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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Entrevista

"He pasado media vida en una furgoneta para fotografiar los paisajes de las Islas"

"Antes se promocionaba más el Sur, ahora con el turismo rural se vende la parte auténtica de las Islas", destaca Tullio Gatti, fotógrafo especializado en el sector turístico

Tullio Gatti, en su estudio de fotografía de Vegueta. SANTI BLANCO

¿Qué descubrió primero? ¿ la fotografía o la naturaleza?

Nací en un pueblo de montaña, en el norte de Italia. La naturaleza me ha gustado desde pequeño. Cuando apenas tenía 10 años, mi padre me regaló una cámara. Fue entonces cuando comencé a hacer fotos. Primero a los pajaritos y a las flores, luego a las niñas de la escuela y ahora, que soy grande, me dedico a hacer cosas raras (risas).

Ha dedicado casi medio siglo a fotografiar los rincones más emblemáticos de las Islas. ¿ Qué le impulsó a dedicarse a una profesión, que en ocasiones, se presenta como inestable y con escasa remuneración?

Me considero un gran afortunado en esta vida, porque me he podido dedicarme a las dos cosas que me encantan: la fotografía y los viajes. Nunca he sacado fotos para ganar dinero, sino porque simplemente me gusta lo que hago. Más que una profesión es un estilo de vida. Si hubiese querido ser rico, simplemente me hubiera decantado por otro oficio.

¿Qué le trajo a Gran Canaria en 1969?

Llegué de la mano de una empresa italiana, que se dedicaba a la promoción turística. Me mandaron a la Isla a hacer fotos del hotel Oasis de Maspalomas, cuando aún ni se había terminado de construir. Recuerdo que por aquel entonces, el Sur era todo desierto. Me encantó el clima y la gente. Cuando me harté de hacer fotos a hoteles de lujo, me dediqué a viajar por el Archipiélago. Y tras conocer la diversidad de paisajes de las Islas, me di cuenta de que Canarias era mi sitio en el mundo.

¿Había escuchado hablar de Canarias antes de llegar a destino?

Casualmente, una noche cuando apenas tenía seis años escuché en mi pueblo un programa de radio sobre el silbo gomero. Me quedé alucinado. Era un chiquillo, pero recuerdo que pensé: un día voy a ir a ese lugar.

A lo largo de su carrera también ha fotografiado Baleares. ¿Predilección por las Islas?

Las Islas son sitios privilegiados, pues tienen mar y montaña. Ahora bien, Canarias es un lugar muy particular del mundo y lo es por el carácter abierto de su gente. En numerosas ocasiones me he perdido por barrancos y he llegado a pueblos de cuevas en las Islas y la gente, sin conocerme de nada, me ha invitado a tomar café en su casa. Eso en mi pueblo natal, no pasa.

En la promoción turística la fotografía juega un papel esencial. ¿Cómo ha evolucionado este binomio a lo largo de los últimos años?

La dinámica continúa siendo la misma, lo que ha cambiado es el paisaje de la Isla. Antes, de alguna manera, la Isla era un poco más salvaje y se prestaba con más facilidad a hacer fotos románticas. Ahora el paisaje continúa siendo bonito, pero hay que tener un poco más de fantasía. La cuestión es tener ojo y tiempo. Estar en el momento y en el lugar adecuado. Me he pasado media vida durmiendo en una furgoneta para fotografiar los paisajes de las Islas. He pasado muchos amaneceres en el Roque Nublo para captar la luz de las primeras horas de la mañana y me he metido por carreteras, que me daban hasta miedo transitar. Recuerdo, por ejemplo, la aventura que era llegar hasta la playa de Mogán cuando aún no había autopista. El viaje era una odisea y cuando llegabas allí, un pueblo de pescadores de apenas 20 casas, se abría un nuevo mundo ante mis ojos. Más pintoresco, quizás, que ahora. Pero hay que ser realista y saber apreciar que la gente vive mejor con el progreso y que los lugares siguen siendo igual de bonitos, incluso con una nueva carretera.

Además de sol y playa, ahora la Isla también se promociona como destino rural...

Sí y me parece una idea muy acertada. Antes se vendía el Sur y ahora se venden más mis fotos. Siempre he sido un enamorado del campo y los pueblos, de la parte más auténtica de la Isla. Creo que el turismo rural atrae a turistas que gastan más y destrozan menos.

¿Se adaptó con facilidad a la revolución tecnológica que ha experimentado el sector de la imagen?

El cambio ha sido asombroso en estos últimos años. Cuando llegué aquí, trabajaba con una cámara de estudio y placas. Era un proceso complicado, porque también me encargaba del revelado de las fotos. Me metía por senderos con objetivos pesados, trípodes y cargado de bártulos. Cuando llegó la era digital, al principio me costó adaptarme a las nuevas tecnologías porque la analógica me ofrecía más calidad. Pero, finalmente, me cambié a la fotografía digital porque me obligó el médico. Tanto peso en mis espaldas me había pasado factura. Ahora, que ya ha pasado esa época de transición, no volvería atrás. Eso sí, trabajo el doble porque ahora saco 1.000 fotos de día, elijo una y me paso la noche retocándola en el ordenador.

Ahora se atreve hasta con la tecnología 3D...

Sí. Antes un turista observaba un paisaje y, ahora, puede hasta entrar dentro de la imagen con el dedo. Realizo postales a 3D y ofrezco la opción al visitante de ver Canarias de una forma más real. Algo que, por suerte, los móviles todavía no han conseguido.

Su fondo fotográfico de las Islas está compuesto por más de 100.000 imágenes. ¿Con cuál de ellas se quedaría?

He hecho tantas fotos, que es imposible elegir una. Cada una es una vivencia distinta. Quizás las que no son tan llamativas, me costaron incluso una semana hacerlas. Por lo que más que mi favorita, me quedaría con la que aún no he conseguido hacer.

¿Y cuál es?

Por poner un ejemplo, la foto que se ve la montaña de Gáldar y el Teide de fondo con una luz nítida por la tarde. Llevo años queriéndola hacer y aún no he podido. Incluso cuando se han dado las circunstancias meteorológicas, no he tenido la cámara encima.

Tendrá miles de anécdotas que contar en tantos años de profesión...

Sí, muchas. Recuerdo, por ejemplo, la vez que estuve media hora agarrado a una rama al borde de un barranco. Aquella vez estaba en el Cubo de la Galga, en La Palma, y me había adentrado en el barranco para sacar una foto a una cascada. Estaba solo, como siempre, y entré en un túnel. Al salir resbalé y, por suerte, pude agarrarme a una rama. Allí, en medio de la nada, sudando, me di cuenta de que si me caía nadie se iba a enterar. Poco a poco fui escarbando la tierra y logré salir del apuro. Lo primero que hice cuando llegué a casa fue comprarme un teléfono móvil. Tres meses después lo regalé porque me di cuenta que en los sitios donde me meto, no tengo cobertura.

Habrá fotografiado también a personas de la vida pública...

Pues no muchos. Mi vida está vinculada a la naturaleza. Nunca he hecho retratos de personas y eso que me lo han pedido. Pero he preferido no hacerlo, porque este tipo de trabajos te obliga a estar a una hora determinada en un sitio concreto. Y yo no soy de esos. Soy un espíritu libre que corre entre montañas. Las fotos que tengo de personas conocidas casi las he hecho por casualidad. Recuerdo que la primera vez que fui a Lanzarote, aún trabajando con la compañía italiana, tuve que hacerle fotos al gran hotel de Arrecife. Al entrar me dirigí a un señor que estaba pintando un mural. Solo quería pedirle algo de información general sobre el hotel y, para mi sorpresa, aquel señor era César Manrique. ¡Casualidades de la vida!

Además de fotos, pósters, postales y láminas ha editado dos libros con imágenes de Gran Canaria y Tenerife. ¿En qué soporte se siente más cómodo?

Todos los soportes me encantan y el libro, especialmente. Sin embargo, en los tiempos que corren es difícil publicar este tipo de materiales. Pero sí que es verdad que la postal ocupa un lugar destacado en mi carrera, porque considero que es el mejor medio de promoción turística de un lugar. La gente tira los folletos a la basura, pero no una postal que le ha enviado un familiar desde lejos. Creo que debemos potenciar las postales y buscar fórmulas para que sean más rentables a los turistas.

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