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Naufragios en la costa majorera

'Júcar': naufragio y memoria

31 años después del hundimiento del carguero, en la playa del Valle, los vecinos recuerdan las historias del saqueo

Un grupo de vecinos recoge los productos arrojados por el mar en la playa del Valle, al fondo el 'Júcar' encallado PACO CERDEÑA

La madrugada del 21 de diciembre de 1984 el barco Júcar, procedente del Puerto de la Luz y que tenía como destino Gijón y Santander, encalló en la roca afilada de la Playa del Valle, desembocadura del barranco de Aguas Verdes y bajante entre los acantilados que caracterizan la costa oeste de la isla.

Durante los primeros días, con las batidas del mar, el carguero arrojó los contenedores de cubierta, apenas siete de los cerca de 80 depósitos que el Júcar transportaba en su interior, esparciendo por la playa la mercancía ante el entusiasmo de los curiosos, que llegaban de todos los rincones de la isla para recoger frutas, mantas, café, aceite, suavizantes, botellas de alcohol e incluso juguetes.

A Sotero Peña lo avisaron los vecinos. Era la noticia del pueblo y desde todas las lomas bajaban gentes a ver cómo se rompía el enorme barco encallado. Durante una semana, el esqueleto de la máquina giró y se amoldó a las rocas, rompiéndose, finalmente, en una quebradura central contra el risco negro que sostiene el mar del oeste.

"Al romperse el barco, días después del naufragio, salieron al agua aún más contenedores con todo tipo de mercancías: eran contenedores de cerraduras metálicas, pero el golpe del mar era tan fuerte que algunos candados cedieron, otros se rompieron fácilmente", cuenta Sotero, que durante varios días acudió, junto a otros muchos, a la Playa del Valle para recoger lo que el mar dejaba llegar a la orilla.

"El día 28 de diciembre el barco se partió por la mitad, comenzó a soltar su mercancía y, además, despertó la alerta entre las autoridades por el combustible que cargaba", asegura Francisco Cerdeña, historiador y testigo de la lenta destrucción de este barco, que tardó seis días en partirse y 11 años en vaciarse por completo.

La empresa Transportes Hernández Cabrera fue la encargada de evacuar los depósitos de combustible, cerca de 140 toneladas de fuel, y retirar los restos metálicos. Entre los años 1995 y 2000 aún se realizaban labores de limpieza de la costa, según indica Cerdeña. En la playa, bajo el mar bravo del oeste, se mantiene aún, como un fósil, un pequeño resto del motor.

"Hay una imagen que no puedo borrar de la memoria", recuerda Cerdeña. "La playa cubierta de naranjas, toda la Playa del Valle, que es negra, estaba llena de fruta: uno de los contenedores que arrojó el barco estalló con la presión de las olas y las naranjas saltaron en todas las direcciones".

Israel Rodríguez, maestro carpintero de Antigua, recuerda el día que los vecinos se introdujeron en la embarcación para aprovechar los contenedores que el barco no había arrojado por cubierta: "Por la parte de popa, donde se encontraba la hélice, el barco se rompió y dejó ver una escalera de caracol que, por dentro, llegaba hasta cubierta. Por allí nos metimos. Todo lo que teníamos para cortar lo usamos para abrir los contenedores: barras metálicas, radiales, que enchufamos a motores de gasoil, y cualquier herramienta".

Del barco se extrajeron partes del motor, aceite, latas, perfumes franceses, zapatos, herramientas, comida, café, ginebra, whisky, suavizantes, productos de limpieza... "una fortuna", en palabras de Israel Rodríguez, que fue repartida entre los vecinos de los pueblos cercanos, en especial en Betancuria, Los Llanos y Antigua, y que fue despojada del barco entre las batidas del peligroso mar del Norte.

"Las olas llegaban a la vereda y al tablero: íbamos hasta de madrugada si nos avisaban y el mar era un infierno. Tuve hasta que agarrar a una vecina porque las olas se la llevaban", recuerda Rodríguez, que añade que si todos volvieron a sus casas sin daños fue "porque el mar no quiso a nadie".

Herido

Guardia Civil y Agentes de Seguridad Privada trataron de custodiar el navío en los primeros días del naufragio. Si bien la intervención de la Guardia Civil fue, según testigos, moderada por la mediación del entonces alcalde de Betancuria, D. Carmelo Silvera, la seguridad privada llegó a herir por disparo a un joven que se encontraba en los riscos de la Playa del Valle.

La imagen del Júcar, su desgarro y el tesoro escondido que rescataron vecinos de toda la isla se mantienen 31 años después en la memoria colectiva. El naufragio es, aún hoy, la fortuna favorita de familias y pueblos, porque en Fuerteventura, cuando un barco naufraga, encalla también, para siempre, en el recuerdo de todos.

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