Las cabras de Manuel son la leche
Un aruquense arrasa en La Granja al llevarse los tres premios del concurso de rendimiento lácteo y otro en el de raza caprina
Antonio José Fernández
Manuel Jiménez Castellano no tiene ningún balón de oro, pero las ubres de sus cabras valen su peso en este preciado metal. Y todo porque de estas mana tal cantidad de leche que batirse con ellas es un duelo imposible. Dicho de otra forma, las cabras de Manuel son la leche. El trozo de rebaño que bajó este fin de semana desde su finca de Arucas hasta La Granja Agrícola Experimental del Cabildo dio la talla y dejó boquiabierto al personal que acudió a la entrega de reconocimientos de la Feria de Ganado Selecto. Tanto cumplió con su obligación, que es la de dar leche, que no dejó premios para nadie más. Al menos en el apartado de rendimiento lácteo.
Tres de sus lustrosas reses llenaron barriles sin ton ni son. Con Culeta, de pelaje gris y gracioso, al frente del pelotón de ´donantes´, Jiménez se llevó un gran aplauso y el primero, el segundo y el tercer premio tras el veredicto emitido por la ordeñadora automática. Y si no se hizo con el cuarto es porque, sencillamente, este no existía. Eso sí, también le dieron otra distinción en la sección de ganadería caprina majorera. El hombre andaba henchido de orgullo, con su póquer de metopas en las manos, hasta que se vio obligado a confesar a micrófono trasquilado y a preguntas de la organización su secreto para semejante producción lechera: "Les pongo música. Rumba... el macho por las noches". Carcajada general y nueva ristra de palmas.
En un sitio colgado del norte al que llaman La Dehesa tiene este ganadero de casi 74 años a sus cabras empadronadas. "Eran 200 hasta el año pasado, pero me dio un infarto y aunque aquí sigo, bebiendo leche y comiendo gofio, me he quedado con 80", apuntaba a posteriori a este periódico. Con la ayuda de su hijo Miguel buscaba una esquina en una de las celdas de la feria para posar junto a sus animales. "Están bien criados. Si dan tanto es porque comen bien, y para eso hay que trabajar mucho, muchacho. Hay que levantarse antes de que salga el sol , a las cuatro de la mañana, y buscar forraje". Lo dice con el dedo índice muy firme y una seguridad que asusta.
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