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Una primavera a golpe de chubascos | Los efectos en la capital

Las lluvias obligan a rehacer las obras iniciadas en octubre en Casa Ayala

El proyecto sufrirá un retraso de dos meses l Los vecinos critican la inseguridad de la zona

Hundimiento en la calzada provocado por las lluvias en las obras de la calle Barranco de Tasarte en Casa Ayala.

Hundimiento en la calzada provocado por las lluvias en las obras de la calle Barranco de Tasarte en Casa Ayala. j. c. guerra

Las lluvias obligan a rehacer las obras de la calle Barranco de Tasarte del barrio de Cañada Honda, en Casa Ayala, debido a la ruptura de los nuevos tubos de canalización del agua colocados en la zona. Una tramo de la calzada sufrió, la madrugada del jueves, las embestidas del agua que levantaron la tierra que cubría el avance de la construcción, lo que provocó la ruptura de gran parte de la infraestructura y dejó a los vecinos a las puertas de grandes hundimientos.

El proyecto de ampliación, mejora y modernización en manos del Ayuntamiento capitalino tenía cómo fecha de inicio el mes de octubre y tiene como principal objetivo construir nuevos pluviales que recojan toda la escorrentía procedente de la cuenca para impedir que el agua acceda a las viviendas en caso de fuertes lluvias.

Este imprevisto retrasa el fin de las obras que, aunque estaba planeado para mediados de este mes, se alargará unos dos meses más según fuentes del Ayuntamiento.

La mayoría de los vecinos, preocupados por lo sucedido, salieron ayer a investigar lo ocurrido y mostraron su intranquilidad por la dilatación de las obras. "Todo lo que había avanzado no ha servido para nada", se lamenta Marcos Santana, presidente de la Asociación de Vecinos, quién asegura que a pesar de los avisos de los residente, estos no "han sido escuchados". El presidente critica que desde "las altas esferas se planifiquen obras sin consultar a los vecinos", quienes conocen realmente las consecuencias de fuertes lluvias en la zona.

Desde la asociación se critica también la elección de la estación para realizar la construcción, "una obra de esta categoría, de aguas pluviales, no se hace en invierno", destaca Santana.

Juan Pérez, un residente de la zona desde hace 50 años, agradece la implicación de las instituciones en el proyecto pero subraya que "se podía haber hecho de otra manera". Los vecinos, viendo las dimensiones de los tubos que los obreros establecieron mostraron su disconformidad, "avisamos a los operarios de que esos tubitos no aguantarían una lluvia de las nuestras", afirma María del Rosario, otra residente del barrio.

Acceso complicado

El complicado acceso a las casas dificulta la vida de los vecinos que tienen que estar pidiéndole constantemente el paso a los obreros, "no podemos acceder a nuestras viviendas, esta calle es un acceso principal y ahora no puede acceder ni un camión de bomberos", asegura Santana.

María del Rosario sostiene que pasa la mayor parte del tiempo en su casa y que sólo sale para hacer la compra con la ayuda de su hijo Roberto Zamora. El padre de Roberto sufrió una caída al caminar por las obras a la salida de su casa, "se resbaló y se partió el tobillo por dos sitios", explica este residente descontento con la seguridad de la zona de construcción. "Yo soy joven y me puedo defender por las zanjas pero mi madre es mayor y se juega la vida cada vez que sale", asegura.

Otros vecinos, entre ellos Juan Pérez también mostraron su descontento hacia las medidas de seguridad, y afirma que ha tenido que "saltar zanjas" y meterse por el barro cada vez que tiene que acceder a su vivienda.

La suciedad y el barro es una constante en la vida de todos estos vecinos que aseguran tener "dos pares de zapatos" en el coche para poder llegar a los sitios "limpios". Los coches también están atrapados en los garajes de las residencias, sin poder salir. "Muchos utilizamos nuestros vehículos para trabajar y ahora hay hasta seis coches con imposible acceso a la carretera", destaca Antonio León, vecino y taxista preocupado por el aislamiento de las viviendas.

El barro y los escombros arrastrados por las lluvias en Casa Ayala desembocaron en el mar dejando un surco visible para cualquiera que recorra la Autovía del Norte de Gran Canaria.

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