Los trabajos arqueológicos en las ruinas del convento franciscano de San Buenaventura en Betancuria, el más antiguo de Canarias, están dejando al descubierto cómo eran los muros del claustro y la fachada en el siglo XV, en cuyo recinto se alojó el fraile sevillano San Diego de Alcalá.

El convento de San Buenaventura fue uno de los primeros edificios construidos en Canarias tras la llegada de los conquistadores europeos a comienzos del siglo XV y estuvo habitado por una pequeña comunidad de frailes franciscanos hasta 1833, cuando acabó convirtiéndose en una ruina de la que solo quedo en pie la iglesia conventual.

El director de Tibicena, Marcos Moreno, empresa encargada de la intervención arqueológica, ha explicado que los trabajos en estos momentos se centran en buscar las trazas arquitectónicas del convento y ver qué "se puede saber de la vida de estos monjes desde el siglo XV hasta el XVIII que duró la vida útil de este espacio".

El arqueólogo ha manifestado que los trabajos "permiten realizar una primera aproximación a la extensión original del espacio conventual, definir la secuencia estratigráfica en diferentes puntos de interés del edificio, establecer cronologías fiables mediante datación radiocarbónica y determinar la secuencia paramental de, al menos, algunas zonas de la obra".

Marcos Moreno ha adelantado el hallazgo de varios muros del convento, entre ellos de los interiores que, posiblemente, daban al claustro, también muros divisorios y paredes de carga internas algunas con restos de encalado.

El arqueólogo ha comentado que la intervención del juez Roldán Verdejo allá por 1965 "sirvió para paralizar la desaparición de los restos que en ese momento existían en superficie, pero no coinciden con lo que está saliendo a la luz en esta intervención arqueológica" y ha añadido que "parece que pueden existir muchos más restos arqueológicos que los conocidos hasta ahora".

Hasta este momento, han aparecido la fachada, que iría aparejada a la iglesia del convento, y muros interiores en los que irían apoyados unos pilares, según el especialista en arqueología la pobreza de los materiales "permite datar algunas partes en el siglo XV y otros de un doble momento que podrían ser del XVII, momento en el que se hace una segunda obra".

Los trabajos realizados hasta ahora permiten imaginar un recinto al que se accedería por una puerta de entrada con una espadaña que daría paso a un gran pasillo.