Nostalgia por una época escolar
Don Fernando vuelve a Las Parcelas
Cuarenta y cinco años después de haber accedido a su primer trabajo como maestro en la Escuela Rural de Las Parcelas, en el municipio de Puerto del Rosario, Fernando Pérez Vega, se reencuentra con sus siete alumnos de aquella época, en un encuentro marcado por las emociones y los recuerdos

Imagen del maestro Fernando Pérez Vega con sus siete alumnos de Las Parcelas plantando árboles en el colegio, en 1981. / Prensa Maximiliana
m. r. p.
No hay reloj que mida la emoción de un maestro cuando, después de casi medio siglo, vuelve a reencontrarse con los primeros alumnos tras concluir su carrera. Cuarenta y cinco años después, los pupitres en la Escuela unitaria de Las Parcelas o Colonia Rural García Escamez, en el municipio de Puerto del Rosario, ya no están, ni tampoco los cuadernos de espiral, las libretas o los lápices y bolígrafos de la época. Tampoco los cuadernillos de caligrafía Rubio, la goma de borrar Milán, las ceras, los rotuladores Carioca, las reglas de madera o el compás.
Fernando Pérez Vega (Gran Canaria, 1955) estudio Magisterio. En 1981 fue destinado a la Escuela de Las Parcelas a sus 25 años como su primer destino como profesional de la enseñanza donde tendría la responsabilidad de educar sólo a siete alumnos del colegio: Antonio Luis Marichal, conocido como Ñeco, María y Tina Armas, Rafael Rodríguez, Fabiola Rodríguez, Loli Rodríguez y Rosa Armas. Hace escasos días se produjo el reencuentro del maestro con sus primeros alumnos. Emociones encontradas, recueros imborrables y numerosas anécdotas de aquella Fuerteventura profunda.
Fernando llegó a Las Parcelas hace 45 años como su primer destino como maestro. «Siempre tuve la ilusión de reencontrarme con ellos después de tanto tiempo, y hace unos días pude cumplir mi sueño».
Un maestro se reencuentra 45 años después con sus primeros alumnos de Las Parcelas
El exmaestro no disimula su emoción al verse cara a cara con aquellos alumnos ya convertidos en hombres y mujeres. «Fue una emoción indescriptible. No sólo para mi sino para ellos. Recordamos aquellos momentos vividos en una época difícil. Fue muy emocionante».
«Avisé a través de la tiendita del barrio que las clases comenzarían al día siguiente. A las nueve de la mañana me encontré con mis primeros alumnos: siete niños de distintas edades y niveles. Me observaban en silencio, asombrados de tener por fin un maestro. El ambiente era tan callado que hasta un pajarillo se atrevió a entrar al aula. Poco a poco, con paciencia, conseguí que hablaran, que se soltaran y que empezaran a confiar en mí. Así comenzó mi vida como maestro: con nervios, ilusión y ganas inmensas de enseñar», reconoce Fernando. Además, recuerda que «la vida en Fuerteventura transcurría lenta, con dos velocidades menos, como siempre digo con cariño. En Las Parcelas no había electricidad. Por las noches iba a casa de mis vecinos para ver la televisión, pero solo cuando estaba el marido presente, porque no estaba bien visto que un joven soltero compartiera tanto tiempo en la casa de una mujer casada».

De izquierda a dercha, Fernando Pérez, Marí y Tina Armas, Rafa Rodríguez, Fabiola Rodríguez, Loli Rodríguez y Rosa Armas. / La Provincia
El maestro disfrutaba de las pocas horas que le brindaba su profesión «algunas tardes me escapaba con la bicicleta de un muchacho hasta la playa de Los Molinos, entonces casi virgen. Allí recogía mejillones entre las rocas, los cocinaba al vapor y cenaba saboreando el mar en toda su pureza».
Fernando recuerda como «una noche, la calma se rompió con gritos y carreras. Al asomarme, descubrí que un grupo de legionarios realizaba maniobras nocturnas alrededor de la escuela. Entonces comprendí por qué las maestras anteriores no se habían quedado a dormir solas en aquella casa».
Cuando llegó no había luz e iba a ver la televisión a casa de un vecino cuando estaba el marido
La despedida de aquel curso la recuerda Fernando Pérez con nostalgia. «Todavía guardo en la memoria la cara de aquellos siete chiquillos, sorprendidos y felices, quizás viviendo su primera fiesta escolar. Así fue como terminó mi primer curso como maestro en Las Parcelas, un lugar sencillo y humilde, pero lleno de recuerdos que aún conservo con cariño y nostalgia».

El espacio de la Escuela de Las Parcelas también fue usado para actos eclesiásticos, como misas, bautizos o celebración de bodas. / MICA MOSERRAT
Rafael Rodríguez, exluchador conocido como Pollo de Las Parcelas ,y actualmente oficial de la Policía Local de Puerto del Rosario, reconoce que el reencuentro «con don Fernando fue muy emotivo no sólo por mi parte sino por los compañeros de aula de aquella época.
Los cinco últimos alumnos que estuvieron escolarizados en Las Parcelas fueron: Fernando Peña, Rogelio Marichal, Fabiola Rodríguez y dos hijos del maestro.
El espacio de la Escuela también se utilizó para actos eclesiásticos, tanto para misas, bautizos o la celebración de bodas.
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