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El poeta de las manos llenas de sol

Juan Jiménez recibirá el Can por su producción lírica - Considerado uno de los mejores poetas de mitad del XX, su trayectoria es tan desconocida en las islas como valorada por los críticos

El poeta de las manos llenas de sol

El poeta de las manos llenas de sol

El Cabildo distinguirá con el Can de Gran Canaria en el ámbito de Las Artes a Juan Jiménez, uno de los poetas más sobresalientes de la lírica del Archipiélago del siglo XX. Nacido en Carrizal de Ingenio en el año 1940 la crítica especializada lo considera como uno de los autores imprescindibles de las artes literarias no sólo de las islas sino de todo el país.

El narrador y escritor Luis Rivero, del mismo pueblo del sureste grancanario, y que de la mano de su padre Luis Rivero Luzardo conoció a Jiménez desde su niñez, esboza una biografía al vuelo de un hombre "sencillo, hogareño y muy enamorado de su mujer", tras el que se esconde "uno de los grandísimos poetas del siglo XX en España, y no lo digo yo, sino muchos críticos e intelectuales".

A los 20 años de edad, a principios de la década de los 60, Juan Jiménez Santana sorprende al ámbito literario de la capital cuando recita sus primeros poemas en la Sociedad La Fraternidad de Carrizal, "el casino del lugar, para entendernos", matiza Rivero, momento a partir del cual adquiere la distinción de "poeta Juan Jiménez".

A ese mismo pueblo, en aquella época uno de los símbolos paisajísticos y humanos de la penuria y la escasez, del trabajo interminable y las fatigas de los cultivos intensivos, le dedicará el segundo de sus poemarios, el demoledor Y no es por el peso del sol por lo que cae, publicado en autoedición en el año 1968. A golpes de mochazo el sol, ardiendo. A pasos de barranco el sol ardiendo. El camino lleno de sol, el patio lleno de sol, el mundo lleno de sol, mis hermanas llenas de sol, las manos llenas de sol no pueden más.

Dos años antes sacaba a la luz su primer volumen Canción necesaria con María C en el que se exponen las maneras que serían una constante en su densa, aunque muy selectiva obra de cuatro poemarios, con una lírica "de compromiso y denuncia", pero exquisita y "rigurosa en las formas", según apunta Rivero, o como dejó escrito el también poeta Pedro Flores, la que traza la sutil diferencia "entre el panfleto y la poesía".

Jiménez, prácticamente un auténtico desconocido en su propio pueblo -"nunca mejor dicho que nadie es profeta en su tierra", se lamenta Luis Rivero-, se instala pronto en Las Palmas de Gran Canaria para estudiar Comercio, que no terminó. En la capital trabaja como administrativo en Iberia, una ocupación que compagina con la creación literaria y con la carrera de Historia, licenciándose en la Universidad de La Laguna.

'Itinerario en contra'

Allí, en esa misma ciudad, fue rotunda su participación en el Primer Congreso de Poesía Canaria de 1976, con la ponencia Sociedad en Canarias un 22 de abril, día en que Flores data "la confirmación de Jiménez como autor 'incómodo" y en el que se inicia "un paulatino, y ya crónico, proceso de anatematización del poeta que dura hasta nuestros días, proceso que no ha desembocado en una completa excomunión de Jiménez debido básicamente, a mi juicio, a tres condiciones sobre otras: la incontestable potencia de su obra poética, la profundidad, poco común, de su pensamiento y una implantación social que pocos escritores entre nosotros conocen".

Cuatro años después de aquél congreso el autor lanza Itinerario en contra, que recopila toda su obra, "y los poemas que había escrito hasta ese momento", ilustra Rivero. Y ya en los 90 la Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias lo incluye en Epigramas, que agrupa la producción de los poetas canarios de la época, y que se enmarca en su última etapa poética.

También Rivero certifica que la poesía es un "género maldito" a tenor del paso etéreo y casi transparente de una producción que ha pasado sobrevolando sobre el consciente de los isleños, quizá una reminiscencia de su actitud y coraje en una época franquista y postfranquista en la que sus inquietudes fueron tan valientes como inquebrantables, "lo que le causó algún que otro problema".

El doctor en Filología y miembro de la Academia Canaria de la Lengua Juan Manuel García Ramos escribe en el ensayo Tres perfiles de la Poesía Canaria Última: Juan Jiménez, Ángel Sánchez y Juan Pedro Castañeda, publicado en la Revista de Historia Canaria, que la originalidad de su obra "radica, amén de en la reconfiguración del lenguaje poético heredado, en haber sabido dar una justa versión de este proceso desde la estricta historia personal; en haber sabido proyectar en su circunstancia individual los rigores diversos que la sociedad española experimentaba en un silencio de retreta".

De hecho, apunta Rivero, "a Juan Jiménez se le ha puesto como ejemplo de honestidad intelectual. Hombre que siempre huyó del mercadeo institucional de la cultura. No se dejó sobornar por promesas ni por halagos ni por subvenciones procedentes de las sedes palaciegas".

"Juan Jiménez", añade por su parte el narrador, " se mantuvo siempre fiel a sus principios y cuando consideró que no tenía nada más que decir, guardó silencio y desapareció de la escena pública, Lo que ha sido valorado por muchos como ejemplo de consecuencia e integridad intelectual".

En este contexto forma parte de la conocida como Generación de 1965 de Canarias, que agrupa a nombres como José Luis Pernas, Fernando Ramírez, José Caballero Millares, Manuel González Barrera, Baltasar Espinosa, Antonio García Ysábal, Lázaro Santana, Eugenio Padorno, Jorge Rodríguez Padrón, Alberto Pizarro y Alfonso O'Shanahan.

"Sin caer en excesos chauvinistas por la afección a este terruño" sentencia por último Luis Rivero en su sentida semblanza, "podemos decir que Juan Jiménez está entre los mejores poetas que parieron las islas en el pasado siglo. Y como tal viene reconocido en distintas antologías de la poesía canaria y nacional. Sin embargo, se da la paradoja fr que el poeta", recalca una vez más, "es un perfecto desconocido en su pueblo".

El Cabildo de Gran Canaria tratará de enmendar esta circunstancia feroz para con los autores de la tierra, "quizá porque el canario es escéptico con la valía de los suyos", con la entrega del Can el próximo 18 de marzo en el auditorio Alfredo Kraus.

Allí, alguien rememorará sus versos en el momento delicado de su vida, el de mayor sol en sus manos: "siento crujimientos anuales, son la sed. Los páramos los miro, no dan ganas de nada".

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