El pasado 20 de febrero celebró su 106 cumpleaños. A pesar de que los surcos de la vida se reflejan en su cara y los años han teñido, inevitablemente, su pelo de blanco, Juana Cabrera goza de una salud y un aspecto envidiables. Toda una vida dedicada a la costura, no ha necesitado ni cremas ni cuidados especiales, pues "tan solo comer poco y vivir" es lo que ha hecho que esta majorera de nacimiento sea a día de hoy la abuela de Telde.

Un título que valió ayer un homenaje por parte del Ayuntamiento, dentro de la Semana de los Mayores, materializado en un ramo de flores entregado por la alcaldesa, María del Carmen Castellano, y Minerva Pérez, directora de gobierno de Asuntos Sociales. Muy tranquila en su sofá, espera que la visita de la mañana se coloque en torno a ella en el salón de su casa del Valle de Jinámar. La cara se le cambia cuando una rondalla de la Escuela Municipal de Folclore canta para ella. "Me gusta mucho la música de cuerda", asegura con un hilo de voz. Y es que hace poco que se ha recuperado de una bronconeumonía que la mantuvo hospitalizada durante algo más de dos meses.

La afonía no le impide seguir el ritmo con manos y pies, pues a la mujer más longeva de la ciudad de los faycanes siempre le gustó bailar, aunque asevera que "tenía poco tiempo porque había que trabajar mucho para sacar adelante a mi familia". Cosía para familias importantes de Las Palmas de Gran Canaria como la del general García Escámez, doña Pura Bascarán o Pedro del Castillo. Precisamente el hijo de este último la visitó hace unas semanas portando unas camisas que aún conservaba de la juventud y que Juana le hizo a mano.

Aquellos eran otros tiempos y ahora la vida de la abuela de Telde es más tranquila. Ver la televisión y leer prensa ocupan su tiempo. Si bien ella también "es un poco periodista", según su hijo Carmelo, quien garantiza que "le encanta hablar y preguntar de todo a la gente que viene a visitarla".