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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Mogán

Santa Águeda será puerto deportivo al acabar la concesión de la cementera

El Gobierno asegura que la explotación industrial no se puede prorrogar más allá de 2022

Vista de la fábrica de cemento de El Pajar con el puerto de Santa Águeda a la izquierda. YAIZA SOCORRO

El Gobierno canario tiene previsto dar uso deportivo al puerto de Santa Águeda, en San Bartolomé de Tirajana, a partir de 2022 una vez que concluya la concesión que tiene Cementos Especiales de las Islas (Ceisa). Manuel Ortega, director general de Puertos Canarios, aseguró que cuando finalice la autorización que tiene la cementera para disponer de estas instalaciones se cambiará el actual uso de industrial a deportivo, y se convocará un concurso para buscar a un concesionario que explote este puerto del Sur.

El director de Puertos Canarios explicó que es imposible conceder una prórroga a Ceisa porque cuando se le dió el título original para disponer de este puerto durante 50 años la autorización no se otorgó como prorrogable. Cementos Especiales cuenta con el permiso de Puertos del Estado para disponer de este recinto desde el 11 de noviembre de 1972, y el plazo concluye el 29 de octubre de 2022.

Añadió Manuel Ortega que precisamente el Plan Insular de Ordenación (PIO) establece que este puerto no puede tener uso industrial y plantea que se convierta en un recinto deportivo. Los planes territoriales del Cabildo de Gran Canaria contemplan la recuperación de este suelo para propiciar el desarrollo turístico de esta zona que se ha visto frenada precisamente por la implantación de esta cementera.

Cementos Especiales de las Islas, por su parte, está estudiando ya el escenario que se le plantea, una vez que concluya la concesión, pero aún así va a luchar por seguir produciendo en la fábrica en El Pajar, que se localiza a unos pasos del puerto. Fuentes de esta empresa señalaron que analizarán todas las posibilidades desde el punto de vista legal para continuar en este emplazamiento de San Bartolomé de Tirajana, entre otras cosas porque el suelo industrial donde está ubicada la planta es de su propiedad, y porque además tienen muy cerca la cantera de San José, de donde extraen la materia prima para fabricar el cemento.

Al puerto de Santa Águeda llegan los barcos de la Península con clínker, ingrediente principal con el que se prepara el cemento. También este pequeño recinto portuario sirve a Ceisa para exportar su producto a las islas de Lanzarote, Fuerteventura y La Palma.

Según datos de la empresa, el pasado año la producción alcanzó los 1, 5 millones de toneladas de cemento. En El Pajar se fabrican cuatro tipos de cemento y cuatro de mortero. Además de esta planta, entre Gran Canaria, Lanzarote, Fuerteventura y La Palma disponen de quince establecimientos donde almacenan y venden este material de construcción.

Las mismas fuentes destacaron que la planta ha implantado las últimas técnicas de fabricación que exige la Unión Europea y también cumple con los requisitos en materia de emisiones industriales. Precisamente, en estos días se ha sometido a información pública el expediente de revisión de la autorización ambiental de estas instalaciones de El Pajar.

Esta cementera, que diseñó en los años 60 el ingeniero Ramón Beamonte, se hizo para construir la presa de Soria. El suelo era propiedad del Conde de la Vega Grande, cuya familia mantiene en la actualidad terrenos en esta zona que quieren destinar a la construcción de villas y apartamentos. Fue precisamente el que en las tierras de la familia condal se encontrara puzolana, árido esencial para producir cemento, lo que motiva que se ubicara en El Pajar la fábrica.

En unos momentos de apuros económicos del Conde de la Vega Grande, la fábrica pasa a manos de la entidad financiera Banesto, que la vende a la compañía mexicana Cemex. Años después pasa a manos de Ceisa, compañía en la que el 50% es de la familia asturiana Masaveu, que también tiene negocios de alimentación.

En torno a esta cementera se creó desde esos inicios el poblado Cesa, nombre que recibe precisamente por la industria. Pero, aunque estas instalaciones suelen despertar las quejas vecinales, en este caso sucede lo contrario.

Antonio Juan Mariano, presidente de la Asociación de Vecinos de El Pajar, explicó que el motivo por el que en este pueblo prefieren que se quede la fábrica es que "muchos tienen su puesto de trabajo, y el otro que la empresa se ha volcado con el pueblo siempre, y sobre todo en las fiestas".

Expuso que muchos de los residentes temen que "el traslado de Ceisa suponga otra Meloneras en El Pajar", y que incluso algunos se queden sin sus casas. Admitió que hace años sí que se notaba el polvo que producía la industria, pero hoy día esto no sucede. "La cementera nos ayuda y los que van a montar los hoteles no se van a acordar de nosotros" concluyó.

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