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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Covid-19 | La pandemia aumenta la pobreza

La crisis eleva la llegada de familias necesitadas a los comedores sociales

La falta de respuesta de las instituciones y la burocracia empujan a los más vulnerables a buscar comida | La Misión Cristiana atiende a unas 300 personas

El pastor de la Misión Cristiana Moderna, Ángel Manuel Hernández, supervisa la entrega de alimentos en el Comedor Social, ayer. | | FUSELLI

El conoravirus no entiende de clases sociales. La falta de respuestas de las instituciones públicas a las demandas de las personas necesitadas y la excesiva burocratización para la petición de ayudas sociales han empujado a familias afectadas por la crisis sanitaria y económica provocada por la covid-19 a acudir cada día a los centros sociales en busca de alimentos u otros elementos de primera necesidad.

La Misión Cristiana Moderna, en mayor medida, y la Obra Social La Milagrosa, que pertenece a la congregación de las Hermanas de La Caridad, son los únicos recursos sociales en Fuerteventura que se han convertido en la esperanza para las personas desamparadas porque disponen de su propio comedor social. Llegar al colectivo más vulnerable, que se encuentra en situación de pobreza extrema y que no está bajo el paraguas de la ayuda social es el principal objetivo de las dos citadas congregaciones religiosas.

La otra cara de la moneda la representa Cáritas que cerró su comedor social en 2016, aunque en algunas parroquias entregan cheques de comida y ropa a las familias más necesitadas.

El pastor de la Misión Cristiana Moderna, Ángel Manuel Hernández, alerta que los recursos «están al límite. Son escasos porque la necesidad aumenta cada día. Además, la crisis sanitaria no entiende de clases sociales y observamos como diariamente se incrementa el número de familias desamparadas». Además, añade que «el sistema tiene estrangulado la supervivencia del pobre porque le impide buscarse la vida».

El trasiego de cajas y bolsas de comida no para en todo el día en la Misión Cristiana Moderna. Allí, atienden a unas 300 personas diariamente. Unas se acercan a buscar alimentos no perecederos, a recoger la comida del comedor social o a buscar vestimentas en el ropero solidario, entre otros muchos servicios que se presta desde su sede central, en el complejo industrial de Risco Prieto.

Ayer, el menú constaba de ensalada, arroz blanco, huevos y fruta, que les entregaba la cocinera voluntaria Pino Figueroa ante la atenta mirada del pastor Ángel Hernández.

Las medidas de la pandemia ha generado que se elimine el servicio de mesa y los usuarios se llevan la comida en táperes. «Aquí no hay descanso. El papel de los voluntarios en sus diferentes facetas es muy importante para que todo esto funcione a la perfección. Hacen un trabajo excepcional», asegura Ángel Hernández.

La citada congregación religiosa cuenta además con otros recursos como el Albergue Social, con una capacidad de 30 plazas destinadas a hombres y mujeres; las Casas de Acogida con 46 plazas en total; el comedor social, el Guaguaseo, el Banco de Alimentos o los puntos de reparto de alimentos a domicilio para aquellas personas afectadas por la covid o en las localidades de Corralejo, Gran Tarajal, Morro Jable o Puerto del Rosario, entre otros muchos servicios de ámbito social.

Hernández reconoce que familias muy normalizadas, que nunca necesitaron de servicios sociales «y se ven ahora se ven obligadas a ponerse en la cola para recoger alimentos. La gente pasa hambre y la vergüenza no le permite acceder a los recursos porque está bastante expuesto y visible. Para las personas con este perfil tenemos un acceso bastante discreto. Una persona no puede perder la dignidad cuando toca fondo».

La Misión Cristiana lleva trabajando con inmigrantes desde el año 2010, aunque con la llegada masiva de pateras desde el año 2018 afrontó la atención de los africanos. En la actualidad solo atiende a una veintena de inmigrantes que se ha quedado fuera del sistema de ayudas a la inmigración de las administraciones públicas.

«Mi conciencia me impide decirle a un inmigrante que se vaya a un hotel y a un nacional a un albergue. Es un agravio comparativo. Hay que apostar por la igualdad de derechos para toda persona», asegura el pastor Hernández mientras supervisa el reparto.

Sin embargo, el líder de esta congregación religiosa asegura que «me destroza el alma cuando veo a personas mayores venir a pedir comida para sus familias».

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