Hacía ya un par de horas que se había hecho la luz en Tejeda cuando algo sobresaltó a los poquísimos lugareños que habían dejado verse a primera hora de la mañana por las calles del pueblo. Eran entre las 8.30 y las 9.00 del domingo cuando Ángel Marrero recibió una llamada de teléfono que le sorprendió no sólo por quién quería ponerse en contacto con él, sino también por la prontitud de la misma.

Era una vecina de la casa que tiene en la Umbría, a unos cinco kilómetros de la capital municipal, más o menos a la altura del cruce para acceder al Roque Bentayga. Le dijo algo que le asustó: había un conato de incendio muy cerca de su vivienda, a tan sólo unos cientos de metros.

Automáticamente, Marrero, que se había levantado en su otra casa, la del pueblo, y recorría la calle principal de un lado para otro mientras consumía los primeros minutos del día, giró la mirada hacia la zona que le había indicado la vecina y observó el resplandor del fuego en medio de la calima. A esas alturas del día todavía no era tan densa como lo fue después.

En medio del shock, su reacción fue inmediata. "Fui derecho a mi casa a protegerla un poco y refrescar la zona. Hice lo de siempre: cerré las ventanas, quité las cortinas de detrás de las mismas, mojé toda la zona de alrededor con una manguera y puse una chapa en la puerta de la solana para evitar que entrara el fuego si es que llegaba. Al final, por suerte, no llegó ni se acercó", comenta un día después del conato, sofocado rápidamente por los bomberos.

El recuerdo

En el corto trayecto que separa sus dos residencias a Ángel Marrero le dio tiempo a recordar el drama que había vivido sólo unos meses antes, en verano, cuando otro incendio se llevó por delante buena parte de una finca que posee también muy cerca de la zona y varias piezas de ganado ovejuno. Más que el peligro suponía el fuego, lo que le vino a la mente fue la imagen de la devastación pasada.

"Uno está marcado psicológicamente por el otro incendio. Es tremendo. Fue lo más duro, porque el verano pasado afectó a una finca que tengo debajo del pueblo y se me quemaron 25 ovejas", confiesa.

A su casa llegó ya con la tranquilidad del que pudo comprobar desde el coche de que lo que se había quemado era monte bajo, por lo que las llamas no eran tan poderosas. Lo que no tenía tan claro era cómo había podido originarse, aunque sospecha que fue por culpa de un cable de electricidad, ya que el epicentro estaba justo debajo de un poste.

Con la tierra que había en el ambiente ni siquiera fue capaz de distinguir el humo, pero calcula que el fuego estaba a tan sólo 300 metros de su vivienda. Una vez allí, hizo todo lo que tenía que hacer por precaución y sólo unas horas después recuperó la calma.

Los bomberos "tardaron apenas una media hora o 45 minutos en llegar" y apagar el fuego. "Enseguida se metieron con azadas y con todo lo necesario en un terreno donde no llegaban las cisternas. Lo vi desde cerca y la verdad que es de reconocer la labor que realizan y el riesgo que corren, con el viento que hacía", resalta.

Fue el susto que vivieron los habitantes de Tejeda una mañana de domingo cualquiera. En especial Ángel Marrero, a quien las llamas esta vez no pudieron vencer. Hubo fuego sobre lo quemado, pero ahí mismo se quedó.