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Ciencia

La lapa majorera se enfrenta a la extinción por el marisqueo ilegal y el calentamiento global

Los esfuerzos de conservación que se han realizado desde 2015 para recuperar la lapa majorera no han sido suficientes para evitar su progresivo declive

Medición de una lapa majorera.

Medición de una lapa majorera. / ULL

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Verónica Pavés

Verónica Pavés

Santa Cruz de Tenerife

La lapa majorera (Patella candei) se encuentra en peligro de extinción. Pese a los esfuerzos que el Gobierno de Canarias ha realizado desde 2015 para garantizar su recuperación, un estudio liderado por la Universidad de La Laguna (ULL) revela que esta especie endémica, presente únicamente en Fuerteventura y las islas Salvajes (Madeira), ha desaparecido prácticamente de toda la costa de Fuerteventura y del islote de Lobos. De hecho, a día de hoy, solo sobrevive una única población relicta al sur de Fuerteventura, en la península de Jandía.

La investigación ha sido publicada en la revista Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems por el grupo de investigación de Ecología de las Comunidades Marinas y Conservación (ECOMAR) de la Universidad de La Laguna. El trabajo se enmarca en la tesis doctoral de Marina Aliende Hernández, bajo la dirección de los investigadores José Carlos Hernández y Beatriz Alfonso, y ha contado con la colaboración del profesor honorífico Jorge Núñez, quien llevó a cabo los primeros muestreos de esta especie en 1994.

Un plan de recuperación insuficiente

La lapa majorera es una especie emblemática de Canarias que habita en las zonas de mareas. Al quedar expuesta al aire durante la marea baja, se vuelve extremadamente susceptible a la presión marisquera, su principal amenaza. Sin embargo, esta especie está protegida desde 2015, lo que prohibe estrictamente su marisqueo y delimita sus zonas de conservación.

Por eso, lo que más llama la atención es que, cuando se compara de manera histórica con datos publicados en las últimas décadas, su estado de conservación no haya mejorado.

Los investigadores piden poner en marcha nuevas estrategias de conservación

Este escenario alerta sobre la necesidad urgente de poner el foco de atención y desarrollar nuevas estrategias para proteger a esta especie. No en vano, el área de distribución actual de la lapa muestra que el marisqueo ilegal puede estar detrás del declive. No en vano, el área de Jandía donde aún persiste la lapa majorera se caracteriza por presentar un fuerte oleaje durante todo el año, un factor que dificulta ese marisqueo ilegal al limitar el acceso a la costa.

Cabe recordar que la sobreexplotación marisquera también está causando que las lapas más comercializadas (las negras y las blancas) sean cada vez más pequeñas. Un estudio previo, publicado en Global Ecology and Conservation (GECCO), pone de manifiesto que las prácticas marisqueras de Canarias están influyendo en los ciclos de crecimiento y reproducción de las lapas.

El factor del cambio climático

Detrás de esta tendencia está la sobrepesca, pero también el cambio climático. Para indagar en las causas ambientales que están afectando a la especie, el equipo científico evaluó variables oceanográficas a lo largo de Fuerteventura, explorando la relación entre el aumento de la temperatura del aire y del mar con el declive del molusco.

Aunque los autores señalan que es necesario desarrollar experimentos específicos de estrés térmico para llegar a una conclusión inequívoca, los datos climatológicos analizados sugieren que la tendencia al calentamiento de las últimas décadas también ha podido influir negativamente en la alarmante situación de la especie.

Las lapas son especialmente vulnerables cuando su abundancia disminuye drásticamente. Al ser organismos de fertilización externa, dependen de la presencia de un gran número de individuos maduros y cercanos entre sí para asegurar el éxito reproductivo y la prosperidad de la población. Por ello, el estudio concluye que las futuras acciones de conservación deberían poner el foco en explorar el cultivo en laboratorio de ejemplares de Fuerteventura y su posterior reinserción en el medio natural, priorizando zonas con condiciones oceanográficas similares a las de la península de Jandía, el último refugio de la lapa majorera.

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Fuente: El Día - La Opinión de Tenerife

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