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Premio Insular de Artesanía 2015

Los herederos de la fragua

José Curbelo conserva el taller de los 'maestros' Pedro y Roque de Gran Tarajal con el viejo motor y el torno

Francisco Alonso enseña el trabajo con el yunque en el taller de su casa en la localidad de Antigua y detrás la fragua con la que trabajaba.

Francisco Alonso enseña el trabajo con el yunque en el taller de su casa en la localidad de Antigua y detrás la fragua con la que trabajaba. Carlos de Saá

Una de las familias más conocidas por su labor con el hierro forjado es la de Juan Francisco Alonso Curbelo, de 69 años, que todavía conserva la fragua, los útiles del campo, herramientas y el torno en su casa. Con él se especializó en reparar los molinos americanos.

"Yo soy el único herrero que sabía arreglar los molinos multipala y ya estoy retirado, pero mis hijos aprendieron desde niños conmigo y todavía encienden la fragua y saben trabajar", afirma. Su hijo Juan Pedro tiene su taller junto a la casa de sus padres en Antigua. "En la actualidad nos dedicamos a la cerrajería porque el hierro forjado es más artesanal, muy costoso y no se valora", comenta.

Juan Francisco Curbelo más conocido como Paco Abad, asegura que su abuelo Tomas Curbelo fue un maestro, muy bueno en su arte. "Mi padre era agricultor en Antigua y desde chico me mandaron a trabajar al taller de Gran Tarajal con mi abuelo y mis tíos. Allí aprendí el oficio", señala.

Paco recuerda las quemaduras junto al fuego, "dándole al molinillo en la fragua ayudando a los dos maestros Pedro y Roque, que eran fuertes y trabajaban con los martillos, eran finos pegando hierro con hierro. A pesar de que no había nada". De allí Paco se fue a trabajar de mecánico al hotel de las dunas de Corralejo, "así ahorré algo para casarme y vivir en Antigua".

De aquella época recuerda también los 12 años que trabajó en la fábrica de bloques de la familia Chacón, "donde hice mi horno y me iba hasta Puerto del Rosario en un ciclomotor".

Luego abrió su propio taller en su finca y al final de su vida se empleó en el Ayuntamiento de Antigua. "Mi mayor satisfacción es que mis hijos conocen bien el oficio y son más listos que yo", expresa emocionado.

El premio Insular de Artesanía 2015 es para todos los herederos del Maestro Tomás El Herrero. Tuvo nueve hijos y sus nietos han continuado con la tradición familiar hasta hoy.

Paco Curbelo González (Gran Tarajal, 1965) cuenta que Tomás era su abuelo y su padre fue el Maestro Pedro, que trabajó junto a su hermano Maestro Roque en el conocido taller de Gran Tarajal. "Eran unos verdaderos artesanos y muy buenos en este oficio, que yo he seguido con mucho entusiasmo", anuncia. "Mi padre de joven se fue a Venezuela y regresó para casarse en la Isla. Llegó con ideas renovadas y siempre estaban aprendiendo", resume.

Tenían el taller en los años 1960 y 1970 en el centro del pueblo de Gran Tarajal . "Recuerdo mi infancia dándole al molinillo de la fragua para mantener el fuego, y el bidón de agua al lado. Todo se hacía a mano los arados para el campo, los cuadros con correas de los molinos, hasta los ejes de los barcos y el taller era compatible con los almacenes del tomate para todos los útiles necesarios", insiste Paco.

El nieto de Tomás conserva intacto el viejo taller, situado en la calle Princesa Tamonante de Gran Tarajal. "Está lleno de reliquias. Funciona el viejo motor refrigerado con agua, un torno hecho a mano, un taladro antiguo, una bomba de agua manual, aunque la fragua de mi abuelo la presté y me la robaron en una exposición y he hecho la mía", afirma. Reconoce la grandeza del oficio en el que se pensaba mucho para que todo encajara y funcionara a la perfección. "Tenían fuerza y una gran cabeza para trabajar cada pieza a mano sin herramientas ni maquinaria. Y todo se terminaba y al final lograban que el trabajo saliera adelante en el campo y en la pesca", reflexiona.

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