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Fiestas del Pino, medio siglo de interés turístico nacional Recorrido histórico (I)

El cambio de trayecto de la procesión

La variación supone el fin de una tradición de 225 años el día de la festividad del Pino

Procesión del Pino en Teror por una de sus calles principales.

Procesión del Pino en Teror por una de sus calles principales. LP / DLP

La decisión de los rectores de la parroquia de Teror, respaldada por el nuevo grupo de gobierno surgido de los pactos electorales habidos tras las elecciones del 24 de mayo, de cambiar el trayecto procesional seguido por la imagen de Nuestra Señora del Pino el día de su festividad el 8 de septiembre de 2015, pone fin a una tradición de 225 años. Nos encontramos de nuevo con un claro ejemplo de lo que llamaríamos el fin de la historia, entendiendo por tal cuando una generación no reconoce a la inmediatamente anterior a la suya. En plena fiebre de celebraciones de centenarios y demás conmemoraciones, pocas tradiciones como ésta pueden datarse con exactitud y sin tener que recurrir a rebuscados argumentos para justificar la celebración del evento conmemorativo. Sin embargo, Iglesia y Ayuntamiento de Teror han considerado que el nuevo recorrido procesional mejorará la operatividad y seguridad del evento y al mismo tiempo se aportaría una mayor vistosidad y realce al acto principal de la festividad del Día del Pino. Aunque siempre se ha dicho que "las procesiones son una prolongación del templo" y que en el caso presente no se trataba de un evento o espectáculo sino de una ceremonia pública en la que, a diferencia de otras, el lugar destacado corresponde a la liturgia religiosa, nada diremos sobre los motivos que han llevado a adoptar tal determinación por entender que el silencio es más elocuente que las palabras y porque, siendo los mismos que motivaron el incidente de 1993, no se han querido abordar por razones que no son del caso comentar. Desde la óptica municipal sorprende la decisión no solo porque ninguna de las formaciones políticas que concurrieron a las pasadas elecciones municipales del 24 de mayo, llevaban en sus programas tal propuesta sino también porque las formas y maneras de hoy difieren de aquellas otras en las que Ayuntamiento y vecinos adoptaron el acuerdo del 9 de mayo de 1790.

Ante el cambio no pretendemos ser críticos ni indiferentes porque no queremos caer en la confrontación ni tampoco en el pasotismo. Simplemente pretendemos hacer la paz con el pasado antes de comprometernos con el futuro. La historia no sirve para descalificar pero tampoco para legitimar gratuitamente. Solo puede servir para aprender a evitar los errores futuros, lo que no es poco. Es por ello que hemos optado, dada nuestra condición de historiador profesional, a la que se añade la de ser natural de la villa de Teror, por retrotraernos a conocer el origen y evolución de esta tradición procesional modificada que, como otras tantas en Teror, han pasado de ser la amiga a conquistar para convertirse en el enemigo a batir. El desconocimiento no parece un argumento apropiado porque buena parte del contenido de dicha tradición ya se dio a conocer en un artículo, publicado el viernes 28 y sábado 29-09-1990 en Diario de Las Palmas, intitulado "Dos siglos del cambio de trayecto de la procesión de "EL Pino", galardonado por el propio Ayuntamiento de Teror con el Premio periodístico "Monseñor Socorro Lantigua" de dicho año, cuya influencia sobre los promotores del cambio no solo ha sido nula sino también desmoralizante porque, si cuando escribes o hablas, nadie se molesta quiere decir que no has dicho nada. Consciente de que nuestra influencia como historiador es muy limitada al escribir para un público interesado en tanto que la gran masa de la población no se interesa por los resultados históricos, insistimos en volver a narrar cómo se gestó el itinerario procesional que ahora se elimina para que, como patrimonio cultural, siga formando parte del "alma de Teror". Todo ha sido dicho, pero hay que repetirlo porque nadie quiere entender y no se puede pasar la página de la historia sin leerla.

De los orígenes al convenio de 1790

La historiografía tradicional señala la fecha de 1528 como la primera en que se mencionan las fiestas de Nuestra Señora, lo que no supone que su imagen ya fuese sacada en procesión. En sus orígenes, el recorrido procesional se haría por el entorno inmediato de la primitiva ermita y de la segunda iglesia (la parte inferior de la plaza a bajar por la actual calle de la Mina y subir por la del Pino) a dar a la puerta de la sacristía de la iglesia, cuya orientación era distinta a la actual al estar comprendida entre la torre amarilla (fachada) y la "Cruz Verde" (espalda). En 1631, el obispo Cámara y Murga reguló por decreto no solo la procesión de "Nuestra Señora de la Natividad" sino también del Corpus pues, haciéndose "por muchos caminos con grande incomodidad por ser malos dichos caminos y no a propósito", dispone que, "de aquí adelante (1631), las dichas procesiones se hagan saliendo de la iglesia, la plaza adelante y la puerta de Sebastián Halcón abajo, a dar por la puerta de Juan López, y volviendo hacía arriba a dar a la puerta de la casa de Juan de Ojeda, pasando por la puerta de la sacristía a entrar por la puerta principal".

En fecha posterior y hasta la última década del siglo XVIII, el itinerario de las procesiones, tanto las de Semana Santa, novenarios de rogativas u otras festividades, como la del Pino, se hacía a través de la calle del Castaño. La procesión del Pino hasta los tiempos del obispo don Antonio de la Plaza, en 1790, también hacía su recorrido por el Castaño después de concluida la misa conventual, pero, como señala el párroco Agustín Cabral Jaymez en 1803, "habiendo costeado Su Ilustrísima la segunda baza de los fanales y puéstole mesa a las andas, siendo imposible seguir la procesión por las mismas calles por ser tan pendientes, y costeado también dicho señor Ilustrísimo los empedrados de toda la plaza, combino el pueblo por instrumento que celebró se hisiese por ésta y en contornos de la iglesia". El cronista y regidor Isidoro Romero y Ceballos también se hace eco en su "Diario" de que, en Teror, el 8 de septiembre de 1790 "se hizo la procesión por orden de dicho señor alre(d)edor de la plaza y, a su costa, se pintó el camarín y se hizo la grada de plata y mesa de las andas, y se cerró la barranquera por detrás del Palasio".

Con anterioridad a 1790, el itinerario alrededor de las dos plazas abiertas a raíz de la construcción de la tercera y actual iglesia entre los años 1760-1767: la principal, delante de la iglesia y coronada por un "pilar con sus acueductos", distinta, como señala el cronista Diego Álvarez de Silva, de "la plaza nueva que está a las espaldas del templo" y en la que se construyó la Alameda en 1845-1847, se había seguido de modo ocasional en 1767 y 1782. El primer recorrido tuvo lugar el sábado 29 de agosto de 1767 con motivo de la procesión del traslado del Santísimo y de la imagen de Nuestra Señora del Pino desde la "iglesita" (la iglesia provisional o chica) a la nueva iglesia o el "Escorial de las Islas", en palabras de Diego Álvarez de Silva, acompañados de San Miguel Arcángel (el traslado del resto de las imágenes se había producido el día anterior y no de manera procesional). Durante la mañana de ese dicho día, con las puertas cerradas de la iglesia chica y "sin concurrir más personas que las precisas señaladas", se vistió la imagen con su "gala nueva" y se le puso en sus "nuevas andas", llegadas a Teror el día anterior en medio de "repiques y cohetes" por temerse no llegarían a tiempo. El patio "se alfombró y toldó" y en él se formó un altar con muchas velas y aseo en el que se colocó la imagen del Pino, enfrente de la puerta por la que había de salir la procesión "por ser la iglesia tan reducida y baja y, por consiguiente, sus puertas".

Cuando a las dos de la tarde se abrió la puerta del patio, en la "plaza nueva era innumerable el concurso" de gente y también en las ventanas de las casas. A las cuatro, desde las casas de la Diputación -por el momento habilitada en una de las del Palacio episcopal-, donde se habían juntado los ca- pitulares, "en bastante número", y los ministros de coro, salió el Cabildo formado en medio de "re- piques, clarines, timbales y cohetes" hasta entrar por las puertas del patio donde se encontraba la imagen. En la "iglesita" tomó el provisor estola y capa, abrió el Sagrario y puso el Santísimo sobre la ara al tiempo que la música cantaba el "Tantum ergo". Con la Custodia en su mano y dos canónigos y dos racioneros, "los más antiguos", con las suyas en los brazos de Nuestra Señora, "comenzaron el "Tedeum", alternando versos sochantre y capilla".

Al tiempo de levantar las andas y dispararse el primer cohete en la plaza de Teror, se oyó "el estampido del primer cañón que se disparó en la ciudad en el castillo del Rey, continuando unos y otros cuando "salió la procesión a la plaza nueva, que está a las espaldas del templo, dio vuelta a la principal con gravedad y espacio" y, "dando vuelta la procesión por una y otra plaza con indecible regocijo, llegó enfrente de la principal puerta del templo", momento en el que se abrieron las cinco puertas a la vez. Entró la procesión con todo el clero, "yendo delante bastante número de religiosos de las tres Religiones", colocándose la imagen del Pino en el altar formado con muchas luces en el lado del Evangelio de la capilla mayor y el Arcángel San Miguel, "que fue acompañando solo a su Señor y a su Reina en la procesión", en el del lado de la Epístola, haciéndose lo propio con el Santísimo en el "nuevo tabernáculo".

El segundo recorrido tuvo lugar en la festividad de la Natividad del 8 de septiembre de 1782 sin que se expliciten los motivos. En ese día, según el relato del cronista Romero y Ceballos, "la procesión de nuestra ymagen de María Santísima bajo del título del Pino se hizo este año, no de tarde ni alrre(de)dor del paseo del Castaño de aquel lugar, sino por la mañana y alrre(de)dor de las dos plasas que tiene su iglesia, comprehendiéndose su paseo hasta el primero balcón de las casas de doña Ana Romero y Vibero, enfrente de la boca de la calle de la Herrería, por disposición del yllustrísimo señor don fray Juaquín de Herrera, digní(si)mo obispo de estas yslas".

El convenio de 1790

Este convenio tuvo lugar el 9 de mayo de 1790, cuando el "Ayuntamiento" de Teror, reunido en el "puesto acostumbrado" (la plaza), juntamente con el vecindario, celebran cabildo abierto para tratar que, antes de que se hicieran los costos de mesa y faldones, se acordara si convenía "que la prosesión siguiera el rrededor de la plasa por no poder ir la Señora en dicha mesa por donde acostumbraba ir la prosesión antiguamente, por no ser las calles proporcionadas para dicho fin".

Y el acuerdo al que llegan "Ayuntamiento" y vecinos fue que "conbenían saliera la Señora en la mesa alrrededor de la Plasa, entendiéndose que sólo (h)a de ser por lo que hase al día de Nuestra Señora y que después, en las ocasiones que se ofrescan como son las prosesiones generales o otras, se haya de seguir lo antiguo, saliendo la Señora en sus andas alrrededor del Castaño, como se (h)a practicado hasta a(h)ora con la antigualla de tantos años como hay en este lugar". En ese año, el Ayuntamiento estaba formado por don Luis Falcón Quintana, alcalde real, don Agustín Guerra y don Domingo Rivero, diputados del común, don Bartolomé Pérez, síndico personero, y don Juan Bernardo Rodríguez, fiel de fechos,

Pueblo y "Ayuntamiento", acuerdan escriturar y guardar este acuerdo y, por este motivo, don José Bernardo Rodríguez, fiel de fechos de Teror, hace certificación de lo ocurrido el 8 de septiembre de 1790. En ella se recoge que "en el día ocho del corriente mes de setiembre, que fue ayer, salió Nuestra Señora del Pino a su prosesión después de acabada la misa solemne y rreserbada la Magestad, yendo la santísima imagen en mesa y faldones según se propuso al Ayuntamiento deste Lugar en nueve de mayo, y saliendo la prosesión por la puerta mayor de la iglesia, siguiendo la Plasa arriba, por la parte de abajo del pilar hasta dar la vuelta a éste, y siguiendo por la hacera de la Silla y casa de Nuestra Señora, que ocupa el Cavildo, hasta tocar con las casas de la Virgen de la hasera de Palacio, siguiendo esta hasera desde la casa de arriba hasta la esquina de abajo del Palacio, y desde allí por el lado de la puerta de la sachristía a volver a la Plasa principal a entrar por la misma puerta mayor. Todo lo que se egecutó con común sentimiento y conplasensia del besindario que a(d)miraba la hermosura de la procesión, tanto por ir en terreno llano y espasioso como por poder andar la mesa con faldones rricos en tisú que presentaban la santísima imagen con el mayor aparato y grandesa".

Los intentos de modificación en el siglo XIX

A partir de entonces (1790), pues, el cortejo procesional del Pino se traslada de la calle del Castaño a la Plaza y alrededores de la iglesia. A mediados del siglo XIX, la salida en procesión de la imagen del Pino vuelve a experimentar una nueva regulación, pero esta vez a cargo del obispo Joaquín Lluch y Garriga. Éste, por decreto de 31 de agosto de 1859, prohíbe "absolutamente mover de su trono la imagen de Nuestra Señora del Pino, patrona de esta iglesia, excepto el día 8 de septiembre desde las primeras vísperas hasta después de completas en el propio día, según costumbre inmemorial".

Lluch y Garriga añade que cuando por "algún grave motivo el pueblo desee bajar la santa imagen y ponerla en andas, habrá de abrir espediente, manifestando las razones que le asistan para semejante pretensión y elevarle a conocimiento de Nos o de nuestros sucesores para que resuelvan lo que estimaren oportuno".

Unos años más tarde, en 1864, varias personas que "se nombran vecinas de Teror", en palabras del alcalde don Juan de Cárdenes, intentan una nueva modificación del trayecto procesional acordado en 1790. El 6 de septiembre de 1864, los firmantes Juan María Guerra, Agustín Rodríguez, José Pablo Romero, Francisco Bethencourt López, Pedro Ceballos González, Juan González y Rodríguez, Pedro Quintana, Juan Pérez Guerra, Francisco Blanco Guerra, José y Antonio Arencibia, Pedro Guerra y Bernardo González, "vecinos de esta villa (y) residente en la población", hacen entrega al Obispo, que a la sazón se hallaba en su palacio de Teror, de una solicitud pidiendo "se altere el curso de las procesiones de Nuestra Señora del Pino". Los firmantes sustentan su petición en el hecho de que, "por determinación del ilustrísimo señor don Joaquín de Herrera (los firmantes lo confunden con don Antonio de la Plaza), obispo de esta Diócesis, la carrera de la procesión de Nuestra Señora del Pino, que hasta entonces seguía un rodeo por esta población por la calle que denominan "Castaño", se redujo, considerando el mal estado del piso de ella, a que la santa imagen llegara solamente a la parte de la plaza en que desemboca la calle de la Herrería, retrocediendo desde allí para entrar en el santuario, después de continuar la marcha en su derrededor", sucediendo que, "hace muchos años, por ignorancia e indolencia de los alcaldes de esta villa y de los vecinos de la misma, sin que haya precedido ninguna disposición superior que modifique la del Ilustrísimo Señor Herrera, la referida procesión no llega a donde se había mandado (a la desembocadura de la calle de la Herrería a la Plaza según los peticionarios)". Dado el "gran aprecio y veneración" que los solicitantes tienen a la milagrosa imagen del Pino, "origen y protectora de esta Villa", les resultaba "sensible estar privados del placer de contemplarla desde sus respectivas casas, situadas cerca del punto a donde debiera llegar". Y como con el traslado de la procesión de Nuestra Señora hasta el "punto señalado por el ilustrísimo señor Herrera", es decir, hasta la confluencia de la calle de la Herrería con la Plaza, no se perjudicaba a los demás vecinos sino que, por el contrario, "se aumenta la devoción", piden al Obispo que se digne determinar que se observe en lo sucesivo lo que estaba dispuesto por el prelado (Herrera)".

Con esta petición, aquellos componentes de la burguesía local que no habían podido adqui-rir casas en el entorno de la Plaza, intentan que la procesión abandone este recinto y se aproxime a sus viviendas construidas en las inmediaciones de la "Huerta de Matos". Ello nos recuerda las palabras del párroco don Agustín Cabral quien, al referirse a los levantamientos ocurridos en Teror como consecuencia de la ruina de la iglesia a principios del siglo XIX, señala que no faltaron "algunos particulares que, por no perder la comodidad de tener la iglesia junto a sus casas, invocando una muy cordial devoción a la Santa Imagen, excitaron a los vecinos a que elevasen recurso a la Audiencia para que no se mudase, sino que se compusiese la iglesia arruinada".

El Obispo, por decreto expedido el mismo día 6 de septiembre desde el Palacio episcopal de Teror, pide al alcalde Juan de Cárdenes que "manifieste, si los hay, los motivos por los cuales, en el curso de la procesión a que se refiere la presente solicitud, se ha alterado la antigua costumbre, y, no habiendo un motivo justo que justifique esta novedad, esperamos se pondrá de acuerdo con el venerable párroco para que sea atendida la petición de los exponentes".

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