- Con sólo un puñado de votos, lleva usted una carrera meteórica. En menos de un año se coló como número tres de la lista de CC-CCN, después rompió la alianza con sus socios nacionalistas para tener la llave de la gobernabilidad del Cabildo, luego desbancó de la Vicepresidencia a Fernando Bañolas y consiguió que su esposa sea senadora en las listas del PP. ¿Qué es lo próximo?

- En su pregunta hay aseveraciones que no comparto y que pueden inducir a conclusiones erróneas. No lo conseguí yo, sino que los hechos se han dado así. Yo entré en el CCN antes de las últimas elecciones locales, después de haber estudiado Ciencias Políticas y tener actividades en ámbitos sindicales. Fui un militante activo desde la etapa de ICAN y luego estuve una etapa en el PSOE, siempre en el ámbito del centro izquierda y del nacionalismo canario. Un proceso de evolución personal me llevó a integrarme en el CCN. En el proceso de negociación con CC ya participé como secretario insular y pactamos que yo fuera como número tres de la lista. Nadie tiene la certeza de cuál es el número de votos que corresponde a cada una de las siglas de esa coalición electoral. Si sólo hubiésemos sacado dos consejeros nadie estaría hablando de que nos hemos colado. Cada votante centrista tiene tanta dignidad como el de cualquier otro partido.

- ¿Y por qué se rompió tan pronto esa alianza con CC, además, sólo en el Cabildo?

- La misma noche electoral, al ver los resultados, nos pusimos a disposición de Fernando Bañolas para entrar en diálogo con el PP porque el resultado convertía de facto a José Miguel Bravo de Laguna en presidente del Cabildo. Ocurre que también estaba pendiente el pacto del Gobierno autonómico y se paralizó el pacto en Gran Canaria a expensas de los intereses políticos de CC y de Paulino Rivero en particular. Dijimos que no queríamos ser moneda de cambio ni defraudar al electorado grancanario, siendo una moneda de cambio para un pacto regional que iba en dirección opuesta a lo que habían decidido los ciudadanos en las urnas. Forzamos a CC a entrar en el gobierno del Cabildo, pero desde ese momento empezaron las fricciones, que continuaron luego con la negociación del acuerdo con el PP. Nos dieron la Consejería de Industria y Comercio y después intentaron quitárnosla porque dijeron que tenía más asesores que las de ellos, de tal forma que terminamos negociando con el PP por separado. Allí ya estaba rota la alianza electoral con CC, tanto que hasta media hora antes de presentar el pacto en el hotel Iberia no sabíamos si Bañolas iba a participar o no. La relación se complicó más cuando el secretario general del Pleno, en mi opinión columpiándose de manera absoluta, hizo un informe que nadie le pidió y que decía que la ruptura de la coalición electoral suponía el pase al grupo de No Adscritos. Al final, el presidente Bravo decidió nombrarme a mí como vicepresidente e invitó a CC a seguir. No movimos ficha para sacar a Bañolas, fue una decisión del presidente.

- ¿Cuál fue el desencadenante?

- Aparte de que durante tres meses teníamos que desmentir cada día la presentación de una moción de censura, el elemento crucial fue la unión entre CC y NC para las elecciones generales. Querían fagocitar al CCN y nos rebelamos.

- Al final serán los jueces los que establezcan si es usted un tránsfuga o no. ¿Qué espera de los tribunales?

- Espero que de ninguna manera sea designado como tránsfuga. Lo que está en cuestión no es si soy tránsfuga o no, sino si debo estar en el grupo Mixto o en el de No Adscritos. Bañolas no está cuestionando, al menos no formalmente en su escrito, que Juan Domínguez y el CCN sean un caso de transfuguismo, sino que debo estar como no adscrito. La lógica, y eso todo el mundo lo entiende, es que el tránsfuga es aquel que se sale de las directrices de su partido para hacer otra cosa. Hace unas semanas que he sido nombrado secretario general del CCN, lo cual es una muestra de la disciplina a mi partido.

- En la campaña electoral, el CCN apareció como una opción nacionalista más radical que CC, incluso independentista. ¿Se siente cómodo ideológicamente con el PP?

- Absolutamente. Lo del independentismo del CCN obedece casi a un accidente, pues unas declaraciones de nuestro presidente, Ignacio González, se interpretaron mal. El CCN no es independentista.

- La papa caliente de este mandato en el Cabildo es decidir dónde se pone la planta de gas. ¿Usted qué propone?

- Lo que dice el CCN es que se ponga en algún lado. Vamos a estudiar la ubicación más idónea, no será perfecta, puede ser en mar o en tierra, en Juan Grande, Agüimes o Las Palmas de Gran Canaria. Lo que no podemos hacer es poner barreras de forma anticipada a nuestro desarrollo. Lo mismo ocurre con las prospecciones petrolíferas.

- ¿Era necesario tanto revuelo para mantener los dos coches de lujo, incluso involucrando en presuntos tratos de favor al empresario que cedió los vehículos de forma gratuita a la anterior corporación?

- Lo de los coches me da lástima, pena y vergüenza ajena. Primero, yo prescindiría absolutamente de ese coche, pero cuando acudo como representante del Cabildo a un acto en un municipio, donde esperan ver a la institución, no puedo aparecer con mi Peugeot 106 hecho polvo, que es el coche que tengo como ciudadano. Además, yo viajo en guagua. Ese coche lo utilizó el anterior vicepresidente, es verdad que de forma gratuita y no voy a entrar en más polémicas, pero a la nueva corporación se nos dijo que hay que arreglar ahora esa situación. Son dos coches de gama alta que cuestan a día de hoy 27.500 euros cada uno, una ganga. Sería una estupidez quitarlos ahora.