Gran Canaria ha reducido a casi la mitad la superficie cultivada de tomates en los últimos doce años, pasando de las 1.574 hectáreas de la zafra 1998 a las 891 hectáreas de hace dos años. Así lo manifestó ayer el doctor en Historia de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Manuel Rebollo López, en su conferencia 125 años exportando tomate canario al continente europeo.

La charla se impartió en la sede de la Real Sociedad Económica Amigos del País de Gran Canaria, ante numerosos asistentes, tras la presentación del profesor de Historia Económica, Miguel Suárez Bosa. En cuanto a la producción, la mayor bajada de superficie se ha producido en Santa Lucía. En 1998 se dedicaba al tomate casi 411 hectáreas y en 2010 solo 126 hectáreas. También han reducido cultivos, aunque en menor medida, Agüimes, La Aldea, San Bartolomé, Ingenio, Mogán, Gáldar y Telde.

Competencia exterior

Rebollo señaló que en la última década, la incidencia de las enfermedades y la creciente competencia exterior, han culminado en las bajas cifras de exportación actuales y que han significado bajar en 15 años, en más del 50 % de las exportaciones expedidas en la zafra 1995-96. Hasta la zafra 1997-98 las exportaciones desde Canarias superaban el 50% del total de las expediciones españolas, pero ya en la temporada 2006-07 se habían reducido al 30 % y en las últimas campañas ha continuado en esta línea descendente.

También incide en este descenso la exportación marroquí; desde la campaña 2005-06 sus cifras superan las exportaciones canarias. El doctor en Historia recoge en su tesis doctoral El tomate en Gran Canaria: cultivo, empresa, aparcería y exportación, elaborada durante seis años, que el otro factor que incide en los mercados, el tomate peninsular amplía su campaña para exportar durante todo el año y, actualmente, vende su tomate en el mercado canario durante el período estival.

Manuel Rebollo inició su conferencia recordando que ya hace 125 años que se iniciaron las primeras exportaciones de tomate canario a Londres, impulsadas por el comerciante inglés Edward W. Fyffe. Gran Bretaña se encontraba en plena expansión industrial y la gran masa de trabajadores de la industria exigía una alimentación imposible de atender por los agricultores ingleses. Por su parte, el Archipiélago disfrutaba de temperaturas suaves en invierno, una situación estratégica y una fiscalidad especial con la Ley de Puertos Francos, concedida a Canarias en el año 1852.

"A todo ello se añadían las instalaciones de un magnífico puerto de escala y los avances del transporte marítimo. Los nuevos barcos de vapor, más rápidos y seguros, podían trasladar la fruta a Liverpool y Londres en un tiempo no superior a 7 días", señaló. Los ingleses mantendrían la hegemonía en la comercialización del tomate hasta el primer cuarto del siglo XX.

Ya en 1930 los empresarios canarios se organizan en la Asociación Patronal de Exportadores. En ese momento había 1.406 hectáreas de tomate, 1.750 hectáreas de plátanos y otras 2.778 de papas, superando los tomates a los plátanos al final de la década de los 30. En 1947 las exportaciones de tomate eran el 47% y las del plátano el 31%, yendo la mayoría al Reino Unido y a Irlanda. Así se pasa de los 16 millones de kilos en 1942 a los 102 millones de finales de esa década.

Rebollo destacó que el asfaltado de las carreteras contribuyó en esa época al impulso del cultivo, ya que de los 685 kilómetros de vías, casi la mitad estaban asfaltados. En la zafra de 1959 se exporta 129 millones de kilos de tomate. En 1973 las exportaciones bajaron a 86 millones de kilos. Posteriormente, la competencia y las plagas han provocado más bajadas.