Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista | Carlos González CEO Grupo Waikiki

Carlos González, CEO de Waikiki: "Si pides en Fuerteventura una licencia, mejor esperar sentado"

El empresario repasa la expansión del negocio familiar, denuncia las trabas para emprender en las Islas y señala la falta de personal como principal reto

Carlos González, CEO del Grupo Waikiki, junto a uno de sus locales.

Carlos González, CEO del Grupo Waikiki, junto a uno de sus locales. / Guillermo Suanzes Rodríguez

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Las Palmas de Gran Canaria

El Grupo Waikiki nació como un negocio familiar en Fuerteventura y en los últimos años ha abierto nuevos negocios en Tenerife y Madrid. ¿Qué balance hace de esta expansión? ¿Ha cumplido las expectativas?

Las expectativas se han cumplido y no, porque la ambición es mayor. Mi padre empezó en Fuerteventura y ahora mi hermano y yo estamos al frente, más dedicados a gestionar el día a día. Decidimos probar en Madrid con el restaurante «Chido». Con la pandemia tuvimos mala suerte y al final tuvimos que cerrar, pero montar ese primer local en la capital nos abrió la puerta a entrar en centros comerciales. Entramos en X-Madrid y la verdad que estamos muy contentos. Y después ya acabamos abriendo varios locales en Tenerife. Ahora el último año lo hemos tomado con más calma sentando todo para después seguir con la expansión en la Península y también en Canarias.

Gestionar establecimientos en territorios tan diferentes no parece sencillo. ¿Cuál ha sido el mayor reto?

Cuando gestionas un local que no tienes delante cada día, lo que más tienes que trabajar es la formación del equipo y la implicación de las personas que están al frente. Y otro de los grandes retos ha sido adaptar nuestro modelo de gestión de personal. En Fuerteventura estábamos acostumbrados a trabajar con un cliente extranjero y el negocio es bastante lineal durante toda la semana, no tienes esos picos tan marcados de fin de semana como en una gran ciudad. Al llegar a Madrid y Tenerife nos encontramos con una demanda mucho más concentrada en viernes y sábados, así que hemos tenido que reorganizar los contratos.

Tiene desde heladerías a restaurantes mexicanos. ¿Influye el destino en el concepto de negocio?

Claro, es fundamental entender qué busca el público. La diferencia no está tanto en el concepto de negocio, sino en la oferta. Con el estudio de mercado detectamos qué producto falta en cada zona y buscamos ese nicho. Así surgió el mexicano y la heladería en centros comerciales, y en Fuerteventura aplicamos la misma lógica con la oferta de restauración. La diferenciación real es cultural. El cliente extranjero tiene hábitos distintos. Por eso, con el cliente local es más fácil y más importante fidelizar, ya que el boca a boca pesa mucho más; con el turista, en cambio, está la barrera del idioma. En cualquier caso, el objetivo siempre es dar el mejor servicio.

¿Qué nuevos destinos o proyectos están sobre la mesa?

Yo vivo en Gran Canaria, pero allí lo veo complicado. Al final abren y cierran muchos sitios, no existe un hábito de consumo muy establecido. En zonas turísticas al sur quizás sería diferente, pero montaría otra cosa. Hemos investigado abrir en la capital, en el Centro Comercial Las Arenas, pero no ha surgido una buena oportunidad.

Representa a una nueva generación de empresarios canarios. ¿Es hoy más difícil emprender en Canarias que hace unos años?

Nosotros al final nos acostumbramos desde pequeños porque mi padre siempre estaba montando negocios, lo hemos mamado desde chiquititos y no sabemos hacer otra cosa que pensar en montar negocios. Pero sí es cierto que cada vez es más complicado. Todo el tema laboral está complicadísimo, no hay gente que quiera dedicarse a ello y nos afecta mucho el absentismo laboral. Hay muchas trabas para los empresarios y la presión a nivel fiscal es evidente. Y qué te voy a contar de la burocracia y las administraciones...

Tiene la experiencia de abrir locales en Canarias, en islas no capitalinas, y también en la capital. ¿Hay mucha diferencia?

Claro que hay diferencia. Es más fácil en Madrid que en Canarias. Y es más fácil en Santa Cruz de Tenerife que en Fuerteventura. Esa es la escala de dificultad. En Fuerteventura presentas una solicitud de licencia y no te contestan en menos de dos años. Y vas al Ayuntamiento de La Oliva y te dicen que ya te responderán, que esperes sentado. Es una locura el tema de urbanismo en Fuerteventura.

¿Cuál diría que es el verdadero obstáculo de emprender en Canarias?

El principal problema que tenemos hoy en día es el de encontrar trabajadores.

¿A qué lo atribuye?

No creo que sea por el sueldo o por las horas. Nuestros trabajadores a final de mes ganan más que en muchos oficios. Pero es un trabajo sacrificado. No es cuestión ni de sueldo ni de número de horas, sino que creo que un tema de conciliación, de horarios. Nosotros tenemos todo en regla, pero obviamente hay establecimientos que no cumplen con las normas.

Algunos empresarios del paseo marítimo han denunciado públicamente sentirse perjudicados en la gestión de determinados asuntos y hablan de un supuesto trato de favor hacia el presidente de la patronal, Antonio Hormiga, que cuenta con negocios en la zona. No es el primer problema que usted tiene con el empresario. ¿En qué punto está el conflicto?

El ayuntamiento nos pone pegas constantemente, con muchos proyectos y el último ha sido el del paseo marítimo. Todo empezó cuando nos llega una notificación al restaurante y nos dice que tenemos que tirar un muro y una esquina del local en diez días. Sin previo aviso, sin periodo de alegaciones, sin informe público, sin nada. Nosotros recurrimos el proyecto y lo paralizaron. Empezamos a investigar y descubrimos muchas presuntas ilegalidades. Se están atribuyendo cosas a otros locales que ni siquiera son locales. Le atribuyen una terraza en dominio público a un apartamento que, casualmente, pertenecen al jefe de la patronal. ¿En base a qué y por qué? No sabemos, y así ocurre con todo. Nosotros recurrimos todo y esta pendiente de juzgarse.

¿Y saben algo de la denuncia?

Hay un procedimiento contencioso, con una sentencia del TSJC que suspende parcialmente la obra hasta que el juzgado se pronuncie sobre su legalidad o ilegalidad, pero que ya ha apreciado que el Ayuntamiento no puede hacer lo que le está haciendo al Waikiki. Y paralelamente, hay una instrucción penal para dirimir si en la concepción y ejecución del proyecto hay prevaricación o tráfico de influencias, con un fiscal que ya ve indicios de criminalidad y pide que se investigue. Además, hay también un proceso civil para que el Sand Beach, local del presidente de la patronal, demuela la parte de su local-terraza que ocupa en zonas comunes del complejo Ayoka y otras acciones y medidas en ciernes, judiciales y administrativas.

Con tanto conflicto abierto y el sentimiento de que las administraciones no están de su lado, ¿no se le hace cuesta arriba continuar con los negocios en la zona?

La verdad es que no. Parece que este tipo de procesos judiciales pueden agotar, pero al final lo que te provoca es más impotencia. Ves injusticias, ves que no jugamos todos con las misas reglas del juego y te da rabia. Y eso me da fuerza aunque sea pelear contra un gigante con muchos amigos. No hay que olvidar que el señor Hormiga ya tuvo una condena por un delito de desobediencia a Costas por levantar un precinto que se le había puesto por haber colocado la terraza sin autorización.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents