María Gabriel y Galán, que contempló uno de estos eclipses, decía que si Dios quisiera matar el mundo de pena no tendría más que teñirlo de aquella luz por espacio de ocho días", contaba la crónica sin firmar, para continuar diciendo "que las nubes toman en esos instantes unos colores irisados variadísimos dejan verse las montañas lejanas y aparecen por el suelo las sombras volantes los animales creyendo llegada la noche se disponen a dormir".

Numerosos científicos aterrizarían en los meses siguientes en Gando procedentes de prestigiosas universidades e institutos de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Países Bajos para instalarse con sus cámaras y telescopios para estudiar la ocultación del sol por la luna. Como en esta ocasión, también se creó una comisión interministerial para organizar la llegada de tan relevantes personalidades al Archipiélago. Franco celebraba ese año el 23 aniversario de su llegada a la Jefatura del Estado y en Telde se levantaba el puerto de Salinetas.

El primer científico en llegar a Gran Canaria fue el astrónomo alemán Harold Von Klüber, de la Universidad de Cambrigde, que era un especialista en fenómenos solares. Más tarde aterrizaría su colega inglés Clabón Walter Allen, de la Universidad de Londres, con un grupo de compañeros. El equipo haría observaciones espectroscópicas de la corona solar en un momento de gran actividad solar. Para ello, utilizaron tres espectrógrafos y una cámara con una película especial "que tenía que estar en un lugar frío y no destaparse hasta una hora antes del fenómeno".

"La ocultación del sol por la luna fue seguida por un avión norteamericano que partió de Los Rodeos y llegó hasta la costa africana"

Los norteamericanos trajeron hasta un Hércules C-130 lleno de material científico del Geophysic Research, de Massachusetts, en el que se incluían casas prefabricadas y un jeep. Entre el grupo de científicos, provenientes de diversos observatorios como el de Sacramento, en Nuevo México, y el de Boulder, en Colorado, figuraba el joven Timothy Wyngaard, que con 17 años, había sido elegido por la Academia nacional de Ciencias en un concurso del gobierno norteamericano para estimular a la juventud en este campo de la ciencia.

Si bien es verdad que la mayoría de los científicos, en los que se encontraba una docena de españoles, se instalaron en Punta Jandía (Fuerteventura) dada la claridad con la que se vería el eclipse, Las Palmas de Gran Canaria era el segundo punto relevante para seguir el acontecimiento. Y, en concreto, El Faro de La Isleta, donde se concentró la mayoría de los científicos con sus cámaras y telescopios mientras los ciudadanos hacían lo propio con cristales ahumados. Las nubes estuvieron a punto de entorpecer su visualización, aunque en el último instante el cielo se aclaró. No fue así en Jandía.

El Diario de Las Palmas relata el eclipse total en Gran Canaria el 2 de octubre de 1959

El Diario de Las Palmas relata el eclipse total en Gran Canaria el 2 de octubre de 1959 / La Provincia

A las 11.44 horas se hizo de noche de "forma fulminante". "El cielo ha quedado completamente claro y han comenzado a resplandecer las estrellas. Venus, sobre todo, ha lucido con una claridad prístina, así como Mercurio. Desde el Faro de La Isleta se ha cubierto de un manto negro, de una oscuridad intensa, mientras alrededor de la isla se apreciaba un color violáceo hacia el horizonte. En la ciudad han aparecido algunas luces y aquí arriba la emoción de todos los presentes no se puede describir", narraba el periodista Luis García Jiménez, que manifestaba que hasta los pájaros que revoloteaban por la zona buscaron refugio entre los matorrales en el instante en que anocheció.

La viñeta de Cho Juan.

La viñeta de Cho Juan. / La Provincia

El Faro de La Isleta permaneció encendido durante el suceso solar y todos los presentes quedaron extasiados en los dos minutos que duró la oscuridad total en el paraje de Las Palmas de Gran Canaria, ocupado hoy por los militares. "Ha sido algo extraordinario, algo por lo que nos explicamos ahora que vengan gentes de los más lejanos rincones del globo solamente por esos dos minutos. Recordamos ahora al profesor alemán Nothman, un viejito que vino de Las Palmas para ver el que tal vez fuera el último eclipse de su vida", indicaba el reportero.

El eclipse solar, que fue seguido por un avión norteamericano que partió de Los Rodeos hasta la misma costa de África, también se contempló desde el Puerto de Las Palmas, la azotea de los Jesuitas en Vegueta y el barrio de Guanarteme.

Gran Canaria volvería a estar en el candelero de la astronomía el 30 de junio de 1973 cuando el supersónico avión Concorde despegó desde Gando con un grupo de científicos para seguir el eclipse del siglo, por su tiempo de duración -80 minutos- volando sobre Mauritania, Malí, Níger y parte del Chad. El avión persiguió el haz de sombra, pero no se pudo ver desde Canarias. Para contemplar el espectáculo solar hubo que abrir cuatro claraboyas especiales en la parte superior del fuselaje para que los científicos pudieran trabajar.

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