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Arucas La búsqueda de los represaliados de la Guerra Civil

Pino Sosa: "Todos los desaparecidos del franquismo son ahora mis padres"

La presidenta de la Asociación de la Memoria Histórica prepara un homenaje a los 14 asesinados en Tenoya

Pino Sosa, presidenta de la Asociación de la Memoria Histórica de Arucas, el pasado miércoles.

Pino Sosa, presidenta de la Asociación de la Memoria Histórica de Arucas, el pasado miércoles. JOSÉ CARLOS GUERRA

Pino Sosa no ha dejado de recibir besos, abrazos y felicitaciones durante toda esta semana. El teléfono no para de sonar y apenas puede dar unos pasos por las calles de Arucas sin que la paren para darle la enhorabuena. Ahora recuerda entre risas que hasta hace unos pocos años la llamaban "la vieja loca", luchando contra el mundo por encontrar los restos mortales de su padre, José Sosa Déniz, en el fondo de un pozo.

El pasado lunes, cuando el forense José Pestano confirmó que uno de los huesos encontrados el pasado mes de septiembre en el pozo de Tenoya era de su padre, no se atrevió a comunicárselo porque temía que su corazón no resistiera la emoción. El director de Genética del Instituto de Medicina Legal optó por llamar a su prima, Balbina Sosa, y ella se encargó de darle la noticia. Pero tampoco se arriesgó a hacerlo por teléfono, "por lo que pudiera pasar". La localizó y le dijo que le quería contar algo importante, pero "cara a cara", y quedaron por la tarde en el local del PSOE de Arucas.

"Me quedé como un flan, la cabeza empezó a hacerme ¡bum bum bum!, mi prima estaba llorando y yo tuve una sensación inexplicable; estamos todos muy contentos", relata frente a un café en la plaza de la Constitución de la ciudad norteña . "Pero ojo, esto es solo un punto y aparte, seguimos adelante porque quedan muchos represaliados y no vamos a parar hasta encontrarlos. Todos los desaparecidos del franquismo son ahora mis padres", se apresura a aclarar.

Pino Sosa es la presidenta de la Asociación de la Memoria Histórica de Arucas (AHMA), que fundó en el año 2001 junto a su prima Balbina para iniciar la búsqueda de los 68 represaliados del franquismo en el municipio, muchos de ellos desaparecidos junto a su padre la fatídica madrugada del 18 al 19 de marzo de 1937. Los falangistas lo sacaron a medianoche de su casa de Las Chorreras, delante de su mujer y tres hijos, y nunca más lo vieron. Tenía 33 años.

"No me quedó ni el recuerdo de su olor, pero él sí me pudo disfrutar diez días", confiesa con amargura. Cuando se llevaron a su padre ella era un bebé de 40 días. Ahora, 80 años después, ha podido demostrar que el latonero José Sosa Déniz murió posiblemente unas horas después. Él y otros trece hombres fueron asesinados con uno o dos tiros en la nuca y lanzados al fondo del pozo de Tenoya. "Su único delito fue ser el tesorero de la Agrupación Socialista de Las Chorreras en los años de la República", comenta.

Como sabía leer y escribir, también informaba de las noticias políticas a sus vecinos, la mayoría campesinos. Quizás también intentaba convencerles de que se afiliaran a algún partido de izquierda o a un sindicato. Pero nada más.

La hija no tuvo conciencia de su desaparición hasta los cuatro o cinco años, cuando viajaba con su madre hacia la capital. "En aquella época -rememora- había muchas enfermedades del pulmón por el hambre y las carencias, y a los niños nos llevaban a la Cruz Roja de Las Palmas para mirarnos por rayos X; se juntaban cinco o seis mujeres con sus niños y al pasar por el Llano de Las Brujas se acercaban al pozo para depositar ramos de margaritas silvestres que iban cogiendo por el camino".

Aquello le llamó la atención, porque su madre la dejaba bien lejos de la boca del pozo. A los siete años, cuando fue a hacer la primera comunión, tuvo otro impacto. Cuenta que el párroco Francisco Hidalgo, al que le llamaban "el cura chico", le preguntó que de dónde era. "Le expliqué donde vivía y él me dijo: ¡Ahh, tu eres de los comunistas de Las Chorreras! Al llegar a casa le pregunté a mi madre que significaba ser comunista y ella le quitó importancia, así que la siguiente vez que pasamos por el Llano de las Brujas me empeñé en ir con ella hasta el pozo y me quedé impresionada al ver aquel agujero negro", recuerda.

Desde entonces, siempre que viajaban a la capital pasaban por allí a poner flores. Años después, a principios de la década de 1960, tuvo otro encontronazo con la realidad, cuando fue al Gobierno Civil a pedir información para que su madre cobrara la pensión.

Tiene la escena bien guardada en la memoria: "Solicité una fe de vida y me dijeron que mi padre se había ausentado de su domicilio, que se había ido en un barco francés. No me pude aguantar y les llamé criminales, pues encima de que lo mataron, lo ponían en mal lugar y lo acusaban de abandonar a su familia. Un señor que estaba por allí me frenó y me advirtió de que si seguía protestando me iban a detener".

A su juicio, las verdaderas heroínas de Arucas fueron su madre y "aquellas mujeres calladas que sacaron a sus hijos adelante en un clima de miedo y represión". En la posguerra, e incluso hasta después de la muerte del dictador, no había posibilidad de denunciar las desapariciones, ni siquiera de pedir explicaciones a nadie. "Qué madre iba a protestar si los falangistas les decían que después de acabar con los padres irían a por los cachorros", se pregunta.

Con los años, la angustia de su madre era por desconocer en qué pozo habían arrojado a su marido, pues por los testimonios de los supervivientes y de testigos se sabía que al menos había cuerpos en cuatro sitios diferentes. Así que Pino Sosa le prometió a su madre que iba a luchar hasta encontrarlo. Y nunca perdió la esperanza, ni siquiera tras comprobar que su padre no estaba entre las 24 víctimas rescatadas en los Llanos de la Brujas. "Yo sabía que si no estaba allí, estaba en otro sitio, porque a él se lo llevaron de mi casa; allí mismo dije que si no estaba en Tenoya estaría en la Sima de Jinámar, como los otros demócratas que todavía nos faltan", apunta.

Oficialmente, Pino Sosa inició su batalla en el Ayuntamiento de Arucas. En el año 1980 se afilió al PSOE y la incluyeron en las listas en las siguientes elecciones. De hecho, fue la primera mujer concejal de los socialistas aruquenses en la nueva etapa política. "En un Pleno municipal pedí la palabra y dije: 'quiero abrir los pozos de Arucas para sacar a los demócratas'. Y se hizo tal silencio que el alcalde, el socialista Luis Hipólito Hernández, pidió hacer un receso de diez minutos y me dijo como en broma que qué ocurrencias tenía. Y yo le dije bien alto que ya había parido tres hijos y no estaba para bromas. Otros compañeros me apoyaron y me dijeron que había que tener agallas para pedir eso, pues la derecha todavía mandaba mucho en el municipio", relata.

Pioneras

Así empezó, pero con el tumulto que generó su propuesta se le olvidó pedir que la incluyeran en el acta. La siguiente acción fue recoger firmas y presentarlas al Ayuntamiento, en la etapa del nacionalista Froilán Rodríguez. En el año 2001, junto a su prima Balbina Sosa, promovió la Asociación de la Memoria Histórica de Arucas, la segunda que se creó en España.

Un año antes lo había hecho Emilio Silva en El Bierzo, pero fueron ellas las que realmente empezaron a derribar los muros de la administración. Primero presentaron una lista de desaparecidos en un Juzgado de Arucas. Admitieron su escrito, pero al poco tiempo les comunicaron que ese tribunal no tenía competencias para esas investigaciones. Así que se fueron a Madrid, a la Audiencia Nacional, al Juzgado de Baltasar Garzón, que sí accedió a indagar las desapariciones del franquismo y lo pagó caro. De hecho, Pino Sosa intervino como testigo de la defensa en el juicio del Tribunal Supremo contra Garzón, en febrero de 2012. Una frase suya en ese juicio, "vinieron a casa y se nos llevaron el pan y la sal", dio la vuelta a España y se utilizó como título de una obra teatral.

En agradecimiento a todos esos apoyos en el resto de España, Pino Sosa ha llamado esta semana a Garzón, a la escritora Almudena Grandes y al actor Alberto San Juan, entre otros, para comunicarles la aparición de su padre e invitarles al acto de homenaje a los 14 represaliados del pozo de Tenoya. Cuando finalicen las identificaciones con el ADN, todos ellos reposarán en el mausoleo del cementerio de Arucas, junto con los encontrados en El Llano de las Brujas.

"Nuestra intención es que estén todos juntos, pues juntos murieron los pobrecitos", propone entre lágrimas. Si hubiese desaparecidos de otros municipios, como ocurrió en la primera excavación, serán sus familiares los que decidan el destino de los restos mortales.

Pino Sosa tampoco se olvida de recordar a los políticos canarios que le han ayudado en su lucha. Un papel determinante tuvo el ya fallecido Adán Martín, que en su etapa de presidente consiguió los primeros 300. 000 euros para abrir el primer pozo.

"Adán Martín -comenta- fue el primero, le llevamos la propuesta al Gobierno de Canarias y después, como teníamos una conocida en el Parlamento, sabíamos con antelación su agenda y lo perseguíamos por todos sitios. Una vez, en el Gabinete Literario, nos llamó y nos preguntó qué tal iba el proyecto, a lo que le contestamos que todavía no nos habían respondido. Se sobresaltó y llamó a María del Mar Julios, a Dulce Xerach y al alcalde Froilán Rodríguez y les dijo que buscarán los 300.000 euros. El dinero apareció en poco tiempo y le dijimos que no lo queríamos para la asociación, sino que lo gestionara el Ayuntamiento".

El otro gran aliado de las primas, éste inesperado por su anterior trayectoria política , fue Larry Álvarez, entonces consejero de Cultura del Cabildo, del PP, que impulsó la apertura del pozo de Tenoya. "Larry Álvarez, y ponga su nombre en letras negras y bonitas", ruega al periodista, "nos echó una gran mano, iba al pozo cuando menos lo esperábamos y se lo tomó como una cosa propia, se emocionaba cuando hablaba con nosotras". Del alcalde de Arucas que le dijo que "en los pozos no había nada" y que luego "corría a hacerse la foto cuando aparecieron los huesos", Pino Sosa no quiere ni que se cite su nombre.

Ahora, son el presidente del Cabildo, Antonio Morales, y el consejero de Cultura, Carlos Ruiz, los que se han comprometido a excavar en los demás sitios, empezando por la Sima de Jinámar, donde se supone que están sepultados los represaliados de la Vecindad de Enfrente, en el Valle de Agaete, y los de Gáldar, Arucas y San Lorenzo que no han aparecido en los dos primeros pozos abiertos.

En el norte de la Isla quedan otros tres: el del barranco de Arucas, donde hay constancia que se sacaron dos cuerpos en el año 1952; el de la Vuelta del Francés; y otro del que prefieren no dar la ubicación por si sus propietario tiene la intención de boicotear la búsqueda.

Tras 80 años de búsqueda, primero con su madre y luego con su prima, Pino Sosa ya ha cumplido su objetivo, aunque aún se le hace un nudo en la garganta al confirmar que "fue asesinado de un tiro en la nuca, después de no se sabe qué torturas y penalidades".

Desde agosto de 1936 empezaron a llevarlo y traerlo. Cuando lo soltaron del campo de concentración de Gando, el 10 de marzo de 1937, volvió a casa. Aunque sus camaradas le pedían que se escondiera porque estaban realizando nuevas detenciones, él prefirió quedarse con su hijita, Pino Sosa.

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