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Los ferraris de La Pez

La asociación equina La Culata distribuye los burros por la isla de Gran Canaria bajo unas estrictas condiciones de control

Negrito no llega a los siete meses y está por destetar. Por eso todo le parece nuevo: la neblina que no da para ver a más distancia de diez metros o los noveleros que llegan hasta el centro de recuperación del burro de la Asociación Equina La Culata a reírle las gracias.

Lo que ocurre con Negrito, al que primero se le observa con ánimo estrictamente zoológico para luego apetecer más que una Vespa, es que engancha hasta el punto de querer poner un burro en tu vida. Y esto es lo que hace justo la asociación, incorporar un platero isleño a todo aquél con suficiente credencial como para tenerlo en casa como un palmito.

Desde el año 2007, y por iniciativa un grupo de entusiastas encabezados por Fernando Alba, unas instalaciones del Cabildo destinadas a la mejora de las razas ganaderas en Llanos de la Pez acogen a esta guardería de burros que al tiempo han logrado un 80 por ciento de éxito en la reproducción, una cifra nada desdeñable porque el burro viene a ser una suerte de finolis panda a la hora de culminar con éxito sus entretenidos flirteos y posteriores retozos.

Como consecuencia de esta actividad 'polinizadora' el equipo de Alba ya ha distribuido por todas las esquina de Gran Canaria una quincena de soberbios machos, porque solo entregan machos, a otros tantos tutores que los disfrutan en régimen de cesión.

Vuelta arriba, a Llanos de la Pez. Pasar el rato entre este personal, femenino en mayor parte, ofrece efectos psicoterapeutas. Ellas se quedan bobas oyendo la conversa con Benjamín García, trabajador del Cabildo que permanece alerta a todo lo que allí se cuece, y la visita se va abstrayendo hasta quedar abducida por la inquietante levedad de la burra. Alba va más allá, e invita a calzarse un mono de trabajo, trincar unas botas de agua, agarrar una horca de aventar y arreglarles las camas.

Según él se trata de una sesión antiestrés que se completa con el cepillado y cuyo clímax culmina con un paseo por entre los nogales y castaños nuevos que pintan el entorno. Este proceso da pie a un ser nuevo, no el burro que sigue siendo el mismo, que a su posterior regreso al mundanal ruido escucha la vida con otras orejas.

Al fin y al cabo, este burro es una rareza, declarada en noviembre de 1997 como raza asnal majorera, una de las cuatro que existen en España, y en peligro de extinción. Un peligro ahora algo menor gracias a la labor de la guardería cumbrera y su política de distribución estratégica del personal.

Una distribución que tiene normas similares a las del exótico Ferrari FXX, un modelo que al igual que en este caso solo se cede a a clientes preseleccionados y cuyo uso y trato son supervisados en todo momentos por ingenieros del fabricante italiano.

Así, para poder adoptar a Negrito, por poner un caso, es necesario acreditar con visita incluida el disponer de unas instalaciones en condiciones; constatar una cierta solvencia que asegure su bienestar, alimentación y cuidado veterinario, y no menos importante, mostrar la firme predisposición de convertir a este nuevo hijo en el rey de la casa.

Además hay que hacerse miembro de la asociación, que apenas supone una cuota anual de 60 euros, costear los gastos que hasta ese momento de crianza haya generado el potrillo, que son los de alimentación, vacunas, cartilla y 'calzado' -lo que suma unos ciento y pico euros más-, y donar una voluntad para que el resto de la parentela pueda seguir triunfando en el centro cumbrero, dado que se trata de una asociación sin ánimo de lucro y que sobrevive según los tiempos como buenamente se va sobreponiendo.

El contrato no acaba aquí porque ese burro y su nuevo tutor recibirán periódicas visitas de los miembros de la asociación para ver qué tal. En caso de que el animalito se queje, o existan evidencias de que no cumplan las expectativas son llevados de vuelta a Llanos de la Pez, según figura en el contrato.

'Obama', 'Nuro' y 'Valentín'

De este 'leasing' disfrutan Obama, Nuro o Valentín, este último con tendencias enamoradizas, ejemplo de tres nombres de la quincena que se ha lanzado a conquistar la isla en lugares como Gáldar, Tejeda, San Mateo y San Bartolomé de Tirajana, para con el resto de las camadas ir completando un abigarrado mapa que tiene su capital por excelencia en La Culata de Tejeda, único lugar del Archipiélago que celebra una feria dedicada monográficamente a este sujeto.

A un mes de celebrarse, y en colaboración con el Cabildo de Gran Canaria que ha encontrado en el nuevo consejero del sector primario, Miguel Hidalgo, "a un señor de gran sensibilidad con las cosas del campo, y el Ayuntamiento de Tejeda, que siempre se ha volcado con nosotros", subraya Fernando Alba, ya perfilan el entretenimiento por venir, que incluye el tradicional concurso y posterior comida y que como novedad incorpora la presencia de un 'podólogo equino' -que es el herrero de toda la vida-, para revisar y arreglar los cascos, y un guarnicionero que elabora los arneses y todo el trajín de cueros que lleva la montura. Como traca final también ofrecerán por primera vez una verbena cuando los burros dejen sitio.

Pero mientras llega el día, Benjamín García seguirá echándoles un ojo y Alba subiendo piensos junto con sus incondicionales, como el vecino de La Culata Diego Sarmiento, Momito; Francisco Sarmiento, funcionario del Cabildo y más conocido como Paco el de La Culata, e Isidro el carpintero, que es el que acarrea con su camión tinglados y materiales. El trasiego no acaban aquí, porque cada dos por tres sube un nutrido grupo de alumnos de la Escuela de Veterinaria, comandados por el profesor José Antonio de la Coba, en unas sesiones en las que reciben prácticas veterinarias y de trato a un animal, el burro, que al contrario de lo conocido hasta el momento, también enseña Ciencias Aplicadas a pesar de su pachorra.

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