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Memorias (III) de Anastasio Travieso

"Por defender la Universidad dimití como consejero del Cabildo"

"Parecía de locos que el Consejo de Trabajadores convocara una manifestación", explica el antiguo sindicalista y exdelegado del Gobierno en Canarias

Anastasio Travieso, en Tejeda.

Anastasio Travieso, en Tejeda. SANTI BLANCO

"Nosotros iniciamos el Consejo de Trabajadores con puertas abiertas. Empezó la época de los panfletos legales. Estaba Pepe Alemán en LA PROVINCIA, en la calle Murga; yo le llevaba los escritos y él me decía: '¿Qué, el panfleto legal?"

El Consejo de Trabajadores era una jaula de grillos porque al lado suyo estaba el secretario, que era un abogado del sindicato vertical que tenía que velar por que nadie se desmadrara. "Teníamos constantes discusiones por la legalidad o ilegalidad de los acuerdos. Aquello iba con la proa al marisco. Hacíamos los escritos y el delegado sindical empezaba a meter el lápiz rojo. Yo le decía: no me taches nada. El escrito lo llevaba yo al periódico sin censuras".

Al fin decidió marcharse del sindicato vertical. "Se hablaba de la alternativa de CC OO, que era continuar la política del ascensor: coger el sindicato en la primera planta y en la última salir; ya no sería el sindicato vertical y después quedarse con todo. Nosotros decidimos marcharnos y dar la cara y la batalla como UGT. Alquilamos un local cerca del sindicato vertical. Franco acababa de morir. Aún no había habido referéndum y no se habían producido las elecciones de UCD. Todavía estaba Arias Navarro".

Estaban camuflados como una fundación, pero la policía y la gente sabían quiénes eran. "El local lo alquilamos en la calle San Bernardo, poco más abajo de los sindicatos. Le pusimos el nombre de una fundación y empezamos a montar aquello como un despacho. Para marcharnos del sindicato vertical buscamos como motivo una manifestación de trabajadores el primero de mayo, que no nos la iban a autorizar, como así ocurrió".

Sometieron la propuesta de realizar la manifestación a votación. "Parecía de locos que el Consejo de Trabajadores convocara una manifestación en la calle en aquella época. Se aprobó y, tal como preveíamos, no nos la autorizaron y nos fuimos todos los que ya entonces éramos de la UGT".

En el local que abrieron empezaron a llegar cada vez más trabajadores. "Todos los jueves era la 'catequesis', predicar qué era la UGT. Empezamos a repartir libros y documentos, a informar sobre los sindicatos libres, la democracia, los derechos sindicales, los derechos laborales, los motivos por los que merecía la pena organizarse al margen del sistema, etcétera. La gente, ayudada por el ambiente de permisividad que se respiraba, acudía cada vez en número mayor. Crecíamos en todos los sectores".

Elecciones sindicales

Volviendo atrás, cuando se iban a celebrar las segundas elecciones sindicales, él ya estaba en contacto con el PSOE. "Estaban también Ángel Luis Sánchez Bolaños, que trabajaba en Salcai, y Tano Navarro; éramos muy pocos todavía. Habíamos recibido una carta del partido que todavía estaba en Francia. En la carta nos decían que era anatema presentarse a las elecciones del sindicato vertical, que el que se presentara sería expulsado".

Él sostenía que había que estar allí donde estuvieran los trabajadores con sus problemas. "Muchos no sabían ni que existíamos. Para discutir el asunto y tomar una decisión nos reunimos en la desaparecida cervecería La Salud, en la calle Canalejas, en una mesa redonda de mármol de las que allí había. Decidimos que había que volver a presentarse desoyendo las indicaciones del partido. Nos presentamos y gracias a eso el partido y la UGT empezaron a salir a la superficie".

Aquello empezó a crecer, el país evolucionaba hacia la transición. "Estaba Ángel Tristán con nosotros dentro de la ejecutiva de la UGT, el partido ya estaba en Pi i Margall. Nosotros alquilamos un local en Triana y aquello empezó a crecer de forma increíble. Hasta que vienen las primeras elecciones ya en la democracia. Yo fui en la lista del PSOE al Parlamento en el número dos, después de Jerónimo (Saavedra), y al Cabildo con Carmelo Artiles y Ángel Luis Sánchez Bolaños".

Barrió UCD y solo salió Jerónimo Saavedra en el Congreso de los Diputados, pero al Cabildo sí lograron entrar Carmelo Artiles, Ángel Luis y él. "Y con todo esto yo sigo en mi trabajo de la Shell. Nunca cobré un sueldo, ni una peseta para un café, de la UGT".

"Después del local en San Bernardo nos habíamos ido a otro en la calle de Triana. Posteriormente también lo abandonamos porque ya necesitábamos mayor espacio por el crecimiento de la afiliación y alquilamos uno en Bravo Murillo para la asesoría jurídica y de convenios. Alquilamos también un local que había sido un centro de enseñanza en la calle Travieso y montamos allí la Casa del Pueblo. Se empezaba a crear un central sindical con todos los servicios propios de una organización de ese tipo. Teníamos incluso un convenio colectivo para el personal que trabajaba para la UGT. Llegamos a contar con una caja de resistencia. La cuota del sindicato era un porcentaje del sueldo más cinco duros cada uno para la caja de resistencia. Los trabajadores en paro estaban exentos de cuota".La caja de resistencia funcionaba de manera que en una huelga todo trabajador que necesitara dinero se le ayudaba y cuando empezaba a trabajar lo devolvía. "Había tal conciencia que solo lo pedía el que realmente lo necesitaba. Se hicieron huelgas en aquella época. La más famosa fue la de la hostelería, que paramos todo un día de navidad".

Universidad

Él estaba dedicado fundamentalmente a la UGT en aquellos momentos, más que al partido, pero sin abandonar su trabajo. "Al sindicato le dedicaba todo mi tiempo libre y parte de las noches. La actividad intensa en el partido vino después. Yo entré en el Cabildo en las primeras elecciones democráticas y apareció el tema de la reivindicación de la Universidad de Las Palmas y la crisis de UCD".

UCD gobernaba en el Cabildo con mayoría absoluta. "Fernando Giménez Navarro era el presidente, todo un caballero. Se había celebrado la manifestación a favor de la creación de la universidad. Nunca hubo una igual, ni siquiera la de la pro amnistía. Ya cuando fui delegado del Gobierno un policía del servicio de información me llevó una foto de la manifestación en la plaza de Santa Ana donde se podía identificar a todos los que aparecían, que eran muchos. En la foto estaba yo y también gente del Partido Comunista y del Partido Socialista de aquella época, además de muchísimas más personas que habían acudido a la manifestación". Estaba de consejero en el Cabildo cuando fue a la manifestación a favor de la universidad. "La Laguna se había cerrado cerrilmente a la posibilidad de abrirse a todas las islas. Yo tenía un hijo estudiando segundo de medicina y en tercero no podía mandarlo a La Laguna. Estaban haciendo la carrera en el Colegio Universitario que el Cabildo había abierto al lado del Hospital Insular porque La Laguna se oponía. Pero mi hijo no podía hacer el segundo ciclo aquí. Por eso para mí todo aquello tenía también una motivación personal".

El Cabildo apoyaba la manifestación. "Había diferencias importantes dentro de la UCD por el tema. En el PSOE también había el mismo problema pero no se manifestaba hacia fuera. Y entonces, después de la manifestación, se convoca un pleno en el Cabildo para tratar el asunto. Y recuerdo que había un compañero de los tres consejeros socialistas que estábamos allí, que además era secretario general del partido en Las Palmas, que me pregunta qué voy a hacer".

A dicho pleno UCD presentó una moción apoyando la Universidad en Las Palmas. "Le recordé lo que habíamos hecho quince días antes en la manifestación, con el lema 'Universidad en Las Palmas ya'. Pues eso, le dije, ¿Qué otra cosa puedo apoyar si eso es lo que pedíamos públicamente como partido? Pero había un problema dentro de nuestro partido en Tenerife con el asunto de la universidad, que no se manifestaba hacia fuera porque gobernaba UCD. El secretario del partido me dijo que se iba a abstener y yo le dije que iba a apoyar la moción porque tenía que ser coherente con lo manifestado públicamente".

Cuando se convoca el pleno, se somete a votación y él vota a favor. Los otros dos compañeros se abstuvieron. "Acto seguido dije al pleno que como había votado distinto a lo que decía mi partido, me iba. Dimití como consejero del Cabildo y me fui a mi casa y a mi trabajo. Abandoné todo. Previamente ya había dimitido como secretario general de la UGT cuando tomé posesión como consejero insular. Había una corriente de opinión en la organización, que yo compartía, que decía 'un hombre, un cargo'. Yo me mantuve en mi planteamiento".

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