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Entrevista

Pedro Manuel: "Los moganeros merecen tener acceso a la cultura con un teatro propio"

"Este tercer trabajo fusiona acordes tradicionales del folclore con jazz y ritmos latinos", afirma el cantante grancanario

El cantante Pedro Manuel Afonso, ayer en puerto de Mogán, con su nuevo retoño entre las manos.

El cantante Pedro Manuel Afonso, ayer en puerto de Mogán, con su nuevo retoño entre las manos. SANTI BLANCO

A pesar de que ha vivido toda su vida entre Playa de Mogán y Veneguera, se ha formado en el Conservatorio de Música de Las Palmas de Gran Canaria y en la Orquesta Filarmónica. Además, actúa con frecuencia en el Teatro Guiniguada. ¿No le queda un poco a desmano la capital?

Sí, a veces la carretera se hace pesada. Pero como todo, cuando algo te gusta, lo haces con cariño y con esfuerzo. Y llega un momento en el que el trayecto se vuelve cotidiano. Recuerdo que cuando estudiaba Administración en el instituto de La Aldea salía de mi casa a las 6.00 horas. Al mediodía conducía hasta Las Palmas para ir al conservatorio y regresaba a casa sobre las 22.00 horas. Es lo que tiene vivir en Mogán. Pero por ahora no lo cambio por ningún otro sitio.

De ahí que después de más de una década sobre los escenarios, le sigan identificando más por El Moganero

Sí, pero no me molesta. Al contrario, me enorgullece. Son mis raíces. Con cuatro años comencé a tocar el timple y a cantar alguna que otra copla en la escuela municipal de música. Luego, ya como solista, formé parte de Los Tenderetitos, en San Bartolomé de Tirajana. Incluso grabé un disco con ellos. De adolescente, toqué la bandurria con la agrupación folclórica Mocán y más tarde me uní a la parranda de Veneguera. Hasta que llegó el día que decidí tomarme mi carrera más en serio y recibir clases de canto en el conservatorio.

Ha actuado en encuentros internacionales de folclore en Corea del sur, Puerto Rico, Chile, México, en Cuba con Los Gofiones y en ferias de turismo en Alemania. Sin embargo, hace tiempo que no canta en Mogán.

Sí, con Yeray Rodríguez y Domingo Rodríguez, el Colorao, he actuado en muchos sitios. En Mogán, presenté mi primer disco en 2002 durante el Encuentro de Veneguera y he actuado en otras ocasiones, como La Noche en Arguineguín o durante la celebración del bicentenario del municipio. Sin embargo, he de decir que me gustaría actuar más pero en recintos cerrados, donde la acústica sea adecuada al espectáculo.

Nadie es profeta en su tierra...

Pues no, la verdad. Pero lo que he entendido con los años es que lo importante es trabajar, innovar y evolucionar. Eso sí, no me puedo quejar del apoyo y el cariño que me brinda la gente de mi pueblo.

¿Le hubiese gustado presentar su nuevo disco también en su municipio?

Sí, claro. Pero Mogán aún no tiene teatro municipal. Sería un sueño, no solo para mí, sino porque creo que los moganeros merecen tener acceso a la cultura con un teatro propio y en un espacio en el que tanto turistas y vecinos puedan disfrutar de folclore, jazz y todo tipo de música. En otros municipios, como Moya, Ingenio o Agüimes, la oferta cultura es bastante amplia. De hecho, actúo en La Aldea el próximo 21 de mayo, con motivo de la inauguración de su centro cultural.

¿Ha recibido algún tipo de ayuda institucional para sacar al mercado este nuevo trabajo?

No. Aunque para ser sinceros, tampoco la he pedido. Soy de las personas que prefieren hacer las cosas a su manera, con sello propio y libre de compromisos. Algunas ayudas a veces dan pérdidas.

¿Qué tipo de espectáculo ofrece mañana en el Teatro Guiniguada?

Presento mi tercer disco, Cabañuelas, con un espectáculo en el que se proyectarán vídeos y fotos de las ocho Islas Canarias. Durante meses viajé por sitios emblemáticos del Archipiélago, como la Caldera de Taburiente o Timanfaya, para encontrar aires nuevos. La palabra Cabañuelas hace alusión a un rito mediante el cual nuestros antepasados preveían las condiciones meteorológicas futuras, tanto para la pesca como para el cultivo. La búsqueda de ese fruto nuevo, precisamente, se refleja en este trabajo porque combino la música tradicional del folclore con elementos más étnicos, ritmos cubanos y acordes de jazz. Se trata de un repertorio de 12 canciones en el que se aprecia una evolución musical, que va desde letras tradicionales a arreglos con guitarra acústica, bajo eléctrico y notas latinas. Además, el disco incluye una canción dedicada a mi hija de cuatro años, que canto junto a Candelaria González e Ico Arrocha.

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