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Entrevista Memorias (V) de Anastasio Travieso

"En la Delegación sufría, pero en el puerto me metía en las barricadas"

"La Jefatura de Policía se trasladó de Tenerife a Gran Canaria porque convencí al ministro" explica el exdelegado del Gobierno y sindicalista grancanario

Anastasio Travieso, en Tejeda.

Anastasio Travieso, en Tejeda. SANTI BLANCO

En la Delegación del Gobierno era otra cosa. "Allí sufría. En el Puerto iba a los muelles y me metía entre barricadas, pactaba con unos y otros, había tregua y lucha. A veces salía de allí en falúa por el mar, y otras veces por tierra, según pudiera. El muelle era un campo de batalla. Yo vallé todo el puerto con contenedores porque no había vallas y la gente entraba y salía por cualquier sitio. Fui cercando y controlando. Había gente que de noche se disfrazaba de vagabundo y me tenía informado de lo que pasaba".

Cuando llegó al puerto tuvo la suerte de que se producía un cambio generacional en los cuadros directivos de las empresas, con gente joven con la que se pudo entender muy bien. "Empecé a absorber información antes de plantear las cuestiones. Había una inercia y necesitábamos cambiar un montón de cosas en el puerto. Cualquier cosa que decías se enteraba todo el puerto antes de dos horas. Yo estaba como pez en el agua, allí no sufría. Planificaba, organizaba, observaba, me reunía con la gente. Fue la época más fecunda de mi vida. Me fue bien en ese sentido porque cumplí un objetivo".

"Me dejaban hacer sindicalmente porque tenía cuarenta horas al mes que no gastaba. Toda la gente de las empresas que suministraban a los barcos en el puerto era de UGT. Todos los que enchufaban mangueras a los barcos eran de UGT: de la Shell, de la Texaco, de la Mobil o de la Cepsa.

Volviendo a la Delegación del Gobierno, una persona que trabajaba allí le preguntó un día cuánto tiempo hacía que no se hacía un chequeo. "Le dije que nunca. Antes en la empresa una vez al año te hacían un reconocimiento médico básico, te tomaban la tensión, el pulso y la vista. Es verdad que con los nervios padecí de úlcera, pero se acabó cuando decidí no tragarme nada y hablar con libertad en las asambleas".

Se fue a hacer el chequeo al Hospital Insular. "Le dije al médico que a veces sentía en el estómago unas molestias que no dejaban de ser dolor, algo que aparece y desaparece. Llevaba tiempo con ello pero no me impedía el desarrollo normal de mi vida, no me molestaba. Me hicieron una radiografía y no apareció nada, pero a los tres meses voy y apareció una cosa que no tenía antes. Le dije al médico en broma: si lo sé no vengo. Desde entonces no he parado de hacerme controles. Estuve así quince años. Me hicieron una biopsia en el riñón. Me dijeron que tenía un tumor muy pequeño, que estaba encapsulado en un buen sitio para quitarlo. Como me dijo que lo mejor era quitarlo, le dije que ya. No me llegué a mentalizar, no di tiempo. Me operó don Juan Betancor, que era el director del hospital y especialista en este campo".

Era junio y estaba en la Delegación del Gobierno. "Me dije: me opero en junio, convalezco en julio, me tomo vacaciones en agosto y en septiembre estoy de vuelta. Y así lo hice. Yo creo que en Las Palmas muy poca gente sabe esto. En el Gobierno Civil vino Ángel Delgado de Tenerife a sustituirme. Yo me lo pasé en Patalavaca recuperándome. Me operaron y la recuperación fue dura, estuve realmente grave, según me dijeron después".

Él se lo achaca al estrés que allí pasó. "Estaba en alza el asunto de la droga y las incautaciones. A veces te sentías impotente. Fue una etapa más dura que la del puerto, donde la actuación era más directa". En la Delegación del Gobierno fue distinto. "Allí era fundamentalmente policía y guardia civil. El tema de la droga era recurrente. Parece como si ahora ya no hubiera droga. ¿Acaso no hay droga en Las Palmas ahora? Pues parece que en aquella época no había otra cosa. Eso y la inmigración ilegal".

Harto

"Yo ya estaba harto, quería marcharme. Yo ya sabía que políticamente no tenía nada que hacer, en el partido no era persona grata ni adscrita a ningún grupo, no le reía la gracia a nadie. El partido tenía una partitura pero si yo no estaba de acuerdo con ella, tenía la mía. Yo era delegado del Gobierno pero no delegado del PSOE. Yo tenía una vara de medir que tiene 100 centímetros para cualquiera, pero para el partido tiene 90. Siempre lo decía. El trato era desigual porque al partido le exigía más. No quería que nadie dijera que actuaba de manera partidista. Había mucho arribista en el partido, como ocurre con todos cuando llevan mucho tiempo en el poder. Algún ayuntamiento socialista me llegó a declarar persona no grata".

Seis meses antes de que llegaran las elecciones estaba en la Delegación del Gobierno pero ya había planificado su vida, pasara lo que pasara. "El partido podía haber ganado en 1996, de hecho el margen fue poco, pero yo advertí por carta que me iría. Llamé a la empresa para decirle que volvería cuando se celebraran las elecciones".

Cuando entré en la Delegación del Gobierno decidió vivir en la calle Carvajal, y todos los días iba caminando desde su casa al Gobierno Civil. "Pero un día me dijeron que tenía que quedarme a vivir en el Gobierno Civil por temas de seguridad y comunicación. Tenía un teléfono directo con los ministerios y otro con el departamento de crisis situado en La Moncloa. En algún momento hubo que ponerlo en marcha, como cuando secuestraron un avión que pasó por aquí y me levantaron de madrugada. O cuando Felipe González vino a un mitin y al regresar tuvo que volver porque en el avión hubo una despresurización. Todo ese tinglado de teléfonos tenía que estar donde yo me quedara y montar todo eso en un domicilio particular es problemático".

Cuando llegan las elecciones del 96 gana el PP y él se va, como ya había anunciado previamente, pasara lo que pasara. "El nuevo ministro me dijo que no podía abandonar el puesto hasta que no llegara mi sustituto. Me tuve que quedar dos meses más hasta que llegó el nuevo delegado".

Se marchó a casa. "Los seis u ocho años que estuve en la Delegación del Gobierno acumulé muchos papeles y me los fui llevando poco a poco en un Renault 4 pequeñito rojo y negro. En ese portabultos estuve metiendo mis cosas durante meses para llevármelas a mi casa de Carvajal. Poco antes de causar baja ya me fui a vivir a Carvajal e iba y venía todos los días".

"¿Quieres una anécdota? La Jefatura Superior de Policía, cuya sede estaba en Tenerife, finalmente se pasó a Las Palmas porque aquí había más problemas de seguridad. En Tenerife siempre estaban con el expolio. La realidad era que todo el 90% de lo que venía para la policía se quedaba en Tenerife. Allí tenían de todo y aquí faltaba de todo. Aquí no había ni taquillas para poner el uniforme de la policía femenina, los coches estaban averiados para patrullar, no había medios. El jefe superior de Policía era un hombre nuevo que quería venir a Las Palmas porque se había convertido en jefe de policía de Tenerife. Le dije que viniera a Las Palmas de forma periódica porque donde estaban los problemas era aquí. Hablé con Corcuera, que era el ministro, y le expliqué la situación. Como era sindicalista, entendió bien el problema: en Las Palmas no había medios policiales en beneficio de Tenerife. Le envié un dossier de prensa. El ministro convocó una reunión con los directores generales de la Policía y de la Guardia Civil y conmigo en el ministerio. Estábamos Corcuera, Coronado, Roldán y yo. Les dije que en Canarias había en aquellos momentos tantos guardias civiles como en el año 42. El ministro preguntó dónde había más problemas estadísticamente. Le respondí que en Las Palmas. Al final Corcuera ordenó empezar los trámites para que la Jefatura Superior de Policía se trasladara desde Tenerife a Gran Canaria". " Cuando dejé la Delegación de Gobierno la vida política terminó definitivamente para mí".

Con el PSOE pasó algo parecido. "Me fui distanciando poco a poco porque sentía que no era bien recibido cuando iba a las asambleas por algunos dirigentes del partido que llegaron a considerarme un conspirador falsamente. Yo era una persona a la que respetaban pero no querían. Finalmente ya estaba asqueado. Hoy no pertenezco a ninguna organización. Mi familia me ocupa todo mi tiempo".

"En el plano personal, cuando dejé el Gobierno Civil y llevaba un año en mi trabajo, a los 55 años me mandaron al paro porque hubo una reconversión. Al primero que echaron fue a mí. Me indemnizaron con lo máximo que se podía y estuve un año cobrando el desempleo y yendo a la cola del paro. Pero al año conseguí trabajo en una empresa del puerto hasta que cumplí 65 años y me jubilé. Cuando me jubilé tenía 42 años de cotización. Hoy soy un 'jubilata' más".

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