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Sur

De Gran Canaria a Tinduf por los niños con trastorno del espectro autista

La asociación 'Mi Hijo y Yo' forma a familias de menores con esta condición neurológica que viven en los campos de refugiados

Detrás, Davinia González, Octavio O'Shanahan y Víctor Santana, juntos a profesores del colegio de Smara.

Detrás, Davinia González, Octavio O'Shanahan y Víctor Santana, juntos a profesores del colegio de Smara. / LP / DLP

El autismo en los campamentos de refugiados de Tinduf no es como en Gran Canaria, no hay especialistas en la detección temprana. Allí es silencioso y nadie percibe que la conducta extraña de un niño puede venir derivada de una condición neurológica diferente.

Por eso, la asociación Mi hijo y Yo viajó hace unas semanas hasta allí para activar su proyecto NUAT (Necesidades Universales a la Atención Temprana), que desarrolla con pacientes de toda la Isla, entre ellos varios del sur grancanario.

Durante 10 días, un equipo formado por la psicóloga Davinia González, presidenta de la asociación, Víctor Santana, responsable social, y Octavio O'Shanahan, responsable de Artes Plásticas, impartió talleres de formación a familias, a las que se dotaba de herramientas para que puedan detectar síntomas de autismo en sus hijos y sepan cómo trabajar con ellos en un contexto tan complicado como en un campamento de refugiados.

"En Tinduf no hay ningún tipo de visión sobre los niños con autismo", explica González, "saben que son diferentes, pero no saben por qué". Uno de los talleres, una sesión de arteterapia, puso de manifiesto la necesidad de los niños saharauis de contactar la naturaleza. "Uno de ellos, de siete años, dibujó el mar, una jaima y varios árboles, y tituló su cuadro Sáhara Libre", rememora la psicóloga.

La formación se canalizó a través de la fundación saharaui Río de Oro, que dirige Roxanna Berini, dedicada a la atención de personas con diversidad funcional. "Este acercamiento hizo que las familias se involucren más", indica. Y es que, según la psicóloga, no esperaba que las familias estuviesen tan predispuestas a aprender.

Tras la formación, el equipo evaluó de forma exhaustiva a varios niños, Zeina, Aisha, Mohamed y Glana, menores de entre 5 y 7 años. "Queremos volver en marzo con más personal de Mi Hijo y Yo", confiesa la especialista, al tiempo que explica que ahora desde Gran Canaria mantienen contacto con las familias para darles herramientas sobre cómo comunicarse con sus hijos o cómo alimentarlos. Además, allí la prioridad es el empleo, motivo por el cual además la asociación cerró un acuerdo de colaboración con el Club de la Esperanza, en el que a través del deporte se formará a los futuros entrenadores en el contexto psicológico de los menores con autismo. La organización viajó hasta Tinduf con el apoyo del Cabildo y de la Fecam. Su deseo ahora es crear allí un espacio que dé cobertura a las familias con autismo y empleo a jóvenes saharauis debidamente formados en la materia.

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