¿Ha podido olvidar aquel fatídico 18 de junio de 2011 cuando sufrió el atentado?

No lo he olvidado, pero tampoco recuerdo con claridad todo lo que pasó tras el incidente. De todos modos, no pienso en ello constantemente, no me obsesiona. Era consciente de que había riesgos y de que algo así podía pasar. Sin embargo, me considero afortunado, ya que podría haber sido mucho peor.

¿Qué sensaciones tuvo cuando despertó del largo shock producido por el estallido de la bomba de los talibanes?

Sinceramente, no tenía ni idea de cómo había llegado hasta allí, ya que no recordaba absolutamente nada. Por eso me extrañó despertarme en un hospital de campaña. Entonces me explicaron lo sucedido.

¿Le dolieron más sus heridas o el estado de los miembros de su patrulla?

Me dolieron ambas cosas, aunque rápidamente me comunicaron que todos los componentes de mi patrulla estaban fuera de peligro. Fue más doloroso tener que separarme del resto de mis hombres, así como la certeza de que la amputación me apartaría de la vida militar. No obstante, también sentí un profundo orgullo cuando supe el ejemplar comportamiento que habían tenido los componentes de mi patrulla tras el ataque.

¿Es consciente de que gracias a su tesón y empeño el Ministerio de Defensa ha posibilitado la continuidad en el Ejército de los militares mutilados, hasta ahora prohibidos?

Bueno, creo que este es un premio que nos hemos ganados todos los militares heridos y el Ministerio de Defensa ha tenido a bien darnos esta oportunidad de seguir sirviendo a España.

¿Sigue convencido de que un militar amputado puede seguir siendo útil al Ejército?

Con ese convencimiento me despierto cada día y me dirijo al acuartelamiento, de lo contrario no lo haría. Como he dicho en otras ocasiones, la formación que recibimos en la Academia General Militar no es exclusivamente física. Mi limitación, en cambio, sí que lo es, aunque trabajo diariamente para minimizarla.

¿Cómo fue su recuperación?

Fue un proceso largo que comenzó con sesiones de rehabili- tación en manos de fisioterapeutas; en cuanto pude, las complementé con trabajo de fuerza en gimnasio y natación. En abril fi- nalicé la rehabilitación y desde entonces sigo entrenando por mi cuenta. Aún sigo evolucionando y en Puerto del Rosario dispongo de unas instalaciones excelentes para ello.

Ahora utiliza una prótesis Vari-Flex y le hemos visto correr por la Avenida Marítima con total normalidad. ¿Hace una vida normal?

Al principio la prótesis me hacía heridas y no aguantaba mucho tiempo con ella puesta. Ahora únicamente me la quito para dormir y para ducharme. Aún no puedo salir a correr distancias largas, pero, a pesar de todo, creo que mi vida es prácticamente normal. Mi regreso al Ejército ha sido uno de los principales síntomas de esa normalidad.

¿Qué sintió el primer día de su reencuentro con sus compañeros del Soria 9?

Que había vuelto a casa.

¿Cuál es su misión en el Regimiento de Infantería Ligera Soria 9?

Pertenezco a la Plana Mayor del Batallón Fuerteventura I/9. Mis cometidos básicos son los de asesoramiento en el planeamiento de operaciones y ejercicios tácticos, así como el seguimiento de posibles escenarios.

¿Y además, como capitán?

Mi ascenso fue a título honorífico, pero en el Regimiento Soria no 9 soy un capitán más.

La presencia del Ejército de España en Afganistán es la misión que más vidas ha costado al país. ¿Vale la pena?

No me corresponde a mí valorarlo. A título personal, si su pregunta es si a mí me ha merecido la pena perder la pierna por contribuir a evitar que en nuestro país se repitan episodios como el 11-M, o si estaría dispuesto a dar mi vida por ello, mi respuesta es sí.

En 2013 se especula que la Brigada de Infantería Ligera Canarias XVI volverá a Afganistán. ¿Le gustaría repetir?

Me encantaría repetir, pero no depende sólo de mí. No obstante, si la Brilcan necesita capitanes para completar el contingente, daré un paso al frente. Sería una enorme satisfacción acudir de nuevo.