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Corrupción política y dilación judicial

Corrupción política y dilación judicial

Corrupción política y dilación judicial

De la vida y milagros del tristemente conocido alcalde de La Oliva, en Fuerteventura, se ha escrito ya casi todo y en las hemerotecas de la prensa canaria se puede consultar y rastrear sus singulares y en ocasiones lesivas andanzas. Domingo González Arroyo no es una persona democrática, ni siquiera sabe lo que ésta representa más allá de la convocatoria periódica en las urnas. Ni lo sabe, ni le ha importado nunca. Es un hombre que se ha hecho así mismo, un autodidacta de la política, del chanchulleo, de la palabra fácil, encantador de voluntades compradas a golpe de promesas, de puestos de trabajo o de camiones de picón. Le gusta la proximidad con el pueblo, con ese que devuelve los favores y prebendas recibidos en las urnas. De entrega de cheques y sonrisas.

El llamado 'marqués de la Oliva' hizo y deshizo durante veinticuatro años bajo la anuencia y complicidad silenciosa de los presidentes canarios Lorenzo Olarte Cullen y Fernando Fernández, ambos colegas del mismo partido. Domingo compró silencios de forma y manera muy diversa.UCD, CDS, PP, e incluso Independientes de Fuerteventura, miraron para otro lado durante su mandato. Las denuncias de la antigua Asamblea Majorera, reconvertida luego en Coalición Canaria, no sirvieron de nada y ni siquiera el PSOE canario supo acotar los límites del cortijo que el marqués había construido.

"Las cosas de Dominguito", decían unos jocosamente, mientras por sus manos pasaban dudosos planes de urbanismo, licencias de apertura de locales condicionadas a un "mañana te pediré el voto" y un largo etcétera.

Domingo era de insulto fácil, especialmente hacia las féminas de la oposición, sin que nadie le hiciera frente. Asesorado por amigos abogados, políticos y por una Justicia que él sabía inoperativa, siempre supo sorteas las denuncias que una y otra vez llovieron sobre su bien impermeabilizado tejado.

Su generosidad política le llevó a una desmesurada contratación de empleados municipales ¿Generosidad o pago de fidelidades a los votos recibidos? Pero no seamos mal pensados. El alcalde de La Oliva es un hombre que vive por y para la política. No para la gran política, sino para la suya, esa que le permite estar cerca de su pueblo, recibir su aplauso y campechanamente departir con él. En cierta ocasión, en un despacho, le oí decir que lo que se escribía de él en la prensa no le importaba ni le hacía daño, porque la mayoría de sus votantes no sabían leer.....(sic)

Otras de las debilidades del marqués, amén de su amor y desamor por las mujeres, a lo que no hay nada que objetar, es su pasión por salir en los medios, escritos o audiovisuales. Sentirse protagonista, centro de atención, que se hable o escriba lo que sea sobre él .

Pero el arma letal de su defensa en todos los fregaos y denuncias contra su persona ha sido la inoperancia de la Justicia española, su lentitud en las resoluciones judiciales, el anquilosamiento de sus obsoletos medios. Esta justicia que todo español repudia, critica y soporta, porque se sustenta con los impuestos de todos los españoles, esta justicia que un ex alcalde de Jerez calificó de cachondeo, es la que le ha servido al alcalde de la Oliva, como biblia de cabecera, para cometer todo tipo de atropellos. Una justicia que con su dilación, le ha permitido crear un partido político cuando el señor Soria, nuestro ministro de Industria, se cansó de él. Una justicia que ha dejado de serlo y que necesita con urgencia una profunda intervención quirúrgica que la haga nuevamente ciega ante los poderosos y creíble para los que las sustentamos con nuestros impuestos. Una justicia, en fin, independiente del poder político. Es pues la injusticia de esa Justicia la que ha permitido presentarse al alcalde a unas elecciones.

Las triquiñuelas legales no le son extrañas. Alegaciones, recursos, contenciosos, son sus armas para escapar de una justicia excesivamente garantista a favor del delincuente. Una justicia en la que ya pocas personas confían, lo cual es sumamente grave. Puede llegar un momento en el que sea más eficaz la contratación de matones antes que solicitar los servicios de abogado y procurador. Y será muy peligroso para toda la sociedad si ese momento llegase. Por ello, es urgente que la Justicia sea rápida y que el ciudadano pueda confiar en ella. Una Justicia ciega, sin favoritismos, igual para todos.

Por ello, la lentitud con la que ha actuado, la hace cómplice del esperpento que se está viviendo en el Ayuntamiento de La Oliva. Ha sido, por decirlo en términos legales, una colaboradora necesaria para el desaguisado del que los ciudadanos del municipio estamos siendo testigos de un tiempo a esta parte.

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