Ha dado una charla motivacional a adolescentes. Es deportista de élite y habrá vivido momentos de altibajos.

Lo más complicado fue pasar de niña a mujer dentro del deporte de élite, ya que es un momento de cambios internos y externos. Es como vivir la rebeldía que se vive en casa pero dentro del deporte, aunque magnificada por la responsabilidad de representar a tu país y quedar en buen lugar en las competiciones.

¿Cómo lo gestionó?

Lo supe gestionar de forma autónoma; no recuerdo que tuviera a nadie que me dirigiera. Eché en falta a alguien que me ayudase en esos días en los que no me soportaba ni a mí misma. Tener un sueño suplió el paso por una adolescencia traumática.

¿Y cómo se lo transmitimos a los jóvenes?

Tener un sueño y una ilusión puede hacer que tu paso por la adolescencia, que suele ser conflictivo, tenga más de sentido. Yo sacaba la rabia a través de los entrenamientos. En cada gesto aprovechaba para soltar lo que tenía dentro y que tanto me costó comprender.

¿Qué papel cree que juega la inteligencia emocional?

Más que de inteligencia, debemos hablar de conciencia emocional, porque el problema radica cuando uno no es consciente de sus emociones, le ocurren cosas y no sabe por qué. En la adolescencia relucen las emociones y cuestionamos cualquier autoridad. Es bueno ser sensible, sobre todo en el deporte, donde parece que no puedes demostrar debilidades. Pero con el tiempo me he dado cuenta de que es muy positivo hacerlo; si lloras es porque tienes que desahogar algo que llevas dentro.

El apoyo familiar es básico.

Sí. Hay muchas familias desestructuradas, y el deporte se convierte en un muro se contención donde te aíslas de la realidad, pero cuando sales del entrenamiento debes ser consciente de que tu entorno es el que es y debes adaptarte. Hay que impedir que lo negativo te arrastre hacia donde no quieres ir.

¿Cree que estamos en una sociedad desmotivada?

No, hay estímulos que dirigen a los adolescentes a otro ámbito de motivación, aunque cargado de frivolidad. Por ejemplo, en las redes sociales mostramos nuestra mejor versión, pero no la realidad. Hay una tendencia a cuidar este aspecto y no escuchar a nuestro interior; solo nos escuchamos de la piel hacia afuera. Los adultos tenemos la responsabilidad de transmitir la importancia del contacto con los demás, de tener amigos, de tratar con la familia, es decir, de volver a la esencia del ser humano.

Sobre el tapiz, como en la vida, ¿hay que ser fuerte o solo parecerlo?

A la primera que debes engañar es a ti misma. Soy una persona muy sensible y me emocionan tanto las cosas bonitas como las duras, y lo noto en mi organismo. Si llego a ser yo, no hubiese aguantado la presión en muchas ocasiones. Es raro decirlo, pero tuve que creerme que era otra persona más fuerte de lo que realmente era.

¿Y le rentó?

Sí, porque haber querido creer que era fuerte hizo que descubriese que realmente lo soy. Cuando eres deportista de élite no puedes dejarte llevar por estímulos que puedan debilitarte. Y descubrir eso para la vida es muy interesante.

Se enfrenta a muchos miedos, ¿cree que el deporte de élite está suficientemente valorado en España?

Muchas veces ponemos la atención en que no nos valoran, y además la mujer no tiene la presencia que debería. Pero debo reconocer que a lo largo de mi carrera yo me he preocupado por mí, de entenderme y de entender mi profesión. Así que tenemos una larga tarea interna para darle prioridad a aquello que lo tiene.

Se retiró con 28 años. Si vuelve la mirada, ¿en qué piensa?

Lo hice bien. Busqué el lugar, el cómo y el cuándo para retirarme, algo que siempre es traumático; hay un vacío y te enfrentas a una situación nueva. Pero debes decidir tú mismo cuando dejarlo, y no que el deporte o una lesión te abandone a ti. Cada vez que necesito reforzarme pienso en cómo luché y todo lo que conseguí.

¿Cuál es su relación actual con el deporte?

Intenté desvincularme por salud y comencé a formarme y trabajar como actriz. Pero mi inquietud por dejar un legado me llevó a escribir cuentos infantiles y eso ha provocado que ahora muchas niñas vean un referente. No puedo mirar para otro lado cuando puedo ser un buen estímulo para muchos jóvenes a quienes puedo inspirar para hacer lo que les ilusiona y no lo que les digan que tienen que hacer.