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CRISIS DEL CORONAVIRUS

La soledad de Pepe Juan

Un centenar de enfermos oncológicos deben viajar a Gran Canaria para la quimioterapia

Pepe Juan Aguiar esperando en la sala de embarque del aeropuerto majorero para viajar a Gran Canaria.

Pepe Juan Aguiar esperando en la sala de embarque del aeropuerto majorero para viajar a Gran Canaria. YOLANDA AGUIAR

En medio del caos y las imágenes de soledad que nos inundan tras el decreto del estado de alarma, José Juan Aguiar Castillo ha finalizado su tratamiento de radioterapia. No es el único enfermo de Fuerteventura que tiene que desplazarse hasta Gran Canaria para someterse al tratamiento de quimioterapia ante la ausencia de una Unidad de Radiología en la isla. Más de un centenar de personas deben viajar a la capital grancanaria para recibir sesiones oncológicas. La situación para los enfermos con diversas patologías, que periódicamente deben trasladarse a los hospitales de referencia en las islas capitalinas para recibir sus tratamientos, se agrava ahora tras nuevas restricciones en la movilidad aérea en el transporte interinsular donde Fuerteventura queda conectada solamente con un vuelo diario con Gran Canaria y Tenerife.

Pepe Juan es natural de la ciudad de Gáldar pero reside desde hace más de 70 años en el pueblo de Tindaya. Ha tenido que superar a sus 87 años uno de sus peores miedos: viajar en avión. Cuando su urólogo le informó que debía tratarse su cáncer de próstata en el Hospital Doctor Negrín, se le vino el cielo encima. La oncóloga lo animó a realizar las sesiones de radioterapia viendo su magnífico estado físico y mental. Para que no fuera tan duro, le prepararon sesiones todos los sábados durante un mes y medio, en vez de tener que realizarlas consecutivas. Aunque a veces se negaba a tener que coger el avión al final algún familiar como su sobrina Aramita García, enfermera de profesión, lo motivaba para que no dejara el tratamiento. Con los ojos cerrados al despegar y aterrizar mostraba su terror a los aviones. El trayecto se le hacía más ameno con la lectura, una de sus pasiones. Estira la mano para coger el periódico, no en vano es un fiel seguidor de LA PROVINCIA/DLP.

Desde Agaete viene su hermano Ñito para llevarlo a Guanarteme a comerse "los churros más ricos de Gran Canaria", dice Pepe Juan. La amabilidad de los profesionales del Hospital Negrín, su sobrina Sandra Aguiar que trabaja allí y baja a verlo, la simpatía de las azafatas, el personal de los aeropuertos, su carácter bromista, todo ayudaba para que no fuera tan dramático para él. Pero se torció drásticamente, primero con la tormenta de calima y el miedo a no poder regresar a Fuerteventura por las cancelaciones de vuelos. Seguidamente llegó la amenaza del coronavirus, sin poder cancelar ni una sola sesión de quimioterapia porque perjudicaría su tratamiento, tuvo que hacer tripas corazón y viajar muy a su pesar.

Mascarilla, guantes, mucha precaución, mucha tensión: es una persona de alto riesgo en esta pandemia. Los aeropuertos mostraban una imagen desoladora, se apagaron las sonrisas. Su hermano no lo fue a buscar, también es de alto riesgo. Entonces solo tres vuelos disponibles al día, lo que prometía quedarse tirado en el aeropuerto. Nada era agradable. Solo terminar, no tener que volver el siguiente sábado y quedarse en su casa de Tindaya, tocando la guitarra, leyendo, y viendo en la televisión películas y documentales policiacos logró arrancarle una sonrisa ese día. Deseando que ver jugar a Messi y soñando con el ascenso de la UD Las Palmas, Pepe Juan ya está a salvo en casa.

"Si hubiera Radioterapia en Fuerteventura los enfermos de cáncer no tendríamos que estar pasando por esto" lamenta Pepe

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