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CRISIS DEL CORONAVIRUS

"No escapamos ni por los pelos"

La preocupación y la incertidumbre se apodera de los pequeños negocios de Fuerteventura

El peluquero Pablo Monzón corta el pelo a un cliente en la primera jornada de la desescalada, en su barbería de Puerto del Rosario.

El peluquero Pablo Monzón corta el pelo a un cliente en la primera jornada de la desescalada, en su barbería de Puerto del Rosario. FUSELLI

Prudencia, preocupación e incertidumbre. Una trilogía que se convirtió ayer en protagonista en la primera jornada de la desescalada en Fuerteventura. No todos los empresarios decidieron abrir las puertas de sus negocios a pesar que estaban autorizados para ello. En Puerto del Rosario, capital insular, apenas un 10% de los negocios procedieron a su reapertura. La inversión a realizar para adecuar los establecimientos a las nuevas normas higiénico-sanitarias y el pánico ante un futuro cada vez más incierto fueron elementos determinantes para continuar con sus puertas cerradas a la espera de observar la evolución social y económica generada por la pandemia del Covid-19.

La peluquería Siroco, en pleno corazón de la capital, ya tenía antes de que se autorizara la reapertura de la actividad, el libro de reservas casi completo. En esta ocasión, Pablo Monzón Tacoronte (Gáldar, 1973) tuvo que adaptar "deprisa y corriendo" el establecimiento con todos los requisitos exigidos por el Ministerio de Sanidad. "Hemos empezado con un poco de incertidumbre porque en las farmacias no hay mascarillas y las autoridades públicas no ha venido a los negocios a ofrecernos las mascarillas, ya que mucha gente viene sin medios de protección", apuntó el empresario galdense que lleva 16 años residiendo en Fuerteventura.

Monzón tuvo que acogerse a un ERTE y sus tres empleados llevan desde hace medio centenar de días sin trabajar. "Atendemos con cita previa. Entre un cliente y otro ponemos un margen de una hora para poder proceder a la limpieza y desinfección no solo de los sillones y utensilios sino del salón. Antes arreglábamos unas tres personas a la hora, ahora sólo una. El 50% de la facturación va a bajar". Además, se muestra pesimista con el futuro de la economía, "de esta no escapamos ni por los pelos. Las normas de esta pandemia han venido para quedarse", señaló.

David de León Suárez es fisioterapeuta y dueño de la clínica Tibiabín. Durante la fase de confinamiento sólo atendió casos de urgencias "todo ha cambiado. Ahora el paciente tiene que tomarse la temperatura en la sala de espera y lavarse las manos, mientras nosotros procedemos a desinfectar la zona de tratamientos y las camillas, al margen que los pacientes están separados a una distancia de tres metros. Esperamos que no exista un repunte del virus y todo vuelva a la normalidad".

El italiano Roberto Trapani regenta la cafetería Te quiero café. Tiene claro que el futuro es incierto y oscuro. "Nos veremos obligados a cerrar. No tenemos otra salida porque entre las medidas a adoptar y que la gente no vendrá, hay que echar el cerrojo".

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