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Ola de calor Las playas se llenan en el Sur y el Este

Playa y bailes para luchar contra el calor

Los bañistas vencen a las altas temperaturas en Arinaga

Antonio Morales, con su hijo en la playa de Arinaga.

Antonio Morales, con su hijo en la playa de Arinaga. SABRINA CEBALLOS

Los abanicos y los ventiladores fueron ayer de nuevo el complemento indispensable de los grancanarios en una jornada en la que los termómetros siguieron marcando máximas que superaron con creces los 30 grados. Con el calor apretando en casi todos los municipios del interior y en las costas sur y norte, las escasas sombras se convirtieron en espacios codiciados en los que paliar la canícula.

El día comenzó con cierto bochorno en el Sur de la isla. Maspalomas amaneció con nubes cubriendo buena parte del cielo, lo que sirvió para mitigar el calor en comparación con el día anterior. "Hoy resulta algo más fácil trabajar al aire libre", aseguraba la camarera Elena Vega mientras preparaba cafés para los valientes clientes que se atrevían a tomar algo caliente en la terraza de la cafetería Timanfaya de San Fernando.

El calor sólo parecía dar un respiro en la costa del Sureste, donde los fuertes vientos refrescaron el ambiente e hicieron más agradable la jornada de playa. Al mediodía, mientras el resto de la Isla se derretía por las altas temperaturas, la costa de Arinaga se volvía un oasis de callaos y agua para los bañistas que abarrotaban el litoral. Algunos, como el teldense José Miguel Lobato, que suele pasar las vacaciones en esta localidad buscando mitigar las altas temperaturas de su ciudad, agradecían que el efecto de las nubes y la brisa marina rebajaran la sensación térmica. "Comparado con ayer, hoy hasta hace un poco de frío", aseguraba.

Antonio Morales llegaba con su familia a la playa agüimense desde Carrizal de Ingenio y también pudo comprobar el bajón que habían experimentado los termómetros en la zona con respecto al día anterior. "Ayer esto era mucho más duro, con la ola de calor, pero hoy sí se puede soportar", destacaba mientras señalaba a su hijo, recién salido del agua: "Él está todo el día bañándose y así tampoco lo nota". A su lado, Raquel Almeida trataba de encontrar una explicación al fenómeno apelando a la ubicación geográfica de Canarias: "Las olas de calor son algo normal viviendo donde vivimos, tan cerca de África".

Ni un alma en Valsequillo

El aire fresco que soplaba en la costa se convertía en una lengua de viento abrasador a medida que se ascendía a las cotas del interior de la Isla. En las carreteras que van de Telde a las medianías, algunos ciclistas impenitentes hacían caso omiso a la recomendación de no practicar deporte al aire libre, aunque más de uno se veía obligado por el calor a bajarse de los pedales antes de quedarse sin aliento.

En Valsequillo, capital insular del senderismo, casi no se veía un alma caminando por la calle a la hora de comer. Tan sólo un grupo de mayores provenientes de Agüimes para asistir a un baile desafiaba con su presencia la tiranía de las altas temperaturas de las medianías: "Acabamos de llegar desde San Mateo y aquí se está mucho mejor, porque al menos corre algo de aire, pero no pienso venir más a una excursión con este calor", reconocía Mima Acosta.

Junto a ella, Alejandro Trinidad comparaba las temperaturas de estos días con las que se dieron durante la alerta por calor del mes pasado: "Esto está siendo mucho peor que en julio", reconocía. Aún así, en sus pensamientos pesaba la preocupación por el incendio forestal de Jedey: "Lo que realmente da pena es lo de La Palma, no quiero ni imaginarme lo que puede pasar si a alguien aquí también le da por quemar un papelito".

Ya en el interior del teatro municipal Jacinto Suárez Martel, los asistentes al baile no soltaban los abanicos ni cuando empezó a sonar la música. "Esta ola está siendo la peor de los últimos cinco o seis años, pero el calor no nos quita las ganas de movernos", avisaba José Espino antes de agarrar a su pareja de baile. Estaba en lo cierto: protegidos por los ventiladores de pared y de techo, los más de 30 mayores que llenaban la sala demostraron que unos cuantos pasos de baile pueden ser un remedio tan inesperado como efectivo para olvidarse de todos los males, incluido el calor.

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