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'Gran Canaria Me Gusta' La feria gastronómica insular receta su futuro

Los chefs proponen doblar el consumo de productos de la tierra en los hoteles

La nueva asociación Acyre, que aglutina a 600 cocineros y reposteros, quiere que cada uno de los millones de turistas que visitan Canarias "coma canario"

Benjamín Fernández, J. J. López, Jacobo Llanera, Thomas Leeb, Mapi Sosa, Sergio Jiménez y Aridane Rivero, de Acyre.

Benjamín Fernández, J. J. López, Jacobo Llanera, Thomas Leeb, Mapi Sosa, Sergio Jiménez y Aridane Rivero, de Acyre. A. C.

La feria Gran Canaria Me Gusta hizo ayer honor a su nombre con miles de visitantes que abarrotaron los pabellones de Infecar desde primeras horas de la mañana para degustar una isla que, a la vista de los expuesto, está para chupársela de norte a sur.

Con un inabarcable elenco de productos, recetas y golosinas de las que nunca se supo hasta ayer, y otras que jamás se esperaron, el despliegue 2017 se mide en tonelajes, con sus más de 600 kilos de carnes, pescados y productos de la tierra, además de 400 botellas vinos. Que hubo que reponer.

Todo ese alarde de conducto tenía ayer un objetivo en forma de diana, que es la de ofrecer toda la joya gastronómica insular en los establecimientos turísticos de Canarias de tal forma que cada uno de los 14 millones de foráneos que nos visitan vuelvan a sus lugares de origen, además de morenos y salados, con una digestión genuinamente isleña.

Para ello ayer se dio otro nuevo pero crucial paso, con la presentación de Acyre, asociación que no lleva ni seis semanas de vida pero que ya aglutina a casi 700 profesionales de la cocina y la repostería, desde lo más alto del escalafón hasta el más humilde panadero con ese objetivo en el cucharón.

Lo preside el austro-canario Thomas Leeb, un grande, chef ejecutivo del Hotel Santa Catalina, que junto al consejero insular de Desarrollo Económico, Raúl García Brink, explicó que el colectivo se encuentra de lo más motivado por lo que calificó de "hermanamiento cocinero para defender el sector primario, creer en nuestros productos y duplicar su consumo en los hoteles y restaurantes".

Leeb aseguraba que ya están cansados "de las manzanas del Tirol y el cerdo ibérico, que está muy bueno, pero como también lo está nuestro cochino negro", y apostó por conseguir que el que ganadero que produce cinco hoy, a corto o medio plazo pueda llegar a los veinte ejemplares, así hasta "poner el nombre de Gran Canaria en el mapa mundial de la gastronomía".

Ello mientras espera sumar al proyecto a 2.000 profesionales, algo para lo que ya cuenta con el apoyo incondicional del Cabildo de Gran Canaria, como le expresaba a la asociación el consejero García Brink. "Aquí tienen que estar", añadía Leeb, "desde los profesores de hostelería hasta los alumnos, desde Pepe el del asadero de pollos al estrella Michelín, porque todos somos iguales y tenemos el mismo entusiasmo por estos inmejorables productos de la tierra".

Se trata de que los turistas "coman canario", y si no, de muestra, el helado de berros que horas después cocinaba con micrófono y aportación de dosis y recetas el chef ejecutivo de la cadena Servatur, Jacobo Llanera, otro entusiasta sin paliativos de la sustancia isleña. Según explicaba Llanera tras convertir el berro en puro granizo, en el hotel en el que se encuentra al mando de los fogones, el Puerto Azul de Puerto Rico, Mogán, implementa cocina isleña a mansalva, para enralamiento de sus huéspedes, "que se quejan si en el menú no encuentran algo isleño".

Ojos como chernes

Ahí les regala una gala canaria donde internacionaliza el producto de la tierra a partir de la carne de cabra con gofio, las potas en salsa, el conejo en salmorejo, o el cherne encebollado. Hay que subrayar que cuando Jacobo pronuncia encebollado también se le ponen los ojos como chernes. Para ilustrar la querencia del guiri por el Gran Canaria me gusta, "los viernes asamos doce patas "con sus chicharrones", y vuelan.

Igual que volaba ayer todo lo que se ofrecía desde las exhibiciones de cocina, desde los puestos tradicionales de queso, de vino, de mieles, de panes, o las catas, que además de lo cotidiano también abarcaban las de mangos, las de tomates de La Aldea, de fresas de Valsequillo, o las clases magistrales sobre qué es una cerveza... O las recetas elaboradas y de consumo a barra libre, como las que entopergüeaba Adriana Sosa en la trastienda de los pabellones. Papas compuestas y carne recompuesta, atún en escabeche, cebiche con aguacate, o el pisto con salsa de marisco, y de que no quedaba un pisco a las cuatro de la tarde. Que también hubo que reponer.

Pero además de jilorio, lo que se respira en Gran Canaria Me Gusta es aroma a futuro. Ejemplo: los alumnos del proyecto de formación de profesionales del servicio de restauración de La Aldea, que tiene cuatro formadores y con el que en once meses un grupo de jóvenes adquieren conocimientos en el saber estar, en el poner una mesa, o en el servir unos cócteles además de nociones en inglés, alemán, informática o manipulación alimentaria. Dice Juan Francisco Falcón, uno de los tutores, que viven las clases con auténtica entrega, y que en cuatro meses exhiben una soltura y destreza asombrosa, "preparándose para el despegue turístico y de restauración" de un municipio que está a punto de carretera. Y sí. Ahí está la alumna Elisabeth Cubas, ofreciendo unos mojitos de melón y fresa con elegante garbo aldeano.

Para hoy domingo más, desde las once de la mañana con un precio de la entrada de dos euros y medio, hasta el cierre de las cinco de la tarde en los pabellones de Infecar. La jornada comenzará con otra demostración gastronómica basada en un menú completo con tosta, ocurrencia de la Escuela de Hostelería de Las Palmas a las doce del mediodía.

A la una y media de la tarde se podrá asistir a la conferencia que incluye otra demostración gastronómica de lo más apetitosa también, con propuestas como el ceviche de corvinato con sorbete de aguacate de Mogán, o exotismos varios como el tapenade de algas de Taliarte, entre otros muchos.

Paralelamente desde el mediodía se ofrecen las catas de queso, de vino, de aceite y de cerveza artesanal mientras los más pequeños podrán entretenerse con los talleres infantiles que abren a partir de la una de la tarde. El catálogo de propuestas continúa en un sinfin que incluye la secuencia de papas con choco y cilantro que hará en directo a la una de la tarde el chef Ángel Palacios, que tiene una estrella Michelín, o los pecados del tomate, de Wolfgang Grobauer, también estrella Michelín, y chef del Seaside Gran Hotel Residencia.

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