El palo de agua que cayó ayer sobre la capital grancanaria durante cerca de cuatro horas volvió a poner en evidencia el pésimo estado de la red de alcantarillado. Las cloacas reventaron en muchos puntos de la capital grancanaria y obligaron a cortar el tráfico en uno de los carriles de acceso a la rotonda de El Vigía, cerca del centro comercial de La Ballena, y en el paseo de Chil, otro de los puntos negros del saneamiento, que volvió a desbordarse por la falta de mantenimiento, una circunstancia a la que se une en los últimos tiempos la falta de civismo de las personas que tiran las toallitas por el water. El mal estado de la red de alcantarillado -que fue incapaz de absorber en muchas zonas de la ciudad los 13,3 litros por metro cuadrado que cayeron en cuatro horas- provocó también vertidos de aguas residuales a los barrancos de Jinámar y del Guiniguada y también se produjeron vertidos a la Avenida Marítima por el aliviadero que está a la altura de la calle Carvajal. La lluvia inundó el pasado lunes uno de los pozos de la red, que se rebosó con las aguas fecales al barranco de Jinámar, que desemboca en la playa de Bocabarranco.

Lo mismo pasó en el barranco Guiniguada El servicio de saneamiento quedó desbordado ante el gran número de incidentes, pues tuvo que atender cerca de 300 servicios a lo largo de la mañana. La peste a cloaca invadió la parte baja de la ciudad.

Los desprendimientos en la ladera de El Confital obligaron a evacuar a cuatro personas sin techo, que pernoctaban en las cuevas de Los Canarios. Efectivos de la Policía Local y de Protección Civil intervinieron en ayuda de las cuatro personas sin hogar, una de ellas impedida, tras recibir una llamada de alerta del 112. Los evacuados fueron trasladados a primeras horas de esta mañana al albergue para personas sin techo que habilitó el pasado lunes la Concejalía de Cohesión Social en el pabellón deportivo Telo Núñez de La Isleta. Durante la noche del pasado lunes se alojaron en el pabellón más de 20 personas sin techo.

Desprendimientos

El acceso a El Confital fue cerrado durante la tarde de ayer, tanto por la carretera de tierra como por la pasarela, debido al riesgo de desprendimientos de tierra y piedras. Por su parte, el barranco de La Ballena volvió a desembocar en plena playa de Las Canteras, en las inmediaciones de la Cícer.

La Policía Local recibió un total de 110 llamadas, según informó a través de un comunicado su departamento de prensa, pero la mayoría de los incidentes fueron de menor importancia y estuvieron relacionados con inundaciones de calles debido a la saturación del alcantarillado, accidentes de tráfico, desprendimientos de vías y problemas con el alumbrado.

Uno de los puntos donde tuvo que actuar la Policía Local fue la confluencia del paseo de Chil con el acceso al barranquillo de Don Zoilo, tramo que quedó cerrado al tráfico hasta que se achicó el lago que siempre se forma en la calle cada vez que caen cuatro gotas. El del paseo de Chil es uno de los puntos negros de la red de alcantarillado, debido al mal estado de las tuberías y a la falta de mantenimiento, que hace que se acumule la basura, lo que reduce el volumen de agua que pueden absorber.

También hubo problemas en la salida de la rotonda de El Vigía, al quedar inundada por una bolsa de agua parte de la calzada en el acceso a la Avenida de Escaleritas, circunstancia que obligó a cortar el tráfico durante más de media hora.

Por otro lado, la Policía Local tuvo que intervenir, al producirse dos desprendimientos en la carretera del Centro (GC-110) y en la carretera del Norte (GC-2), pero según la guardia urbana, dichos incidentes no afectaron en ningún momento al tráfico.

Tampoco hubo problemas en la urbanización Reina Mercedes, pese a que todavía está pendiente la obra definitiva para evitar las inundaciones. Sin embargo, la zona sufrió el desprendimiento de tierras desde la ladera, según denunció ayer el representante vecinal, Juan Guerra, quien criticó que la comunidad lleva al menos dos años reclamando al Ayuntamiento la plantación de vegetación y árboles en la ladera para contener la tierra. "Todavía estamos esperando", se lamentó Guerra.

El chaparrón provocó también grandes retenciones en todos los accesos al municipio, debido a que su inicio tuvo lugar en plena hora punta.