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Entrevista a Marcial Morales

"En la Iglesia faltan animadores más que despachadores de sacramentos"

"Don Ramón Echarren fue un intelectual, aquí se jubiló y murió en la que acabó siendo su querida tierra", cuenta el presidente del Cabildo de Fuerteventura, miembro del Sínodo diocesano de 1992

Marcial Morales, presidente del Cabildo de Fuerteventura.

Marcial Morales, presidente del Cabildo de Fuerteventura. LP / DLP

¿Qué papel jugó el hoy presidente del Cabildo en el Sínodo celebrado hace 25 años?

El papel de un creyente que se sentía, como se siente, comprometido a aportar su grano de arena en el empeño continuo, de muchos, porque esta Iglesia sea y transmita buena notica a la gente, sobre todo a quienes están solos, desengañados, sin recursos, sin esperanzas. El Sínodo fue una preciosa iniciativa, en la que, como uno entre otros cientos de personas, participé con mucha ilusión, estudiando y dialogando mucho, primero en grupos de trabajo en la isla y después en comisiones y asambleas generales, viajando con frecuencia a Gran Canaria. Siempre con la conciencia de que lo que saliera del Sínodo sería resultado del trabajo de toda una comunidad diocesana y que respondía a un modelo de Iglesia en la que la verdad no es patrimonio de unos pocos, sino construcción de la mayoría. Aunque sólo hubiera sido por ese cambio de modelo, y hubo mucho más, el Sínodo mereció la pena y fue una suerte, que tengo que agradecer a otros creyentes que nos eligieron a quienes formamos parte del proceso final, haber participado en él.

¿Qué queda de aquel Sínodo de Canarias 25 años después?

Donde hubo, siempre queda. Y, sí, creo que queda mucho. Sobre todo, mucha gente que en ese tiempo aprendió a vivir su fe de manera activa y comprometida, a hacer y trabajar en equipo, a sentirse implicados en que esta tierra sea un buen lugar para todos, a integrar la diversidad como una riqueza en un pueblo que siempre fue mestizo blanco? Pero falta mucho, también. Faltan animadores de la comunidad más que despachadores de sacramentos, falta que en las parroquias se favorezca un clima de auténtica acogida al pobre , a veces, uno mismo se siente extraño en la que debería ser su casa, faltan celebraciones de la vida más que ritualismo. Si queremos resultados diferentes, no deberíamos repetir las mismas fórmulas.

¿Que supuso en su vida y en la de la Iglesia de Fuerteventura y de Canarias?

Lo entendí y lo viví, como creo que muchos otros creyentes, como una gran oportunidad de revisión autocrítica en la que se nos dio la palabra a los miembros de esta Iglesia de las Islas orientales para mirar hacia el interior y hacia fuera en búsqueda de la comunidad que debíamos construir y la presencia y el servicio que se podía esperar de nosotros en la Canarias de principios de los noventa. Como decía, no fue casualidad, sino un momento importante dentro de un proceso y supuso, sin duda, un revulsivo para que la Iglesia de Canarias respondiera, a través de cada uno de sus miembros, a la misión que da sentido a lo que creemos.

¿Cree que hubiera sido diferente con otro obispo?

Desde luego, el Sínodo no surgió de una ocurrencia de una persona, sino de un estilo y un modo activo y participativo de entender, organizar y vivir la comunidad cristiana, que era el ambiente de ese momento en estas Islas más próximas a África, de Tenerife para allá se respiraba, en ese tiempo, otro aire menos fresco. Echarren tenía una personalidad que no pasaba desapercibida, pero el entorno y el proceso en que se movía esta Diócesis, con hitos previos tan destacados como el Estudio Sociopastoral, que le costó más de un cólico nefrítico al obispo Infantes Florido y unos cuantos operativos a la Policía de entonces, que llegó a rodear el Obispado con una asamblea reunida en su interior, o el movimiento de Iglesia de base 'Achamán', movilizadora de personas y grupos embarcados en plataformas populares por toda la geografía canaria, hacía, creo, casi natural que se buscara el protagonismo activo de cada cristiano para decidir entre todos qué Iglesia queríamos y debíamos ser en ese momento para ser fieles al Evangelio de Jesús hecho realidad en una Canarias que aún caminaba por las primeras décadas de democracia, se sacudía viejos caciquismos, vivía la ilusión de mucha gente con la política y los movimientos sindicales, vecinales o sociales... Y mucho de eso quiso don Ramón, con el equipo que lo acompañaba, convocando el Sínodo.

¿Qué recuerda de don Ramón Echarren?

Con mucho cariño, porque, aunque hombre del norte, de mucho carácter, se dejaba querer, lo recuerdo como un reconocido intelectual del que siempre se dijo que venía a Canarias de paso, como a una especie de trampolín desde el que proyectarse hacia destinos importantes en la Iglesia española, pero la desaparición de su padrino, el Cardenal Tarancón, y la involución que sufrió la Iglesia en esos años, involución y empobrecimiento intelectual y de presencia activa en la sociedad de la que le cuesta recuperarse; ojalá nos dure años el Papa Francisco, que parece decidido a devolverle el pulso perdido, lo dejó, en broma le decíamos que estaba desterrado, hasta su jubilación y posterior fallecimiento en esta tierra, que acabó siendo su querida tierra. Un tipo entrañable, con aquello de 'llámame Ramón' siempre por delante, campechano, futbolero del Athletic, fumador empedernido, discutidor, valiente en sus opiniones, como cuando se atrevió a decir públicamente que entendía que un padre de familia desesperado robara comida para sus hijos?, me parece que tuvo una larga primera etapa como obispo muy positiva, movilizando a las parroquias y los movimientos de la Diócesis, desplegando una presencia y un discurso creíbles y respetados en la sociedad canaria del momento... Si acaso, podría decirse que le sobraron los últimos años, ya cansado y con frecuencia enfadado, refunfuñón sí era? ante muchas incoherencias que le rodeaban. Pero esto no desmerece lo que muchos creemos y siempre le valoraremos: que fue un muy buen pastor y una suerte para nosotros que las circunstancias lo hicieran canario.

¿Qué ha ganado y que ha perdido la Iglesia de Canarias desde 1992?

De la Iglesia de Canarias de hoy forman parte muchos cristianos honestos y comprometidos. Mucha gente que se formó y sé curtió en esa época preciosa de la Iglesia canaria y que, sin hacer ruido, en su parroquia, desde Cáritas o en cualquier otro tajo, acompaña a otras personas, responde a necesidades inmediatas, impulsa procesos de inserción, contribuye a la construcción de una sociedad más humana y sostenible. Ésa es una riqueza grande que permanece, aunque con frecuencia le falte relevo. Lo que echo en falta para que ese potencial crezca y se renueve con gente joven es que la estructura de la Diócesis y de las parroquias y los planes de acción se enfoquen a regar esa semilla, a mimarla y hacerla crecer.

¿Se necesita un sínodo en Canarias o un concilio en Roma con esta papa Francisco?

Nos vendría muy bien, sin duda, un cambio radical , es decir, que nos devuelva a nuestras raíces, que dinamice hacia una Iglesia centrada en las personas y no en los templos o los ritos, presente en la sociedad, no para ejercer poder, sino para servir. Cerca de los cincuenta años después del último concilio y veinticinco más tarde del sínodo de Canarias, ¿supondrían un revulsivo un concilio 'Vaticano III' o un nuevo sínodo? Al menos tan mayor como el Papa Francisco era Juan XXIII cuando convocó, sin que nadie se lo esperara, el último concilio, que dio un revolcón precioso a la Iglesia y la devolvió al mundo. Teniendo en cuenta, además, que el Papa actual está haciendo cambios hacia una Iglesia más auténtica, no sería extraño que se descuelgue sorprendiéndonos con alguna propuesta que nos revolucione, sea concilio o cualquier otra medida. Menos clima veo en esta Diócesis para algo tan importante y fuera de lo común como un sínodo, que debe ser parte, como lo fue en el 92, de un proceso de participación continuado y generalizado. Por ahí, creo, habría que empezar sin más pérdida de tiempo ni de energías..

La religiosidad popular sigue teniendo gran reconocimiento social pero las iglesias casi vacías, como en toda España? ¿Es lo que toca?

Yo no me obsesionaría con llenar iglesias, hay que estar ciego para no ver que la Iglesia católica pierde atractivo para miles de personas, también en Canarias, se envejece. Esta evidente crisis puede convertirse en una gran oportunidad si da lugar a un impulso hacia una nueva situación, en la que sobrará clericalismo, la gente pueda encontrar en la fe un motivo de esperanza y un empuje a la acción, se cuide la militancia de los cristiano, entre otros aspectos.

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