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Tuineje Primeros residentes extranjeros en Fuerteventura

Amor sueco en Las Playitas

El pintor Leroy Karlsson lleva 39 años afincado en el pueblo tras casarse con Facunda Carmona

Carina con Leroy (centro) y su hija sueca Anne Britt y su marido. Debajo una imagen de 1975, y sobre estas líneas Anne Soderlund.

Carina con Leroy (centro) y su hija sueca Anne Britt y su marido. Debajo una imagen de 1975, y sobre estas líneas Anne Soderlund. LA PROVINCIA /DLP

"Todavía recuerdo mi primera visita en el año 1976. Estuve un día en Fuerteventura y pasé por Las Playitas, y de allí me fui a Lanzarote", explica emocionado Leroy Karlsson, de 75 años y natural de Linköping (Suecia). En la década de 1970 comenzaron a llegar los suecos, y se formó una colonia de unas 70 familias en Las Playitas como consecuencia de la venta de solares.

"Un majorero, Juan Guardiet vendía parcelas en la montaña, a seis pesetas el metro cuadrado y curiosamente se promocionó este pueblo en mi país como un territorio virgen. En la actualidad Las Playitas es un pueblo turístico, con hotel, campo de golf, villas vacacionales y lo peor es que ya están mordiendo hasta el risco de El Cobón en la costa", lamenta el sueco.

"Mi primera casita junto al mar me costó un millón de las antiguas pesetas y me pareció el lugar ideal por el clima y la tranquilidad que buscaba en invierno cuando spara concertrarme en mi pintura", recuerda Leroy. "Aquí encontré mi refugio en una profesión ajetreada como marino mercante viajando por el mundo para pintar mi paisaje marinero, tras separame de mi mujer con la que tuve dos hijos" cuenta Leroy.

Sin embargo en Fuerteventura encontró al amor de su vida, la majorera Facunda Carmona en 1980. "Yo venía a pasar temporadas y me integraba en la vida del pueblo, y no sólo me enamoré de este entorno sino también de Facunda y nos casamos", confiesa. A pesar de la distancia, Facunda se fue con Leroy a vivir a Suecia, donde nacieron sus dos hijos Carina y Axel, y en la actualidad ya tiene dos nietos majoreros y seis suecos.

"En el año 1985 decidimos regresar y quedarnos definitivamente en Las Playitas y durante dos años tuvimos un bar en el pueblo, en el que se reunían no sólo los majoreros sino también los residentes extranjeros y fue una etapa muy alegre", expresa el pintor, que aprendió perfectamente castellano.

Leroy se convirtió así en el portavoz y traductor de los residentes de su misma nacionalidad que habían construido sus casas en el pueblo y pasaban largas temporadas, sobre todo el invierno.

"La mayoría no sabían castellano y yo les ayudé a realizar ciertos trámites, también fue una época en la que no había luz, el agua potable llegaba en cubas, y no había personal de limpieza ni contenedores de basura. Era una paraíso con ciertas dificultades", reflexiona Leroy.

Este sueco reside en la calle Aloe. "Mi casa fue la primera en la parte baja del pueblo, ya que la mayoría construyó su vivienda en la montaña", apunta. .

Existen cientos de anécdotas de los suecos en Las Playitas en estas cuatro décadas en Fuerteventura.

"Yo tengo un listado con todas las familias que residían en la década de los 1970 y 1980 que sumaban casi 70 familias y en la actualidad quedarán sólo unas 20 en el pueblo", expresa con resignación.

"La mayoría de los matrimonios han fallecido porque eligeron este pueblo para descansar al final de sus vidas y recuerdo a muchos personajes y amigos con los que disfrutamos de veladas memorables, y muchas conversaciones y compartimos aficiones como la pesca, el arte o la gastronomía" confiesa.

"Mis hijos suecos también son unos enamorados de Las Playitas y viajaban a menudo a verme", reconoce Leroy.

La colonia de suecos residentes en la localidad de Las Playitas cumple 45 años de historia y algunos de sus protagonistas recuerdan las anécdotas de aquella época dorada en la que difundieron su cultura antes de la llegada de Ikea o de las típicas albóndigas suecas (kothbullar), salchichas y paté, además del Janssons frestelse, ("la tentación de Jansson"),otro plato típico a base de patatas y anchoas.

"Mi hermano y yo somos la segunda generación y ahora mi hija y mis nietos mantienen la tradición porque les encanta la Isla y Las Playitas. Mi padre fue ingeniero de minas y viajó mucho, aunque residíamos en Estocolmo. Se enteraron de que se vendían terrenos y compraron en 1975 Las Playitas", cuenta Anne Soderlund. Al año siguiente se jubilaron y venían a disfrutar del cálido invierno majorero. "Mis padres fueron los únicos que no quisieron la montaña de Guardiet y compraron abajo un solar de 800 metros, que incluía un viejo refugio para los ganaderos. Tiene los muros de piedra y lo reformamos pero sigue casi igual con las habitaciones independientes", explica su propietaria. "Mi madre Marta padecía problemas de reúma y este clima le sentaba muy bien. A todos sus descendientes nos encantó Las Playitas y Fuerteventura. En aquella época los hijos veníamos a disfrutar de las vacaciones. Después yo me jubilé como maestra en mi país y mantengo la misma costumbre de venir en invierno y mis nietos serán la cuarta generación", apunta. Aprovecha su estancia en la Isla para dar clases de español a los suecos que viven por allí. "Los suecos nos reunimos para hacer excursiones, los domingos jugamos a la petanca en el campo de bola canaria, organizamos actividades y lo pasamos muy bien", insiste.

"Nos reuniamos y llegamos a organizar la fiesta de San Lucía el 13 de diciembre", señalan Anne y su hermano Jack. Una niña es elegida reina y se le pone una corona con velas y los niños la siguen con sus gorros puntiagudos. Los suecos festejaban este día en Las Playitas porque coincidía con su temporada invernal. Entre los suecos siempre recuerdan la historia pintoresca del Baron Hermelin y de otros amigos de su país.

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