¿Por qué ha venido a Santa Lucía a hablar sobre Otra educación pública es posible?

Cuando Santa Lucía me invitó me dijo que hace años estaba siguiendo las líneas del proyecto de la Ciudad de los niños y desde hace 10 años esta es la motivación más fuerte que me mueve: el favorecer y el potenciarlo en las ciudades que se añadan a la red. Y Santa Lucía quiere incorporarse a este proyecto.

¿Cómo describe la educación que se da a los niños, en general?

Me preocupa que se proponga a los niños una educación que antes era para los pocos que seguían estudiando. Los que seguían eran hijos de familias que tenían cultura, normalmente también con poder adquisitivo. Tenían la primera escuela en la familia, porque tenían libros, costumbres de actividades culturales, como conciertos, viajes. Y la escuela completaba su educación familiar. La escuela que se sigue dando hoy es la misma que la mía: ofrecemos a todos un educación que era buena para pocos, ofrecemos un complemento de algo que a la mayoría le falta. La mayoría de los chicos que entran en esta escuela no la entienden y fracasan porque no tienen remedio, y no porque no sean capaces. Lo que cuenta son la lengua, la matemática, la ciencia y casi nada más. Y los que nacieron como músicos, como artistas, o como bailarines o hábiles con las manos, podían llegar a ser artesanos u obreros con calidad. Y simplemente la escuela los echa y tienen que pasar por caminos muy raros, de trabajos de baja calidad, desconocidos.

A veces se valora más la educación de los centros privados, que la pública. ¿A qué se debe?

En Italia no es así. Tenemos pocas privadas y la buena es la escuela pública. Para ser una escuela ha de ser pública, abierta a todos. Cada vez que se coloca al lado de alquien es una equivocación pedagógica porque es una escuela que ofrece un mundo separado. No tiene una característica principal que es la diversidad.

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