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La historia de Agaete, en un ratón

La nueva página 'agaetespacioweb' disecciona los 534 años de la villa - Catedráticos y especialistas ofrecen una visión que agrupa desde su geología a los ataques corsarios

Imagen del Valle de Agaete, que forma la transición geológica entre la isla antigua y la nueva.

Imagen del Valle de Agaete, que forma la transición geológica entre la isla antigua y la nueva. AGAETESPACIOWEB

Los 534 años de la historia de Agaete se condensan gracias a una nueva web en un golpe de ratón, tras dos años de trabajos de un equipo multidisciplinar coordinado por el exalcalde de la villa, Javier Tadeo Alemán.

El fruto de estos meses de investigaciones y recopilación de documentos históricos se encuentra en la página agaetespacioweb.com, desde donde es posible iniciar un viaje inmersivo por el espacio y el tiempo del municipio con una sorpresa tras otra, una aventura que arranca con los antiguos canarios, transcurre por los primeros procesos productivos que incluyen los retales de su asombroso ingenio azucarero y salvajes puertos de fortuna, y continúa con episodios piráticos y otras sabrosas novelerías hasta nuestros días.

Pero sin embargo la sustancia, la página no se nutre de historias de oídas, sino del trabajo de catedráticos, investigadores e historiadores de sobrada solvencia. En las firmas de los artículos aparecen nombres claves de la historiografía del Archipiélago como Manuel Lobo Cabrera, Vicente Suárez Grimón, Pedro Quintana Andrés, Julio Sánchez Peñate y Antonio Cruz Saavedra, ingenieros como José Manuel Sosa, o Enrique Pérez Herrero, director del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, sin olvidar, entre otros muchos y según subraya Tadeo, al agaetense José Antonio Godoy o la dedicación técnica de Juan Antonio Jiménez.

La postal comienza por el propio solar donde se acurruca Agaete, alineado en su barranco con la línea que le une a San Bartolomé de Tirajana, y que divide perfectamente la vieja formación geológica de la isla con la nueva, por la que asoman las huellas de cataclismos como el tsunami de Güímar, y cuyos efectos son visibles en los derrumbes de Berrazales, o el rebumbio que marcó ese mismo volcán en el Maipez de Arriba y el Maipez de Abajo, ya a ras del mar. La radiografía continúa con el clima y su radical cambio de medianías, patente en la flora que se asienta en según qué microclima y su paisaje, con la aportación fotográfica del grupo San Borondón.

La disección de la villa continúa por el estudio hidrológico de Jaime González Gonçalves, en el que detalla con precisión de cirujano las características de los tres barrancos, el de Agaete, de Guayedra y El Risco, con sus siete presas, nueve estanques y la tubería de José Sansón, y que constituyó una infraestructura clave que palió en su construcción las penurias de la población.

La ermita de tierra

También las playas de la localidad aparecen retratadas en un mapa interactivo elaborado por Humberto Jiménez, para continuar con los hitos urbanos donde se plasman los distintos inmuebles significativos, como la iglesia de San Sebastián, con aportaciones históricas Antonio Cruz y Saavedra, o de Sebastián Jiménez Sánchez, el que fuera Comisario de Excavaciones Arqueológicas en la mitad del pasado siglo XX. No se quedan atrás ni el templo matriz de La Concepción ni la famosa ermita de Las Nieves, que según se detalla en un artículo del doctor en Historia Pedro Quintana Andrés se trata de una 'ermita de tierra' y no de mar, erigida para el auxilio espiritual de los trabajadores de los ingenios azucareros.

Toca pulsar la pestaña 'historia', que inicia Manuel Lobo Cabrera sobre el devenir de la población prehispánica a la nueva población de la etapa moderna. Imprescindible su narración del cómo Tenesor Semidán negocia la cesión del espacio de Guayedra como reducto para los antiguos canarios que sobrevivieron a la Conquista.

Ingeniería de vanguardia

Ahí hilvana con el primer ingenio de Agaete, el que levantó Alonso Fernández de Lugo, una proeza mecánica a la vanguardia de la ingeniería mundial del siglo XVI y el desarrollo de la trama urbanística, una copia casi exacta de la del Real de Las Palmas: a la derecha de su barranco con su suelo residencial -incluso existe una zona justo detrás de la iglesia principal, en la calle de Las Nieves que recibe el nombre de Vegueta-, y su margen izquierda destinada a la producción del azúcar, es decir, tal cual las Fincas Unidas capitalinas.

También Vicente Suárez Grimón, catedrático de Historia de la Universidad de La Laguna, se para detenidamente en el heredamiento de Guayedra, y en el proceso de su venta en manos de un yerno del mismísimo Fernando Guanarteme. Esto en unos tiempos, como así queda reflejado en la nueva página, en que los antiguos canarios emprendían litigios que acaban en la capital de España por unas aguas prácticamente secuestradas por los nuevos colonos.

Colonos como Antón Cerezo, cuya fortuna le permitió un lujo solo apto para reyes y emperadores de la época, el del encargar al flamenco Joos van Cleeve el tríptico de Las Nieves y en el que aparece su retrato. La web no sólo se hace eco del hecho, sino que ofrece otras dos tazas: su árbol genealógico y su testamento microfirmado, que incluye una transcripción literal del castellano como un elemento de consulta para estudiantes e investigadores.

Una época apasionante que completa la también catedrática de Historia Benedicta Rivero Suárez con un artículo sobre la hacienda y el heredamiento de Agaete entre los años 1485 y 1650, todo ello con el propósito de seguir incorporando a otros autores que enriquezcan su contenido.

Click a Caminos y Senderos. Ahí aparece uno de dos kilómetros y 300 metros. Es del casco al puerto. Que no es el puerto de Las Nieves, sino el del vecino barranco de El Juncal, donde recalaban las naves a fondeo cuando el oleaje lo permitía, acarreando bestias a nado. La cirugía informativa expone el porqué del sendero, su función y una guía de sus recorridos.

Este en concreto lo tiene todo para darle macho a la imaginación, como la cueva de ocupación aborigen de El Moro, que se abre a un paisaje de costa abrupta y roques partidos con vista final a Tenerife.

No se queda atrás en la detallada descripción del yacimiento, que incluye los primeros planos realizados por Jiménez Sánchez, con su granero, el vestíbulo sus extrañas figuras antropomorfas y también la denuncia de su uso actual para fogatas y barbacoas.

Qué vienen los piratas

Mucho más abajo, a la derecha de El Moro alonga El Juncal, a una altura de vértigo. Es el momento de margullar en otro artículo de Antonio Béthencourt Massieu en el que se plasma el ataque de los corsarios que sitiaron la ciudad de Santa Cruz de Tenerife.

Escribe Béthencourt que fue un 9 de febrero de 1745 cuando "surgió entre las islas una escuadrilla integrada por cinco naves corsarias". Durante semanas desastraron balandras cargadas de trigo, dos fragatas francesas de la Compañía Real de Guinea y un bergantín canario con pescado salado, además de todo aquél barquillo que flotara entre los mares interiores. Hasta que les dio sed, que fue cuando decidieron hacer una aguada en Juncal. Allí lo esperaban con ánimo de escarmiento el Regimiento de Guía al mando de José de Andonaegui que, junto con la compañía de Agustín del Castillo, condenaron a los piratas, tras siete horas de artillería, a buscarse el agua en otro lado.

Todo esto y mucho más, incluidos los restos de las trincheras levantadas contra una supuesta invasión inglesa, en el hoy plácido Agaete que atesora cinco siglos de golosinas debajo de su rama.

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