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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Arucas

José Godoy: "Con 'Pape, un niño de Bañaderos', recreo un pueblo estupendo"

El profesor aruquense rescata la vida cotidiana de un pueblo que comienza a coger resuello tras la Guerra Civil

El profesor y escritor José Godoy Pérez. JOSÉ CARLOS GUERRA

Es usted el autor de 'Pape, un niño de Bañaderos'. Confiese, ¿Pape es usted?

Bueno, (risas). En realidad Pape es el resumen de todos mis hermanos, un compendio, la historia de todos nosotros resumido en un solo nombre, con el cual he podido solapar las distintas historias que hemos vividos unos y otros.

Pero usted detalla que tiene los ojos azules y todo.

Eso, sí, ya ve usted, esos sí que son míos.

Recrea usted el Bañaderos antiguo, que tenía su sustancia.

Hombre, Bañaderos es un lugar estupendo. Para hacer el libro me paseé varios días por el pueblo, pero también me recorrí toda la costa nueva de El Puertillo hasta la Máquina de El Porrón, en la fuente, para inspirarme en el libro, y por cierto también le digo que el paseo lo han dejado sin terminar desde allí por el Charco de La Pita y hay que andar con mucho peligro por todas aquellas lajas sueltas.

Vaya, pues parece que lo han dejado un poco cochafisco.

Está completamente cambiado. Por ejemplo, en el pozo antiguo, había una fuente donde todos íbamos a buscar agua tanto para beber como para el uso de la casa, y mi sorpresa es que está llena de escombros, un punto de encuentro lleno de historias que lo han desaparecido. Bañaderos tenía lugares con su sabor, como los pesqueros de La Hondura, Lomo Quintanilla o el camino desde el callejón del practicante hasta la subida de Escaleritas o El Risco, donde los chiquillos jugábamos en sus cuevas.

Dígame, ¿cómo le dio el trajín de escribir estas trapisondas?

Este libro lo tenía empezado hace años, cuando me destinaron a Segovia en los año 66 y 67, al pueblo de Muñopedro . Ahí escribía como episodios sueltos de cuando pequeño y después me olvidé de aquello cuando llegué Sardina del Sur, mi nuevo destino. Allí estuve 11 años y luego en Las Palmas, hasta que el año pasado recibió una llamada telefónica de Muñopedro felicitándome el Año Nuevo y me dio por rebuscar en las carpetas todas las fotos de aquél pueblo y di con estos trazos de cuentos y poemas. Se los leí a mi gente y mis hijos, dos niñas y un niño, me animaron a publicarlo, lo que ya hice en forma de novela y salió la historia de Pablo Pedro.

Ah, ¿y tiene algo más escondido en sus gavetas?

Mucho. Más historias y cuentos, lo que pasa es que tengo que pasarlos todos a limpio y estoy enfrascado en otra novela, El hijo del cacique, que está inspirada en la vida de un cacique de El Hinojal, y la llevo a medias.

De momento, le hace un buen retrato a la Arucas de antier.

Oh, yo estuve yendo al colegio La Salle desde Bañaderos, cinco kilómetros arriba, cinco kilómetros abajo caminando desde las siete de para llegar a las nueve a clase, con la taleguita en una mano y el bulto de los libros en la otra.

Tres horas la subida. Pues llevaba usted una buena fogalera.

Es que cogíamos un montón de atajos. De uno de ellos cuento una bonita historia sobre las naranjas de doña Lola.

Que se las birlaron, a qué si.

Sí, sí. Mi hermano Ignacio, que era mucho. Es que además de robarle las naranjas el caso es que se las vendía a la propia dueña.

Muy bonito. Y qué espera del libro que la verdad tiene su punto curiosillo.

Yo lo he hecho para tener un recuerdo personal sin afán de nada y porque me animaron los míos. L dije al editor que he plantado un árbol, que he tenido tres hijos y que me faltaba escribir un libro. Es todo. Ahora eso sí, mis hijos se han reído lo que han querido, menos con el final que es trágico.

¿Y real?

Ahí sí, desgraciadamente lo trágico es real.

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