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Agricultura Final de la zafra

El tomate canario pierde más del 84% de la superficie plantada en 20 años

En Gran Canaria apenas quedan siete empresas que lo cultivan en un total de 533 hectáreas, siendo la isla que más exporta al Reino Unido y el norte de Europa

Estamos a falta de unas semanas para conocer los datos de la zafra del tomate este año en Canarias. Y pese a que esta campaña augura una mejora en lo económico, las cifras del cultivo de la fruta siguen cayendo en picado. Según un informe elaborado por la Federación Provincial de Asociaciones de Exportadores de Productos Hortofrutícolas de Las Palmas (Fedex), la caída del sector ha supuesto la pérdida de más de 20.000 empleos en las Islas desde 1995. Los cultivos del tomate están desapareciendo de Gran Canaria y de otras islas, ya que se ha perdido el 84% de la superficie plantada en dos décadas.

Durante poco más de un siglo, el XX, el tomate canario era el buque insignia de la agricultura en Canarias, además de condicionar la economía, la geografía, la demografía, la sociedad y la identidad, transformando su paisaje. Durante el pasado siglo se llegaron a cultivar más de 12.000 hectáreas cada campaña y a crear más de 30.000 empleos.

Canarias abastecía a Europa cuando llegaba el frío invierno y contribuyó a la promoción de las Islas. Su reputación en cuanto al cultivo de frutas y verduras ayudó a la imagen de sol y buen clima que fomentó el actual ámbito turístico del archipiélago. A mediados del siglo XX la actividad es el elemento principal de la balanza comercial canaria, alcanzando el 44% del total de las exportaciones, porcentaje que alcanzaría el 65,8% en 1969.

'Canary Tomato'

La primera referencia documentada sobre el tomate en Canarias es la que realizan los doctores Víctor Pérez y Paul Sagot en el año 1867, con la publicación de un informe en el Journal de l'Agriculture des pays chauds. Destacaron entonces la posibilidad de un cultivo prolongado en las diferentes estaciones, en especial de octubre a marzo.

En 1885 comenzó la actividad de cultivo del tomate de exportación en Canarias. En Gran Canaria se le debe al inglés Mr. Blisse, que llegó a la isla como encargado de la Swanston & Co y se hizo cargo de cultivar hortalizas en una finca de la compañía en Telde.

Desde el primer momento los británicos acapararon la producción del tomate que se exportaba casi en exclusiva a su país. Así, la actividad del cultivo del tomate, junto a la del plátano, comienza a determinar la economía, la geografía, la demografía y la sociedad del archipiélago. El Canary Tomato se ganó su reputación y pronto llegó a ser considerado como el negocio de exportación más rentable en las Islas Canarias.

El declive

A mediados del siglo XX comienzan las primeras plantaciones en el sureste peninsular que obliga a la producción canaria a cumplir un sistema de cupos. Las exportaciones no pueden hacer frente a los gastos de comercialización que aumentan de manera desorbitada: transporte, estiba, flete, desestiba, aduanas, comisiones y gastos financieros, que convierten la situción en insostenible.

Se produce una competencia en desigualdad de condiciones con los productores de la Península, donde los costes de transporte representan una ínfima parte. Esta situación se prolonga en las últimas décadas del siglo XX, y a comienzos del XXI la llegada de nuevas plagas y virosis asestan un duro golpe al sector en Canarias. Desde la década de los 90 la producción del tomate en Canarias ha caído en picado.

En 1995 el cultivo de tomate se producía en 4.500 hectáreas y suponía 30.000 puestos de trabajo. Durante la presente campaña (2016-2017) apenas ha superado las 700 hectáreas y ha supuesto trabajo para 4.000 personas.

Para Gustavo Rodríguez, portavoz de Fedex, los motivos del declive son varios. "Son una conjura que se ha prolongado ya demasiados años", aseguró Rodríguez. "La llegada de plagas, la competencia con terceros, el aumento de los costes de producción, el mantenimiento en destino de los precios de venta, el transporte y el problema de la financiación son las causas del hundimiento del sector", detalló Rodríguez.

Los supervivientes

José Antonio Angulo, gerente de Hortícola Aldeana, siente alivio por la campaña cosechada, que catalogó como "una de esas que se dan cada muchos años". Su empresa sigue cultivando el mismo número de hectáreas que hace 15 años, unas 26 ó 27. "Con esas cifras éramos los décimos en números de exportación en la isla hace diez años, y en este estamos los terceros o cuartos", desveló Angulo.

El alivio viene cuando llega la desgracia ajena. Los diferentes temporales que han azotado el sur penínsular y Marruecos han terminado en gran parte con la producción de los competidores. Y pese a que la producción cayó en Gran Canaria también entre un 5 y 10% este año, debido a los factores externos, la nueva oferta y demanda ha supuesto que el tomate canario se haya vendido 10 veces más caro que el año pasado. "Son unos precios que no se ven desde hace muchos, muchos años", comentó Angulo.

Rodríguez ve este año como un pequeño paréntesis en la caída del tomate canario. "Está claro que esta zafra nos salvamos por la desgracia de otros", explicó el portavoz. Y es que pese al empeño de los agricultores canarios, el tomate está viviendo su declive particular. "Los costes siguen subiendo, y nos enfrentamos a la incertidumbre de saber a cuánto vamos a poder vender el producto", añadió Angulo.

Este es otro de los factores que afectan al sector. Mientras otras industrias siguen una constante en la oferta y la demanda, la del tomate puede sufrir cambios drásticos que hacen que los agricultores pasen de una zafra en números verdes a verse perdiendo dinero en el negocio de la exportación de tomates.

"Está claro que esto ya no es lo que era", señaló Angulo, que rememoró los años buenos del tomate a mediados del siglo pasado. "Quién no escuchaba a sus mayores hablar de los cultivos de tomate", recordó el gerente. "Plantar tomate es más complejo que otros cultivos y exige entre cuatro y cinco personas por hectárea, mientras el plátano solo requiere a una", especificó Rodríguez.

Y pese a que antiguamente el cultivo del plátano y del tomate han sido la referencia de las exportaciones canarias, en la actualidad el tomate se mantiene en La Aldea como símbolo de su economía, suponiendo entre el 40 y el 50% de la economía aldeana. Otras regiones que antiguamente vivían del tomate han tenido que evolucionar, y los municipios del sur de Gran Canaria han cambiado la exportación de tomates al Reino Unido por la importación de turistas del archipiélago británico.

En la actualidad solo quedan siete empresas cultivando el tomate en Gran Canaria, en una superficie total de 533 hectáreas. Bonny, Coagrisan, Hortícola Aldeana, Yeoward, Nicolases, Colicam y Unex Tomates son los supervivientes de la hecatombe, y quién sabe cuántos llegarán a 2020. La isla ha visto abandonados la mayoría de los invernaderos de finales del siglo XX, y dedicados al tomate solo quedan escasas hectáreas en Agüimes, Gáldar, Ingenio, Santa Lucía, Telde, San Bartolomé de Tirajana y La Aldea de San Nicolás. Y pese a que la zafra de este año salvará las cuentas a más de una de las empresas, el declive del tomate canario seguirá mientras no caiga nieve en Marruecos y el sur peninsular.

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