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Tejeda Memorias (II)

Travieso: "Pronto lo tuve claro, luchar contra la injusticia y defender a los trabajadores"

El sindicalista y exdelegado del Gobierno rememora la labor de los abogados laboristas en la Unión de Técnicos y Trabajadores (UTT)

Anastasio Travieso, en el patio de su casa de Tejeda.

Anastasio Travieso, en el patio de su casa de Tejeda. SANTI BLANCO

"En aquellas reuniones se hablaba a tumba abierta de los problemas, de los convenios, etcétera, sin reservas mentales. Poco a poco la política fue impregnándolo todo cuando la legalidad impedía avanzar en la solución de los problemas. A consecuencia de aquello aquel abogado, que nos miraba asombrado pero nunca informaba de lo que allí se hablaba, terminó afiliado a la UGT, como también afilié al delegado de Trabajo, porque yo para entonces ya había entrado en la UGT y el PSOE".

"Ha habido un proceso de concienciación que se va produciendo inconscientemente. Yo, además de la actividad sindical, sigo trabajando, no dejé de trabajar nunca en mi empresa, cumpliendo. Tengo un número de horas para actividades sindicales que nunca consumo. Si tengo que ir a una reunión, pido permiso y salgo, pero mi trabajo siempre está atendido".

Trabajaba de lunes a sábado a mediodía. "Hacíamos la semana inglesa en la empresa porque antes se trabajaba hasta el sábado por la tarde. Solo se libraba el domingo. Yo tenía la gran suerte de trabajar en una empresa inglesa. A mí nunca me tuvo que llamar la atención nadie por mi trabajo. Esa era mi primera preocupación. Como decía mi padre: que nadie te lave nunca la cara".

Aires de apertura sindical. Transcurrido un tiempo se convocan nuevas elecciones sindicales "porque se pretende hacer una seudorrenovación del sistema, un lavado de cara, cuando empiezan a hablar de las asociaciones políticas. Llega un delegado sindical, Enrique Gómez Palmero, con aires aperturismo y otras formas, pero guardando las esencias".

Según aquel sistema, cada vez que había unas nuevas elecciones solo se renovaba un 50% para que quedara la mitad con experiencia y memoria histórica. "Lo hacían porque siempre tenía que haber leales que vigilaran para que aquello estuviera en su sitio. En aquel consejo provincial de trabajadores había personas que venían de muchos años atrás, de la gente del régimen. Yo podía haberme quedado como vocal provincial, pero me volví a presentar a enlace sindical en mi empresa para que me eligieran desde abajo".

"Yo ya estaba mentalizado, en contacto con la UGT y con el PSOE. En otros sindicatos estaba pasando lo mismo: estaba Salvador García Carrillo en sanidad, y otros en otros gremios, con los cuales también había habido un proceso. Unos estaban en la órbita de CC OO y otros en UGT. Antes de eso yo no había oído hablar nunca de UGT ni del PSOE, pero un día empecé a recibir en mi casa el periódico El Socialista desde Francia. Salvador también. Hasta que un día descubrimos quién era, porque él se presenta: era un joven periodista de LA PROVINCIA, que había venido de la península, militante del PSOE, a quien habían encargado que sembrara la semilla en aquel terreno. Era un tío muy listo y activo que se desplazaba en moto. Nos reuníamos en el hotel Los Fraile de Tafira, hoy desaparecido".

"En un momento de mi actividad sindical yo necesitaba encontrar una organización, fuera del sistema, para darle contenido a todo aquello. Por mi formación y tradición familiar, tenía claro que lo que me inquietaba era todo lo relacionado con lo social: luchar contra la injusticia, la defensa de los trabajadores. La vivencia de lo ocurrido a mi padre no se me olvidaba. Yo quería que cambiara la dictadura, pero no con otra dictadura. Yo sabía que existía el Partido Comunista pero por ahí no iba yo. Entonces empiezo a leer cartas de Nicolás Redondo en El Socialista que coincidía con lo que yo pensaba: democracia interna, libertades, defensa de los derechos de los trabajadores, una sociedad democrática".

Ya había un cierto aperturismo, la ley de prensa de Fraga, aparecen libros interesantes en las librerías. "Empiezo a comprar libros. Recuerdo uno que era Democracia, de la asociación Rockefeller, un libro pequeño. Devoraba los libros sobre los cristianos y el socialismo, empecé a comprar Cuadernos para el diálogo, a leer Cambio 16, donde estaba Julián Ariza. Todos eran gente del PSOE o del PCE. Más tarde entré en contacto con Ariza en Madrid.

Cristianos y marxistas. "Hubo entendimiento en ese encuentro entre cristianos y marxistas. Desde 1969 y 1970, cuando íbamos a los conventos a reunirnos, los cristianos a mí me respetaban muchísimo y yo a ellos también. La lucha nos unía, los objetivos nos unían: derrocar el sistema y crear uno nuevo. En eso estábamos totalmente de acuerdo y trabajábamos juntos y nos entendíamos perfectamente".

Asegura que no renuncia en absoluto al marxismo, "independiente de que haya gente que diga que eso ya está obsoleto. El proceso está avanzando de tal manera que cada vez los hechos y las circunstancias políticas y sociales le dan la razón a Marx. Lo que ocurre es que mi concepción del marxismo es partiendo de la base de que Marx y los marxistas no somos propietarios de la verdad absoluta. Tenemos nuestra parte de la verdad y nuestra capacidad de compartir con el resto ese concepto ideológico. Somos propietarios del cincuenta por ciento de la razón y los otros lo son del otro cincuenta. No eres propietario de la razón absoluta". Su etapa sindical fue intensa. Tras salir enlace sindical en el vertical, volvió a presentarse a las elecciones para el Consejo de los Trabajadores, que era lo máximo. "Allí nos vimos gente que ya habíamos estado en contacto unos con otros. Los sindicatos llamados ilegales ya estaban organizados y actuando bajo cuerda. Recuerdo que paramos las plataformas petrolíferas y los embarques hasta que no firmaran contratos. Mucha gente del campo trabajaba en plataformas".

Salió elegido presidente del Consejo Provincial de Trabajadores y ahí empezó su progresión pública porque se empezaron a romper aquellas viejas estructuras del régimen. "Pusimos al sistema contra sus propias contradicciones porque lo que figuraba en la ley no se cumplía. La llevamos a sus últimas consecuencias. Las reuniones empezaron a ser abiertas, con los medios de comunicación, prensa y radio presentes, escritos continuos a dichos medios, etcétera".

En aquella época había un gobernador civil que se llamaba Martínez Cañabate. Gómez Palmero era el delegado sindical. "Se organizó un acto en la Feria, una comida presidida por el gobernador civil, y el delegado sindical me dijo si yo quería hacer el discurso. Salvador García Carrillo, que siempre ha sido mi amigo, trabajaba en la clínica del Pino. Nos metimos en una sala de la quinta planta y le leí el discurso que había hecho. Quedamos en tirar para adelante".

Aves de paso. El núcleo principal del discurso decía la siguiente frase: "Los canarios estamos hartos de aves de paso, de gente que viene y se va y no aporta nada". Algo así. "Recuerdo que Carmona, que fue periodista de LA PROVINCIA, en unos sueltos que escribía, sacó el tema de las aves de paso. La calva del gobernador civil se iba poniendo roja. Preguntó que cómo era posible que el presidente del consejo de trabajadores fuera un comunista. Para aquella gente, o eras de ellos o comunista".

En otra ocasión, se celebraron unas jornadas en La Aldea de San Nicolás. Fue un acto público en el cine del pueblo, con muchos técnicos que habían participado en los trabajos, representantes de los organismos del régimen, del ejército, y, presidiendo el acto, que era de mucha asistencia, el gobernador civil. "Había una polémica sobre una carretera que enlaza con la degollada que va a Tasarte, que era estrecha y malísima. Recuerdo que había gente a favor y en contra. En un momento determinado el gobernador civil, con su desparpajo andaluz y en tono prepotente y, a mí me pareció, despectivo, dijo: ¿y vosotros qué queréis, chocolate con churros para todos? Aquello me gustó tan poco que me levanté del asiento en la cuarta o quinta fila donde estaba y salí de la sala. Al terminar el acto, ya en Agaete, en una parada, Ervigio Díaz Bertrana, jefe del Movimiento en la provincia, me preguntó por qué me había levantado y me había ido cuando estaba el gobernador hablando. Yo le respondí lo primero que se me ocurrió, que era que me estaba meando. Lo más sorprendente fue que le hizo aparte la misma pregunta a Salvador García Carrillo, que le respondió lo mismo sin habernos puesto de acuerdo. Palabra de honor".

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